Explica David Downing en su libro Silesian Station , que cuando el ejército alemán ocupó Chequia, las autoridades nazis anunciaron que dieciocho palabras (concretamente dieciocho, ni una más ni una menos) eran intraducibles del alemán al checo. Entre este palabras, estaba Führer (ya suponemos que los checos se podían pasar sin ella), pero también Bohm y Mahra, los nombres alemanes de las regiones de Bohemia y Moravia. Así, los checos no estaban autorizados a referirse a su propio país, en su lengua. Lo tenían que hacer en la lengua de los invasores.
¿Cosas de nazis?
En la estación de trenes de Massalfassar se puede escuchar claramente cómo la voz que anuncia los trenes en valenciano dice, por ejemplo: “Cercanías con destino (sic) Castellón, efectuará su salida…”. Incluso cuando la locución es en la lengua propia -aunque se trata de una traducción grosera, torpe y calcada de la versión castellana- el topónimo es dicho en el idioma del ejército de ocupación (¡Ay! quería decir ‘en la otra lengua oficial’). Es una manera bien documentada de humillar a los vencidos y recordarles en todo momento quien manda.
Y por las carreteras nos encontramos Peñíscola, a pesar de que nuestro alfabeto no contiene la letra ñ, y nos encontramos Villanueva de Castellón, y Alicante / Alacant. Y ahora quiere la alcaldesa de Maó que la ciudad se llame Mahón / Mahó, a pesar de que la hache es muda y no aporta nada, si no es confusionismo. Y la cosa llega al ridiculismo extremo del bilingüismo imbécil cuando los rótulos nos anuncian la proximidad de Alcoi / Alcoy. (¿Cómo pronuncian los castellanos la palabra Alcoy? ¿Qué leería una pobre criatura castellana si se encontrara ante un cartel que le anuncia sencillamente Alcoi ‘sin la inestimable ayuda a la comprensión del clarificador ‘Alcoy’? ¿Quizás pensaría que estaba llegando a Sebastopol o Kuala Lumpur?)
Alterar la toponimia no es una maniobra banal. Es atentar contra la identidad, un concepto que la caverna mediática española considera diabólico, excepto cuando se refiere a su identidad, la española. ¿Por qué narices los pueblos castellanos tienen sólo un nombre, el suyo, y los valencianos tienen dos? ¿Por qué Siete Aguas no es también Set Aigües y en cambio Sagunt sí que es Sagunto? Pues porque ellos saben que es una buena manera de minar la moral y de diluir la identidad.
Los nazis lo sabían perfectamente. Los franquistas lo sabían perfectamente. Lo sabe el PP y lo sabe la RENFE. Cuando RENFE registra las locuciones que deben sonar en todas las estaciones, no deja a la voluntad de la locutora el modo de pronunciar los nombres de pueblos y ciudades. Le indican claramente cómo debe hacerlo. Y le dicen que debe pronunciarse en la forma castellana. No sea que los súbditos de provincias (del latín ‘tierra vencida’) nos lleguemos a creer que somos alguien, que tenemos derechos y que los podemos hacer efectivos. Sólo faltaría!
Ya sé que me dirán que no es exactamente lo mismo la RENFE, los nazis y el PP. Y sin embargo yo, en el terreno de la política lingüística que perpetran, no veo la diferencia. ¿Quiere decir que la hay?
http://hortaestant.blogspot.com/2011/10/toponims-nazis-renfe.html








