Como se trataba de un lejano pariente con el que no me apetecía entrar en disquisiciones, corté el tema sin preocuparme de exquisiteces.
– ¿Que para qué sirve el euskera? –le espeté pues sin remilgos-, pues es bien sencillo, para comunicarnos los vascos.
Y es que en ciertos entornos, donde uno tienen la conciencia de que la aridez cultural, cuando no la inquina irracional a todo lo que suene a euskaldun, es tan manifiesta, no hay como tomar las de Villadiego.
Y es que te encuentras con auténticos mendrugos. Unos te cantan las excelencias del inglés -que por supuesto ignoran-, en oposición al euskera, para viajar por el amplio mundo. Luego te enteras que su mundo no trasciende de Benidorn, la playa de los cristianos o Lourdes.
Es decir, que no se en virtud de que racionamientos, tan tendenciosos como demagógicos, se ha instalado el aprendizaje del euskera como una cuestión de mera utilidad y no de recuperación de un signo identitario crucial.
Es decir, como opción excluyente, eso o lo otro. Burda falacia donde debiera plantearse esto y lo otro.
Es como si en Cataluña se planteara catalán o inglés, o en Finlandia el finés o el sueco… Por poner algún ejemplo.
Es evidente que sólo la ignorancia o el analfabetismo cultural permite semejantes dilemas. Como si el aprendizaje de un idioma restara espacio a la mente para la adquisición de otro. Ya me gustaría concretar si el dominio del inglés es superior en los castellano-parlantes o en los vasco-parlantes. Aun sin tener datos estadísticos, ya apostaría por los segundos…
Otros, te proponen para sus hijos el inglés –también en oposición al euskera-, como condición “sine qua non”, como algo insoslayable en una auténtica preparación para la vida. A veces, con una estupidez bastante irracional… Suponen que con el aprendizaje del inglés, ya creen haber garantizado el porvenir de sus hijos…
Estos prototipos, a los que llamaría antieuskaldunes funcionales –muchos de ellos, sin duda, vivenciales-, evidentemente son elementos cuyas dotes culturales y humanísticas acostumbran a ser realmente escasas. En otro sentido, diríamos que su integración y compromiso en la configuración y reivindicación del pueblo en que viven –o vegetan- son inexistentes.
Estos ciudadanos son la auténtica rémora en la reconstrucción de una Euskalherría libre.
Y claro, ¿como no?, está el antieuskaldun patológico, furibundo, esquizofrénico.
Un servidor, la verdad, teme más a los primeros…
Eso comentaba con un amigo, hablando del fanatismo antivasco de “la Rosa Díez”, o del Cesar Vidal ese y otros cavernarios… (no ignoro el daño casi irreparable, que tanto el jacobinismo español como el francés han infligido al euskera…)
Pero es que a estos descerebrados –así me lo parecen- se les ve venir…
Pero los primeros… ¡Ay esa desidia, cuando no desprecio hacia nuestra lengua, de quienes conviven, “pacíficamente” entre nosotros, con nosotros y –aunque sin mucho ruido- contra nosotros… Eso si que se infiltra como un permanente neutralizador de todos nuestros intentos de euskaldunización.
Eso…, que de las aguas mansas líbreme Dios…
Reivindicar la lengua y la historia de un pueblo, no debiera jamás crear ninguna estridencia en ningún ámbito, mucho menos en aquellos que se tienen por democráticos.
Pero al parecer, la democracia del estado español, si nos atenemos a este desgobierno en lo jurídico, económico y político, hoy ¿quién lo duda?, es pura fachada.
De ahí las denuncias –contra el estado español- de las respectivas oficinas de derechos humanos contra la tortura, o el nulo respeto a los postulados de la carta de las lenguas minorizadas como el euskera, y tantos otros desaguisados tocantes a los derechos humanos.
No parece que nuestros vecinos –salvo poner trabas-, sean capaces de apoyar cualquier avance en pro de nuestra cultura y de nuestra soberanía. Y por supuesto a favor del Euskera, siquiera mínimamente, al menos, reconocido como monumento histórico.
Eso parece que lo tenemos bastante claro.
Si no nos movilizamos por nuestra lengua, tampoco lo haremos por nuestra soberanía.
Con este principio, no nos queda más remedio que diseñar ya una tarea, fundamentalmente para que quienes lo sabemos lo utilicemos.
No encuentro mejor método, para contagiar tanto a los indecisos, como motivar a quienes siendo proclives a su expansión, no encuentran las vías adecuadas…
No sería una mala idea, proponer fechas, barrios y otros ambientes, donde nuestros sonidos euskaldunes dejen de ser extraños. Espacios nuestros, aunque hasta ahora inéditos para el euskera, donde nuestras palabras puedan surgir y ser recibidas, con la misma naturalidad que fluyen en la Plaza de Lesaka, en los muelles de Bermeo o en el tinglado de Tolosa…
Publicado por Nabarralde-k argitaratua





