Al finalizar la Primera Guerra Mundial, Europa quedó sumida en una crisis de pesimismo, de la que algunos intelectuales conservadores intentaron rescatarla forjando un nuevo humanismo regenerador. En Catalunya, uno de los grandes valedores de esta corriente fue Joan Estelrich, personaje cuyo legado merece ser objeto de recuperación
En medio de la crisis posterior a la Gran Guerra, surge en Europa con energía la cultura del espíritu. Se trata de una corriente intelectual conservadora, que por la vía de la cultura y del espíritu pretende la regeneración de la humanidad desbaratada, en un mundo que ha perdido la fe, y que arrastra adhesiones de un sector importante de la élite europea. Uno de los artífices fue Paul Valéry, quien con la frase “Nous autres, civilisations, nous savons maintenant que nous sommes mortelles” inmortalizó en el ensayo La crise de l’esprit (1919) un estado de angustia y pesimismo cultural compartido por muchos escritores e intelectuales de la época. Desde entonces, el poeta Valéry se consagró como un intelectual de referencia, invitado obligado en muchos acontecimientos y entidades de alta cultura desde donde reclamaba el retorno de la inteligencia del espíritu y de la república de las letras.
Gracias a los buenos oficios de Joan Estelrich (Felanitx, 1896 – París, 1958), Valéry dio conferencias en Barcelona, en el PEN Club (mayo de 1924) y en el Conferentia Club (mayo de 1933). Valéry adquiría un relevancia muy especial en el intelectual de Felanitx porque incorpora al discurso espiritualista un elemento que le interesaba profundamente: el mediterranismo. El poeta de Seta enfatizaba el papel del Mediterráneo en la formación del espíritu europeo, por la influencia de un mar abarcable, de un clima templado, de la mezcla de temperamentos y sensibilidades que hicieron posible la Grecia clásica, de la mezcla étnica y lingüística, de la vitalidad, y, en el centro de todo, la medida humana: “La parole de Protagoras, que l’homme est la mesure des choses est une parole caractéristique, essentiellement méditerranéenne”.
El ‘homenot’ Estelrich
En el homenot dedicado a Estelrich, Josep Pla presenta a un hombre lleno de vida, expansivo, seductor, conversador nato, trabajador infatigable, y lo define como “un intelectual en el sentido cultural del término”, un “animal cultural” que se mueve como pez en el agua en los ambientes humanísticos de la Europa de entreguerras y que vive el momento álgido de su carrera profesional rodeado de primeras figuras de la escena intelectual europea. Paul Valéry y Hermann Keyserling son dos de los que se mencionan en el retrato, en el cual se subraya cómo la fascinación por Keyserling, junto a la que sintió por Francesc Cambó, marcó decisivamente su vida.
Estelrich fue un hombre de Cambó que trabajó para poner orden en una política cultural ya desde los inicios de los años veinte, y durante la dictadura de Primo de Rivera, con la tarea de Expansión Catalana, hasta la Guerra Civil española, y más allá: director de la Fundació Bernat Metge desde su creación, colaborador destacado de La Veu de Catalunya, activo miembro de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones, cabeza de la oficina de propaganda del régimen franquista creada para Francesc Cambó en París, colaborador de Destino y del Diario de Barcelona, y delegado de España en la Unesco desde 1952 hasta su muerte en París, en 1958, Estelrich se erige en un personaje clave para entender la historia de la cultura y de las ideas desde los años veinte hasta mediados de los años cincuenta.
Siguiendo los pasos de Valéry, y disfrutando de su posición como director de la Fundació Bernat Metge, Estelrich situará el humanismo mediterráneo en los congresos de Nîmes (abril de 1932), de la Académie Mediterranéenne de Mónaco (noviembre de 1935), y sobre todo en Budapest (junio de 1936), donde reencuentra a Valéry en el entretien humanístico organizado por el Instituto Internacionl de Cooperación Intelectual, nacido al amparo de la Sociedad de Naciones, y germen de la futura Unesco. En el dietario todavía inédito de Estelrich descubrimos la imagen de hombre pletórico evocada por Pla. Recibe felicitaciones de Valéry, que lo invita a dar una conferencia en su Centre Méditerranéen de Niza, conversa amistosamente con Karel Capek, George Duhamel, Salvador de Madariaga, Jean Piaget, Thomas Mann, Johan Huizinga, y con una larga lista de escritores y diplomáticos. El entretien de Budapest, importando para el nuevo humanismo que se estaba forjando en Europa bajo los auspicios de Valéry, supone el reconocimiento internacional del humanismo catalán sobre el cual Estelrich ya llevaba trabajando unos cuantos años: trasladaba, al plano europeo, la tarea del humanisme de renaissance, un ramillete creciente de iniciativas que pretendía la actualización de la tradición viviente, es decir, el programa cultural de Cambó que tenía en la Bernat Metge su mascarón de proa.
El conde Keyserling
En este marco humanístico irrumpe la figura del conde Hermann von Keyserling (1880-1946). Aristócrata de origen germanobáltico, nacido en el territorio que actualmente es Estonia, emprendió en 1919 una carrera como intelectual, viviendo espléndidamente de la pluma y de las conferencias. El impulso le vino del Journal de voyage de un philosophe autour du monde (1919), plasmación del grand tour que había hecho antes de la Primera Guerra Mundial. Esbozaba una historia de las civilizaciones, más simplificada y atractiva que la de Spengler, que hizo furor por toda Europa. Consolidó la fama con el Analyse spectrale de l’Europe (1928), traducido en todo el mundo, en que analizaba la psicología de los pueblos europeos, y donde afirmaba que España pertenecía a la órbita africana.
Keyserling es un filósofo idealista y romántico, antintelectualista y asistemático, que con su discurso “suscitador de energías espirituales”, como lo definía Estelrich, añadido a la experiencia viajera y a su conocimiento de idiomas, deslumbraba a las élites cultivadas europeas. Se convirtió en los años treinta en uno de los profetas de la filosofía espiritualista más escuchado. Si en París llenaba el anfiteatro del Trocadéro (marzo de 1931), sus libros conseguían una cuota muy destacable en el mercado editorial, del cual Estelrich se convertiría en un intermediario para la Península y Latinoamérica.
Más aun que Valéry, Keyserling ejercía un poder de atracción por su dimensión de publicista que Cambó y Estelrich supieron utilizar en la campaña internacionalista emprendida en la primera mitad de los años treinta a raíz del ascenso de los fascismos. Estelrich se encargará de la organización de la Semana de la Sabiduría de Formentor (marzo de 1931), con Keyserling como estrella indiscutible, en la cual coincide con Josep Pla, Carles Soldevila, Josep M. de Sagarra y Ramon Gómez de la Serna; de las Conversaciones de Terramar en Sitges (entre diciembre de 1934 y enero de 1935); y de las conferencias que dio en Barcelona (en 1930, 1931 y 1934). La operación Keyserling, si es que así la podemos llamar por el gasto y la energía que comportó, formaba parte de la estrategia propagandística de internacionalización de Catalunya que, como en el caso de Valéry, tenía como punto de partida el humanismo mediterranista. El Mare Nostrum era el cebo que atraía al filósofo germanobáltico y sobre el cual gravitaba la propaganda derivada de sus estancias, y hay que reconocer que con buenos resultados. El conocimiento directo de Catalunya y Mallorca hizo que el filósofo viajero divulgara una imagen de la Península mucho más matizada que la que había ofrecido años atrás con Das Spektrum Europas, imprimiendo una nota de civilización que pasaba por la historia milenaria de un país, por una capital cultural europea como era Barcelona, por unas élites culturales que lo escuchaban entusiasmadas en sus charlas del Conferentia Club, y por un paisaje mediterráneo (los pinos de Formentor, o la villa de Sitges) que inspiraba sus reflexiones espiritualistas y, sobre todo, reafirmaba su concepción de la filosofía como un arte de la vida, plasmada en uno de los libros de más éxito, Sur l’art de la vie, del cual se hicieron catorce ediciones.
Como afirmaba la periodista de La Vanguardia María Luz Morales, con las Conversaciones de Sitges Keyserling había mediterranizado la Escuela de la Sabiduría de Darmstadt, humanizando la filosofía para acercarla a la sociedad acomodada. Al recibir las pruebas de la edición castellana de Sur l’art de la vie, Keyserling manifestaría el deseo de que todo lo que decía de Catalunya fuera conocido entre los 120 millones de españoles de todo el mundo: “Si moi j’étais homme d’état catalan je payerai pour cette réclame même une très forte somme tant plus que justement à cause de cette réclame la Castille n’aimera pas beaucoup ce livre”.
El tándem Cambó-Estelrich, a través de Keyserling -quintaesencia del discurso contrarrevolucionario de los espiritualistas de entreguerras- proyectaba una imagen de Catalunya como país espiritual, precisamente cuando habían pasado unos pocos meses de los Fets d’Octubre. El caso de Catalunya le resultaba perfecto para ilustrar su discurso optimista, opuesto a las teorías de Spengler, para demostrar hasta qué punto la cultura del espíritu era una cosa viva, y que el renacimiento verdadero era posible. Sur l’art de la vie difundía al mismo tiempo el movimiento de enderezamiento cultural catalán, tomando como fuente de información el libro del amigo Estelrich, Fènix o l’esperit de Renaixença (1934). Pero a diferencia de los otros libros de Keyserling, Sur l’art de la vie no vio nunca la edición española, a pesar de los intentos de Estelrich de llevarla a cabo. La Vanguardia, por otra parte, se negó a publicar las informaciones de María Luz Morales sobre la Semana de la Sabiduría de Sitges, y tampoco salió el libro que Keyserling encargó a la misma periodista.
El Fènix… —calificado con acierto por Josep Melià de panfleto periodístico— es un legado de esa atmósfera cultural espiritualista que impregnó los años de entreguerras. En pleno auge de los totalitarismos y distanciándose tanto del materialismo dialéctico como del tecnológico, Estelrich transita por una tercera vía, la del humanismo de tono mediterranista, de la cual el Fènix es pieza elocuente. El dietario en curso de edición en Quaderns Crema es otra obra que, además de enriquecer la literatura autobiográfica en catalán, transmite el sueño de este nuevo humanismo de los años 30, trastornado por una vida agitada e itinerante, por las guerras, y trágicamente instrumentalizado por la propaganda.
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Sílvia Coll-Vinent es profesora de literatura en la Facultad de Filosofía de la Universitat Ramon Llull. Especialista en la recepción de la literatura inglesa en Catalunya, también ha estudiado la figura del intelectual Joan Estelrich, de quien prepara la edición de su dietario.







