El pulso de Silvela

Se oye ruido en la Cueva de Zaratustra. Entre risas y vítores, unos parroquianos están celebrando la Liga del Real Madrid. Entro en el templo de Mitra y debo abrirme paso para llegar a la vera del toro persa que un día, hace ya más de cinco años, me habló. Segador, miura azabache, cabeza parlante -sólo con quienes están en el secreto del gazpacho con comino-, lector infatigable de Ortega y Gasset, analista polifacético.

-¿Qué está pasando?

-Se nos está quedando sin pulso.

-¿Quién?

– “España, sin pulso”, título de un artículo publicado por Francisco Silvela, el sucesor de Cánovas al frente del Partido Conservador, en el periódico El Tiempo, después de la pérdida de Cuba. 15 de agosto de 1898. Una frase que hoy viene necesariamente a la memoria a todo buen conocedor de la historia de España. En su diario la acaba de recordar Juan José López Burniol.

-Le veo muy al día.

-Yo lo leo todo.

-”España, sin pulso”. ¿Tan mal estamos?

-Silvela acababa así su artículo: “Si pronto no se cambia radicalmente de rumbo, el riesgo es infinitamente mayor y de remedio imposible; el riesgo es el total quebranto de los vínculos nacionales y la condenación, por nosotros mismos, de nuestro destino como pueblo europeo”.

-Me parece un buen ejemplo del tenebrismo español. De la euforia desatada, la depresión exagerada. Hace diez años, hace cinco años, los gobernantes españoles se sentían con pulso para dar lecciones a países europeos de talla superior. José María Aznar afeó el déficit alemán en el 2000, y José Luis Rodríguez Zapatero se burló de Italia el 2008, advirtiendo a Francia que iba a ser superada. El Quijote de derechas y el Quijote de izquierdas. Y ya sabe usted cómo acaba El Quijote.

-¿Cómo no voy a saberlo? Inmóvil en esta pared, obligado por el destino a observar el mundo durante toda la eternidad…

-¿Toda la eternidad? Caray, también padece usted delirios de grandeza. ¿Y si un día, los propietarios de este establecimiento deciden cambiar de decoración, para refundar el bar La Torre del Oro? Quizá acabe en un desván o en una planta de reciclaje… Vaya con cuidado que hoy todo se refunda.

-¡No me interrumpa! Mi cabeza vale un dineral. Segador es eterno. Le decía que he leído los clásicos y conozco bien el final de El Quijote…

-Derrotado en la playa de Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna, don Alonso Quijano tiene un destello de lucidez. Se da cuenta de que su aventura ha acabado. Duramente golpeado por la realidad, entristece y muere. La depresión es hoy el gran riesgo de España.

-¿Ha venido a verme para hablar de el Quijote? He oído que tiene usted cierta amistad con don Francisco Rico. Vaya verle a él para que le asesore. Lo sabe todo sobre Cervantes.

-He venido a verle para saber qué diablos está pasando.

-Nadie lo sabe, a ciencia cierta. Demasiadas variables, demasiadas intrigas en curso. Mi conclusión es que a Mariano Rajoy le ha salido mal la primera prueba de esfuerzo y le han mandado un aviso desde el exterior. Y toda España se ha puesto muy nerviosa, porque creía en la capacidad resolutiva de la derecha española. Lo creían los suyos y, de alguna manera, lo creían también parte de sus adversarios.

-El Partido Alfa.

-El partido de los altos funcionarios del Estado, el mejor conectado con las clases medias excepto en Catalunya y el País Vasco, el más numeroso, el mejor organizado, el más rocoso, el más imperativo y el que mejor domina el gran altavoz de Madrid, consiguió que buena parte del país creyese que su victoria era, en sí misma, un lenitivo. El ciclo electoral ha sido tan agotador y tan engañoso -quince meses ocultando facturas bajo las alfombras-, que mucha gente acabó creyendo que la crisis se superaría con un sacrificio mediano: dejando a los socialistas en la cuneta y pegándole un buen hachazo al Estado autonómico, presentado como el culpable de todos los males. Ese es el marco mental que logró imponer el PP, mientras el PSOE se cocía a fuego lento. ¿Qué ha ocurrido? Pues que nos ha embestido el Caballero de la Blanca Luna en la playa de Barcelona.

-Rajoy es un hombre realista. Yo no le veo nada quijotesco.

-Cierto, pero dio mucha cuerda al círculo andaluz del PP. Estratégicamente la victoria en Andalucía era muy importante y Rajoy de alguna manera se hallaba en deuda con Javier Arenas. Cuando en el 2008 se produjo la gran conspiración para apartarle del liderazgo del partido -ya sabe, la operación Dos de Mayo, con Esperanza Aguirre, Juan Costa, el diario El Mundo, la Cope y, a lo lejos, el cardenal Rouco Varela-, Rajoy logró resistir con el apoyo de Arenas y de Francisco Camps. Andalucía y Valencia, la periferia. Una lección política importante en aquel momento.

-Los dos, hoy, derrotados. Vaya panorama.

-Y las encuestas de Pedro Arriola vaticinaban una victoria segura en Andalucía si el Gobierno no tomaba medidas que movilizasen a los electores de izquierda. Animado por la gran mejora de la prima de riesgo a lo largo del mes de noviembre, el círculo andaluz llegó a plantear que los recortes se limitasen a la corrección presupuestaria de enero, con aquella subida del IRPF que Cristóbal Montoro calificó de “socialdemócrata” en el Congreso…

-Montoro, la “sonrisa del régimen”…

-Un buen tipo, hijo de una familia humilde de Jaén emigrada a Madrid. Un hombre hecho a sí mismo. Con un buen tono vital. Parece estar en una segunda juventud. Y, efectivamente, de la escuela andaluza de equitación… estilo verboso y saltarín. Recuerde su rostro la noche electoral del 25 de marzo, en la calle San Fernando de Sevilla. Allí se dio cuenta de la magnitud del error.

-¿La reforma laboral?

-El círculo andaluz la quería posponer al mes de abril, pero el Directorio Europeo enviaba señales de impaciencia. Y la cancillería de Berlín, con la que el equipo de Rajoy ha logrado establecer una buena comunicación, especialmente a través de Álvaro Nadal, jefe de la Oficina Económica de la Moncloa, quería acción. Viendo venir una posible victoria del socialista Hollande en las elecciones presidenciales francesas, Berlín no quería que España se entretuviese. Hubo una discusión muy intensa en el Gobierno y al final se decidió avanzar la reforma de las leyes laborales. El BCE decidió parar las compras de deuda, y el espejismo de noviembre se vino abajo…

-… Y el jornalero de Osuna, a la defensiva, fue a votar a la izquierda, por muy desprestigiado que estuviese el PSOE. Un voto de clase, si me permite la expresión.

-Sí. Pero a Rajoy le falló otra cosa.

-¿Qué?

-Desde un primer momento quiso propiciar la fusión de Caixabank y Bankia para enviar la señal de que España estaba trabajando seriamente en la fortificación de su sistema bancario. Era una operación de largo alcance, como usted bien sabe, en la que la última palabra la tenían empresarios privados.

-Una absorción, más que una fusión. Un gran banco europeo con sede en Barcelona, entrelazando intereses catalanes y madrileños. Una alianza muy difícil después de todo lo que ha pasado en España desde el 2004. ¿Qué falló?

-La parte catalana quiso asegurarse que no se repetiría la experiencia del BBVA, donde los vascos fueron defenestrados en el 2000…

-Una prevención más que justificada.

-No me interrumpa. Y Rodrigo Rato no quiso conformarse con una cuota de poder que le impedía la hegemonía a medio plazo.

-Rato está hoy en serias dificultades.

-Como mucha gente -como usted mismo, que metió la gamba en una crónica desde Sevilla, ¿se acuerda?, la entrega de llaves de Boabdil, jeje-, Rato también daba por hecha la conquista de Andalucía y posiblemente sobrevaloró su margen de maniobra. Bankia es, a fecha de hoy, la piedra angular de la crisis financiera española. La solvencia de España depende de la salida que se pueda dar a los activos inmobiliarios fallidos de Madrid y Valencia, principal epicentro del ladrillazo hispánico. Y ese es un problema que incumbe a la plana mayor del PP madrileño.

-Y que ha quedado en un discreto segundo plano, mientras la deuda de las autonomías se convertía en el gran chivo expiatorio de la crisis.

-No me venga ahora con ingenuidades. En toda situación de crisis prevalece la política. No es cierta esa tontería que circula por ahí, de que la política ha sido orillada. Hoy hay más política que nunca. Y la deuda de las comunidades autónomas es un problema grave: 146.000 millones de euros.

-Los activos tóxicos de Bankia y de los demás bancos, el déficit de la tarifa eléctrica y las deudas del programa de armamento seguramente superan esa cifra,

-El sistema autonómico español se ha derrumbado. No se engañe. Y va a ser replanteado en favor del Estado central, sin quitar ninguna bandera regional del balcón.

-¿Que pasará?

-Depende de lo que hoy ocurra en Francia. Más de la mitad del Gobierno español está esperando la victoria de François Hollande…

-Que parece segura.

-No corra tanto. Espere a ver los resultados de esta noche.

-¿Usted cree que Francia logrará forzar una mayor flexibilidad de Alemania? España podría ganar un año de margen en el objetivo de déficit, aliviando así la actual crisis de angustia, agravada por los recientes sucesos de Botsuana, Buenos Aires y Cochabamba.

-Yo soy algo escéptico respecto a Hollande, pero puede haber cambios en el tablero europeo. El gran episodio crítico se producirá en octubre, cuando se debata el presupuesto del 2013. Será el momento de la pregunta clave.

-¿Cuál?

-¿Está en condiciones el actual grupo dirigente de seguir sometiendo a España al shock de la devaluación interna, sin Andalucía, sin el País Vasco y sin Catalunya?

-Yo no veo un frente andaluz-vasco-catalán por ningún lado.

-No lo hay y no lo habrá, probablemente. Yo me refiero a la fuerza real del grupo dirigente central. Partido Alfa o Partido Alfa menos uno. Creo que el PSOE y los sindicatos, que también esperan a Hollande, no tardarán en ofrecer un pacto. En otoño. ¿Qué hará el grupo dirigente catalán?

-También espera a Hollande y está pensando en adelantar elecciones para no quedarse sin pulso. Los nervios en Barcelona están a flor de piel. Hay muchísimo malestar acumulado.

-Los más astutos, como siempre, los vascos. Observe la prudencia del PNV. En medio del vendaval se ofrece como válvula de seguridad.

-Hay pulso, por tanto.

-Débil, pero aún lo hay.

 

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