Europa ultima el diseño de las redes prioritarias y sólo ha excluido el corredor por el Pirineo aragonés que acaba de defender Barcina en Bruselas, mientras Navarra, 20 años después, aún está lejos de resolver su conexión con la UE
La Comisión Europea confirmó ayer el carácter prioritario del corredor ferroviario mediterráneo -desde Europa hasta Almería a través de Barcelona y Valencia-, en la configuración de la nueva red europea de transporte de mercancías. Al mismo tiempo, reiteró la inclusión en esa nueva red del corredor atlántico, que desde Portugal alcanzará Europa a través de Madrid y la Y vasca, con Bilbao como puerto central, y la conexión cantábrica hacia el Mediterráneo a través de Zaragoza. Tan sólo ha quedado fuera el denominado corredor central, que planteaba una nueva vía hacia Europa a través del Pirineo aragonés y había defendido Barcina en Bruselas. Más allá del varapalo europeo a la posición política de Barcina, lo importante para los intereses de Navarra es que una vez más UPN antepone sus filias y fobias ideológicas a la defensa de las necesidades estratégicas. Como ya ocurriera con el inútil empeño de impulsar una vía por carretera de alta velocidad por los Pirineos -que acabó en un fiasco-, los prejuicios políticos y los intereses partidistas siguen lastrando la posición de Navarra en el diseño del nuevo mapa del transporte ferroviario europeo. Tras más de 20 años de idas y venidas, Navarra aún no tiene iniciada su conexión con la Y vasca, la única que garantiza la llegada a la red europea y que puede situar a Pamplona-Iruña como centro logístico. La red europea de transporte ferroviario es la apuesta de futuro, y Navarra, además de planificar de una vez la red ferroviaria local y comarcal de la que carece incomprensiblemente a estas alturas del siglo XXI, necesita encontrar su espacio en ese mapa, pero debe abandonar el modelo electoralista, confuso y exclusivamente economicista con el que lleva dos décadas mareando la perdiz con las vías de conexión con Europa. Más allá del alcance final de la financiación europea para los casi 3.500 millones de euros que cuesta el corredor navarro entre San Sebastián y Zaragoza, quizá sea el momento de replantearse la decisión de iniciar ese tramo desde el sur hacia Pamplona, más aún más tras el buen funcionamiento del Alvia, y optar por priorizar la llegada a Europa de acuerdo con la demanda industrial de Navarra. En todo caso, la postura de Barcina defendiendo ahora el único corredor que ha sido rechazado por la Comisión Europea es otro ejemplo de esa política absurda, ineficaz y acomplejada a la hora de tomar decisiones de interés general por encima de los prejuicios partidistas.







