Dicen que la crisis comenzó con el colapso inmobiliario de los EEUU y que fue la economía europea –sobre todo la española-, la primera en sufrir el coletazo, debido a la bursatilización de los activos tóxico estadounidenses.
Pero a un servidor que no le pregunten demasiado. Me es suficiente saber que el neoliberalismo –cuyas prácticas son tan proclives a fabricar crisis-, reconoció la oportunidad para fraguar una nueva guerra contra el estado del bienestar. Y que para estos neoliberales, el pueblo es material gastable, que aquí, lo importante es el proyecto neoliberal de salvaguardar los riñones de cuatro privilegiados.
Creo haber adquirido –es que te obligan a ello-, una mínima sensibilidad o sexto sentido para discernir entre economistas honestos y esos gángsteres –está de moda llamarlos así- que manejan los mercados, entre políticos honrados –por ahí se ve remugar alguno que otro, aunque sus palabras se las beba el viento- y políticos atracadores.
Pues resulta, que en el estado español, esta corrompida plutocracia, que cual despiadado Saturno quiere engullirnos los hígados, es genéticamente franquista. ¿Modélica transición? ¡Maldita la gracia de esa casta incombustible! que se adueñó de nuestro dinero, de nuestros recursos, de nuestros servicios, del buitrerío mediático y si me apuran de los santos oleos.
Casta o confabulación de magistrados, fiscales, familias del PP –Aznares, Ratos, Cospedales, Esperancitas, Costas y Fabras… sin olvidar a Barcinas…¡puf!…y tantos etcs…- y ese sector –por otra parte tan castizo- del PSOE de raigambre falangista….
(Curioso lo del Divar ese -¡vaya pájaro!-, cabeza del supremo que juró los principios del movimiento y lealtad a Franco, como tantos otros magistrados de otros tantos honoríficos tribunales).
Esta gente, cuyas política de recortes y privatizaciones, funcionan como soga al cuello, cuyos nudos día tras día, aprietan sin ningún pudor… Y que como vampiros llenan sus bolsillos impúdicamente con la sangre del pueblo.
Estos políticos que en palabras de Eric Toussaint, celebran diariamente misas en honor a los mercados: “En todos los hogares donde hay televisión o internet, se celebra una misa al dios mercado. En esta misa hay sacrificios y víctimas propiciatorias, países como Grecia, Portugal, España…”
¿Qué podemos hacer pues los inexpertos ante la debacle que se nos avecina?
Ateniéndonos a criterios económicos, científicos y honestos, sabemos que los economistas saben desde hace mucho tiempo, que aplicar este régimen de austeridad tan absurda como destructora, es la mejor receta para hundir a un país en la depresión. Austeridad para la clase trabajadora, nunca para políticos ni banqueros. Austeridad inventada por los gángsteres –que como tales actúan- financieros y por la corrupción política, que no se concreta en inversiones reales..
El estado español, asume una praxis canallesca, insisto, propia de gángsteres. Privatiza beneficios, nacionaliza pérdidas. Y que gran parte de la sociedad española, o lo que sea, lo acepta –ahí están las elecciones- como peaje de una democracia apestosa.
Sabemos cuan mentirosa es España, cuan poco fiable –en Europa lo tienen meridianamente claro-, cuan reticente para reconocer sus agujeros financieros –lo de Bankia es tan sólo un ejemplo-, su gigantesca deuda y su inviabilidad.
Por eso, un servidor se teme que lo más probable, es que haya una estampida de ratas hacia sus paraísos fiscales, dejando a la ciudadanía en la más profunda miseria atada de pies y manos.
Los vascos, los que hoy tenemos bien claro todo esto -ya llevamos siglos soportándolo-, sentimos la urgencia por recuperar el timón de nuestra soberanía y programar nuestro destino, como algo inaplazable.
Por ello nos califican y calificarán como terroristas, simplemente por navegar en nuestro empeño.
Y en esta alternativa nos encontramos confrontados los vascos “terroristas”, contra los gángsteres españoles. Franquistas o Juancarlistas, que tanto monta… Es lo que hay.
Porque necesitamos crear nuevos códigos de justicia, donde políticos y banqueros, con estas conductas, sean considerados como peligrosos delincuentes. O gángsteres
Estamos pues, sumidos en una coyuntura histórica, en que la ciudadanía, obedeciendo a los más elementales principios éticos, debe reconducir o destruir el sistema. De no ser así, el futuro, de puro regresivo, puede reconducirnos al neolítico.
Y sinceramente, por el momento, la sociedad española no tiene salida. Una sociedad formada en la matriz del nacionalcatolicismo, capaz de soportar sin pestañear, entre otros avatares, medio siglo de franquismo, no ofrece más perspectiva que un estado catatónico.
Me encantaría que no fuera así, y uno no puede negar la simpatía que se merecen movimientos como los del 15M u otros similares.
Pero, y parece bastante evidente, ni calan en la mayoría de la sociedad, ni encuentran caminos esperanzadores ante la impresionante masa de fuerzas represivas. Porque esa es la verdad. La brutalidad y los recursos económicos y mediáticos destinados a la represión en el estado español, asustan. Este estado ha creado tal monstruo, que no se ve como una ciudadanía concienciada puede destruir este sistema sin salir indemne.
Eh ahí el apremio que tenemos los euskaldunes para reorganizarnos como un pueblo democrático, y participativo…
Eh ahí nuestro derecho a aspirar a otro orden político más humano y habitable, puesto que como dice el vicepresidente de la ONU Jean Ziegler, “Vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías de capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Por tanto, estos especuladores financieros deben ser juzgados y condenados –como gángsteres-, reeditando una especie de tribunal de Niuremberg”.
Añadamos a esto, la cerrazón fascista y antidemocrática de un estado como el español, que secularmente impide ejercer a sus pueblos –vasco, catalán…- el derecho a expresar su voluntad bajo la violencia de las armas.
A los vascos, pues, no nos queda otra opción que defender con uñas y dientes el modelo de estado que deseamos. Por mucho que los gángsteres nos llamen terroristas.
Publicado por Nabarralde-k argitaratua









