TRAS asistir atónito a la ceremonia de la desinformación que alguien está empeñado en dirigir, y posiblemente ha conseguido ya, sobre numerosas aspectos de este proyecto de cantera promovido por el Gobierno de Navarra, creo sinceramente que es más que necesario que alguien aporte otro punto de vista diferente, que en estos momentos se torna en un muy serio toque de atención.
No me he equivocado cuando he afirmado que el proyecto de cantera está promovido por el Gobierno de Navarra, aunque es cierto también que, en origen, la promotora del proyecto es la empresa Magnesitas de Navarra, SA. Y digo en origen porque desde hace ya demasiado tiempo es el Gobierno de Navarra el que increíblemente ha apostado, en una auténtica huida hacia adelante, por posibilitar la ejecución del proyecto y la explotación de la cantera, cueste lo que cueste, afecte a lo que afecte, y caiga quien caiga. Algo absolutamente impropio de una Administración que, por ley, es la que tiene que ejercer responsablemente las competencias que las distintas legislaciones sectoriales le atribuyen a la hora de autorizar, o no autorizar, de aprobar, o no aprobar, la ejecución y explotación de este tipo de proyectos. Pero antes de comenzar a tramitarse los distintos procedimientos autorizatorios, el Gobierno de Navarra ya había firmado con la empresa promotora del proyecto un convenio (acuerdo de 23/04/2010) en el que se había comprometido, ahí es nada, “a cooperar para la implantación de la nueva cantera”, “intención” a la que “se suscribieron los firmantes” del acuerdo, al punto de recoger este acuerdo “el compromiso de todas las partes porque la cantera de Antzeri sea viable”, y establecer “el marco de cooperación entre todas las partes para facilitar la implantación de la nueva cantera”. Acuerdo en el que, en definitiva, el Ejecutivo foral se comprometió a “unificar e impulsar todo el trámite del expediente ante los diferentes departamentos del Gobierno de Navarra” (de Innovación, Empresa y Empleo, de Desarrollo Rural y Medio Ambiente, y de Vivienda y Ordenación del Territorio), tanto en lo que hace a las autorizaciones mineras, ambientales y urbanísticas, autorizaciones y aprobaciones necesarias para finalmente poder ejecutar el proyecto y explotar la cantera.
Y de aquellos lodos, estos barros. Y de estos barros, los lodazales que vendrán.
Siendo en este caso el abogado defensor de la asociación legal Coordinadora Monte Alduide en el proceso judicial ya emprendido para anular el proyecto de la cantera de Zilbeti, creo que no me excederé en mis dotes de adivino si afirmo que la vocación más segura de este proyecto es la de ser anulado definitivamente por el Tribunal Supremo, bien confirmando una previa sentencia de anulación que dicte el Tribunal Superior de Justicia de Navarra, bien revocando una previa sentencia del Tribunal navarro que, como suele ser desgraciadamente habitual en estas materias, hubiera refrendado las actuaciones del Gobierno de Navarra.
Quizás alguien haya pensado que para cuando pueda pronunciarse el Tribunal Supremo, ya “habremos” arrasado el lugar de emplazamiento de la cantera. Craso error, en cuanto que si ello ocurriera las consecuencias de todo orden pudieran ser hoy inimaginables.
En contra de lo que se ha venido afirmando, este proyecto no cuenta hoy “con todos los avales medioambientales”, ni con ningún estudio de impacto ambiental “modélico y sin precedentes en actuaciones mineras”.
Antes al contrario, sería más cierto, sin duda más cabal y a todas luces más honrado reconocer que con la legislación vigente en la mano, y obviamente con su respeto, este proyecto jamás debió ver la luz, ni ser autorizado ni aprobado, y jamás debe ni puede ser ejecutado. En consecuencia, muy flaco favor está haciendo Magna a sus trabajadores queriéndoles llevar a la consideración o convencimiento de que sus puestos de trabajo pasan necesariamente por la cantera de Zilbeti.
Como conoce a la perfección el Gobierno de Navarra, y también sin duda la empresa promotora, aunque de esto nada haya dicho a sus trabajadores, este proyecto afecta y compromete irremisiblemente a especies de fauna en peligro de extinción. Sí, “en peligro de extinción”. No utilizo gratuitamente esta expresión, ni tampoco como un medio más de llamar la atención. Especies en peligro de extinción, en cuyo detalle no me extenderé aquí, pero cuya existencia en el paraje de Antzeri, lugar de emplazamiento de la cantera proyectada, ha hecho al Gobierno ocultar durante más de un año (y hasta que no ha podido aguantarlo más) sus propios informes internos radicalmente contrarios a la aprobación y autorización de este proyecto.
Y especies en peligro de extinción cuya existencia en el citado paraje obliga, ante la aprobación y autorización de la cantera por el Gobierno, a preguntarse ¿dónde está el límite (si es que para algunos lo hay) de la especie humana)? o ¿hasta dónde llega o puede llegar la legitimidad de la especie humana para, voluntaria y conscientemente, y en actuaciones tan puntuales como concretas (como lo es esta cantera) seguir machacando las condiciones naturales de los ecosistemas y de las especies no humanas que los habitan y los necesitan para seguir, simplemente, subsistiendo?
La empresa Magna (y sus trabajadores a los que estoy convencido no ha dicho toda la verdad sobre este proyecto) quizás puedan pensar que el límite viene dado por poder seguir produciendo a toda costa o por el mantenimiento de sus puestos de trabajo (según las previsiones de la empresa promotora, la cantera proyectada permitirá la extracción de material durante cuarenta años). Con la misma legitimidad, cualquier trabajador de cualquier otra empresa promotora de cualquier otro proyecto de estas características, o la propia empresa, puede pensar lo mismo.
Dentro de cuarenta años, muchos trabajadores de Magna, como quien esto escribe, quizás ya no estén/mos por estos pagos. O quienes estén ya no estarán trabajando en esta empresa, bien porque antes o después se hayan jubilado, porque la empresa haya cerrado, o se haya trasladado a otro lugar.
Pero también dentro de cuarenta años, si alguien no lo remedia antes, las especies en peligro de extinción que tienen en Antzeri un relicto de vida y de subsistencia, hayan ya desaparecido para siempre.
Con cierta y demasiada frecuencia oímos o leemos que en el último año (o década, o siglo, o lo que sea) han desaparecido un número, siempre alto, de especies de flora o de fauna. Pero lo oímos en pasado, esto es, cuando la ignominia ya no tiene remedio.
Antzeri y sus especies sí lo tienen hoy. Quienes pensamos, cuando menos con idéntica legitimidad a la de los responsables de Magna, o a la de sus trabajadores, que ni una sola especie más debe extinguirse, pensamos también que las que están hoy en peligro de extinción, y habitan en Antzeri, se merecen un respeto. Y la especie humana no sólo se merece que esto sea así, sino que es portadora, porque en su mano está, de la obligación de que esto sea así, sin necesidad de que nadie tenga que gastar su tiempo y su dinero en acudir a los Tribunales para pedir algo tan simple como perfectamente legítimo: que no se permita, bajo ningún concepto, ni infringir las leyes (y mucho menos cuando la infractora y protagonista principal es la propia Administración Pública, a veces regida por auténticos irresponsables) ni, leyes aparte, impedir a las generaciones venideras disfrutar de lo que hoy podemos disfrutar las actuales.
Del lado contrario, no hay límite alguno que valga, porque el que valga para unos, no servirá para otros.
Mientras tanto, sólo cabe pedir a quien pueda responder que no siga por el camino emprendido en Zilbeti, ni tampoco se deje llevar por tentaciones (mal alentadas quizás por el caso Itoiz) de descatalogación de espacios naturales protegidos, porque las consecuencias pueden ser incalculables.
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El hayedo de Zilbeti
En Zilbeti hay un hayedo con árboles de cientos de años de edad. Pero no solo eso. Alrededor del hayedo se ha creado un bosque que cobija a cientos de especies de animales, con un manto de hojarasca que sirve de alimento a miles de hongos y sobre el cual crecen decenas de plantas que dan colorido a su silenciosa oscuridad. En Zilbeti hay un hayedo en el que se respira la humedad, en el que se oye el movimiento de las hojas movidas por el viento, en el que se oyen los pájaros defendiendo su trozo de árbol. En Zilbeti hay un hayedo en el que la materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma; y crea un ciclo que ha permanecido estable durante miles de años. Un ciclo que nos ha permitido comer, beber, calentarnos y disfrutar de un bosque que nunca nos ha pedido nada a cambio. En Zilbeti hay un hayedo en el que te puedes esconder del ruido y del estrés de la ciudad, en el que cada vez que respiras sientes que se te limpian los pulmones. En Zilbeti hay un hayedo protegido por las leyes europeas, españolas y navarras. En Zilbeti no hay sólo árboles. En Zilbeti hay algo más que eso. En Zilbeti hay un hayedo que su única culpa es haber crecido sobre una roca que contiene magnesita. En Zilbeti hay un hayedo que van a destrozar para que una empresa no despida a unos trabajadores, que tienen todo el derecho del mundo a trabajar, pero que no tienen derecho a desgarrar miles de años de historia. En Zilbeti hay un hayedo que el Gobierno de Navarra delimitó para decir que era la primera Zona de Especial Conservación del Estado y que ahora se olvida de defenderlo. En Zilbeti dentro de poco ya no habrá hayedo.
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