La asociación de familiares de fusilados en 1936 pide ayuda al gobierno foral para recuperar los restos de los difuntos

“TODAVÍA estamos esperando que los responsables de tan cruentos crímenes pidan perdón, que se reconozcan los hechos y las responsabilidades”, declaró ayer Asun Larreta Larrea, cuyo abuelo fue asesinado tras la Guerra Civil.
El Parlamento de Navarra acogió ayer la segunda sesión de la ponencia de los familiares de fusilados en 1936 donde los ponentes dejaron claro su deseo de “justicia y ayuda” para recuperar los restos de sus familiares fusilados.
La presidenta de la Asociación de Familiares, Olga Alcega, agradeció a los parlamentarios que “de una vez se escuchen los testimonios de los familiares de los represaliados”. Gregorio Sampedro, Jacqueline Urla, Angelita Rodríguez, Asun Larreta, Julio Sesma, Ricardo Mula y Arcadio Ibáñez fueron los encargados de relatar sus historias.
“Mi vida es como la de cualquiera de los otros más de 130 huérfanos de Sartaguda, desposeídos de un padre y en algunos casos de padre y madre”, contó Julio Sesma durante la ponencia.
Ricardo Mula, hijo de Francisco Mula Castro, militante de Izquierda Republicana, explicó ante el Parlamento como dos sicarios con uniforme de requeté se llevaron a su padre. “El recuerdo más claro fue cuando salió mi padre y me aupó entre sus brazos besándome. En ese instante, su semblante triste quedó grabado como un flash en mi memoria, para toda la vida”, explicó Mula.
Gregorio Sampedro, vecino de Burlada e hijo de militante republicano fusilado, comenzó su discurso hablando de una “faceta poco conocida y poco divulgada de la represión a los vencidos: la anulación de los nombres de pila de niños y niñas inscritos en el registro civil”. Gregorio fue uno de los niños a los que cambiaron el nombre que le habían puesto sus padres, Urales, por el de Gregorio. “No conocí a mi padre, mi madre y yo sufrimos humillaciones por ser esposa e hijo de un rojo. Y no les bastó con eso, sino que además me robaron mi nombre”, afirmó Gregorio Sampedro.
“Mi madre falleció el mes pasado a los 98 años de edad y tenía un único deseo, que sus restos reposasen junto a los de su marido. No ha podido ser, lo siento madre”, concluyó Sampedro.
histórico
El Parque de la Memoria
Otro de los temas que se trataron durante el acto fue el mantenimiento del Parque de la Memoria de Sartaguda, edificado como reconocimiento a los fusilados republicanos.
“Nosotros pasamos miseria, hambre, discriminación… pero las grandes olvidadas son las madres, las viudas, esas a las que no dejaron ni llorar a sus maridos. A estas mujeres la sociedad les debe un reconocimiento”. Y ese reconocimiento es el Parque de la Memoria, “ahora falta la voluntad y el compromiso de su mantenimiento”, indicó Julio Sesma.
“Mi familia y yo llevamos 76 años buscando los restos de mi abuelo. En noviembre de 2011 recuperamos su documentación, la que habían hecho desaparecer”, indicó Asun Larreta.
Parece que son numerosas las irregularidades que se cometieron y que será muy difícil conocer la verdad. Para Gregorio Sampedro “una verdad que vivió mi padre en sus últimos días sin entender porqué le habían separado de su familia y condenado sin un juicio por el simple hecho de pensar diferente”.
Otra de las participantes en el acto fue Jacqueline Urla, una de las ocho nietas de Amadeo Urla Manzanares, presidente del partido Republicano Radical Socialista de Pamplona en 1933. Actualmente los ocho nietos viven en Estados Unidos donde sus padres se exiliaron tras la Guerra Civil.
El 23 de agosto de 1936, Amadeo y otros 51 presos fueron puestos en libertad, pero llegando a las puertas de la cárcel “fueron obligados a montar en unos camiones para transportarlos a Cadreita donde fueron fusilados”, afirmó Jacqueline Urla.
Al finalizar el acto, Olga Alcega destacó la necesidad de que “la sociedad se conciencie de que estas personas han sufrido mucho y de que no merecía morir nadie por pensar diferente, no por otra razón”. “Conseguir este pequeño acto y homenaje nos ha costado 76 años, sin ningún tipo de ayuda institucional”, relató Asun Larrea. “Además hemos llegado demasiado tarde. Casi todas las personas, las que más necesitaban este homenaje, ya han muerto”.






