Las condiciones democráticas
Le Républicain de Vasconie
Hasta que se ha emitido el fallo del tan encarecidamente legitimado Tribunal Constitucional, en relación a la concurrencia o no de Bildu a las elecciones españolas del 22 de mayo, no han sido pocas las voces que clamaban por los derechos de los ciudadanos de Euskal Herria. En los momentos en los que escribo estas líneas, parece que, tras la votación en el tribunal, queda por conocer la decisión final. En cualquier caso, todo apunta a que Bildu podrá presentarse a las elecciones. Si se diera el caso contrario, querido lector, sigue leyendo si te place: el contenido no cambia.
Primeramente, decir que, al no ser los ciudadanos de Euskal Herria miembros de una sociedad soberana y por tanto libre, son ciudadanos españoles, y como tales tienen derecho a votar. Sobre si España, en sí, es democrática o no, independientemente (¡anda!) de los problemas nacionales periféricos con los que lidia a diario (lo hace, sí), no voy a explayarme en demasía. De la democracia orgánica a la parlamentaria hay un adjetivo.
Al ser los miembros de la sociedad vasca, ciudadanos españoles, y ejercer el derecho a voto que les confiere esta ciudadanía; al reconocer al estado español y sus instituciones como legítimas; al participar en ellas, se disuelve la libertad y la lucha por ella. Al no tomar como referencia el estado de ocupación y colonización de esta sociedad, y agarrarse al clavo ardiente ofrecido por el enemigo con crueles intenciones (no es para menos, es su trabajo), se ve obligada esta sociedad, por medio de sus representantes políticos (yo los llamo administradores regionales) a producir un vocabulario no acorde con la realidad, sino con el modelo que el ocupante quiere que tomemos, para que así erremos a cada paso que damos.
El ejercicio de autodeterminación, del cual nuestro pueblo fue capaz siglos atrás, se ve ahora coartado por las fuerzas armadas ocupantes, negando un derecho que los propios estados ocupantes reconocen en acuerdos interestatales en Europa y el mundo. Es el derecho básico, del que emanan los demás, tener una estatalidad propia (nosotros, como dije, ya la tuvimos, Nabarra). No hay democracia si no se le permite a un pueblo ejercer su voluntad. De hecho, eso es la democracia, el poder del pueblo.
Que Bildu esté o no en las elecciones, no va a condicionar la democracia. Son muchos años de negación, muchos años de manipulación y de mentiras, de monopolio de la violencia, tanto política como ideológica, de humillación, de persecución.
Señores, ya vayan a votar o no, y en caso afirmativo sea cual sea su elección, hagan lo que más correcto les parezca: no va a ser este humilde defensor de la democracia quien les obligue a nada. Pero, al menos, sean conscientes de que no lo hacen en condiciones democráticas, que nunca lo han hecho, y que en España, nunca lo harán.
Resentimiento y berrinche
Salvador Cardús i Ros
La Vanguardia
Hasta ahora sabíamos bien cuáles eran las miserias de una campaña electoral en tiempo de vacas gordas. El candidato o candidata se dedicaba a hacer todo tipo de promesas sobre grandes proyectos de futuro. Durante todos los años de crecimiento, se había acostumbrado al elector a creer que la administración pública era una gran bota de Sant Ferriol, de manera que la elección del voto consistía en elegir al candidato o al partido que parecía más de fiar a la hora de cumplir los compromisos. Más equipamientos, más inversiones, más servicios… Deslumbrado, el ciudadano aceptaba ignorar que, de una manera u otra, era él quien acababa pagando las facturas. La burbuja inmobiliaria, sobre todo en la administración municipal, había garantizado unos ingresos extraordinarios que, al evitar el aumento de impuestos directos, permitían disimular el coste social de las promesas. El ciudadano lo pagaba en el precio de las viviendas y en el de otros bienes y servicios artificiosamente encarecidos, pero el despilfarro público quedaba disimulado.
Por si alguien tenía alguna duda, siempre había un economista, un politólogo o un sociólogo experto en políticas públicas para recordarnos que todavía quedábamos cortos ante el gasto que hacían las administraciones de los países desarrollados del centro y el norte de Europa: allí, el porcentaje del PIB en educación, en sanidad… ¡siempre era más alto!
La lista de los recursos públicos destinados a los servicios se presentaban independientemente de la productividad, de los niveles impositivos o de la eficiencia en la organización de los servicios. Hay que decirlo: en el reparto de responsabilidades de todos estos años de manos rotas, tienen un papel destacado los banqueros y los políticos, pero también hay que situar, en mayor o menor medida, a los expertos, la crítica sistemática a la administración pública de los cuales ha consistido en exigirle más, y más, y más…
Sin embargo, ahora hemos entrado en una nueva era de campañas sin posibilidad de hacer grandes promesas. Incluso los candidatos que simulan que se escandalizan con la exigencia de ahorro forzoso, saben que a partir del 23 de mayo habrá que decir toda la verdad, y a quien gane las elecciones le esperan cuatro años de administrar una drástica reducción presupuestaria. Porque, si las cosas van bien, si la situación económica mejora en los próximos años -circunstancia que todavía no está garantizada-, a todo lo que podemos aspirar es a parar el retroceso, a incorporar progresivamente a los parados al mercado de trabajo y a preservar el Estado de bienestar haciéndolo infinitamente más eficiente. Como pasó con la cocina de posguerra, habrá que volver a aprender a hacer platos apetitosos con ingredientes pobres.
Pues bien, dadas todas estas circunstancias, ¿cuál es la nueva lógica electoral esperable en tiempo de vacas flacas? ¿Hemos aprendido alguna cosa de los errores del pasado? ¿Estamos diciendo la verdad al ciudadano para no tener que engañarlo después? ¿Hacemos campañas sobrias, a la altura de la responsabilidad del momento? ¿Orientamos el debate electoral a buscar la cooperación futura y no tanto que a mantener los enfrentamientos pasados? ¿Algún candidato espera recuperar la confianza del ciudadano haciendo un ejercicio de autocrítica franca? ¿Se ha entendido bien que en estas elecciones el único debate político posible es sobre quién sabrá hacer el ahorro más inteligente, con un coste social menor y una mayor eficiencia futura en los servicios públicos?
Hay que decir que, lamentablemente, nada hace pensar que estemos en el buen camino. El inicio de campaña, ciertamente con matices según el candidato y el partido, no anuncia nada bueno. Que Montilla salga del largo silencio para decir que los recortes en salud y educación están en el ADN del Gobierno de Artur Mas es prender fuego sólo para hacer humo sobre las responsabilidades del PSC. Que el Gobierno de CiU aplace el debate sobre el ahorro urgente para después del 22 de mayo es tratar de estúpida a la ciudadanía. Que Hereu afirme que su programa puede interesar a los independentistas es el mejor gag que nunca haya salido de Polònia. Que el Gobierno de Madrid impugne convocatorias de plazas de profesor según los intereses electorales es una vergüenza que tendría que rebotarle en las urnas. Que los candidatos del PP en Catalunya insistan en hacer la vida imposible a los inmigrantes – se supone que sólo a los indocumentados-hasta que se marchen raya la violación de los derechos humanos y demuestra una voluntad clara de vulneración de los procedimientos legales establecidos.
Lisa y llanamente: aquello que anuncia el inicio de campaña son dosis altas de resentimiento y actitudes de berrinche. Resentimiento hacia el adversario, y respuestas a la crisis propias de criaturas consentidas, ignorantes de la gravedad del momento. No sé ver, y lo lamento, la altura de miras que los tiempos reclaman. Y si los que saben cuál es la situación real del país simulan que oyen llover, ¿qué podemos que esperar del resto de ciudadanos? Pues más resentimiento y más berrinches. Estoy seguro de ello: otra campaña es, o tendría que haber sido, posible y deseable.
Ideologiaren heriotza eta pizkundea
Carlos Vilches
Hasierako Jainkoaren heriotzaren eta ondorengo ideologien gainbeheraren ondotik —bi aforismo horiek F. Nietzscheren eta D. Bellen argumentuaren gogoetan oinarrituak daude—, kontsumoaren kapitalismoak bidea egin du pixkanaka-pixkanaka, garatutako gizarteeetan erabat zabaltzeraino. Horri lotzen bazaio Ongizatearen Estatu paternalaren suizidio zabaldua, gizakia umezurtz sentitzen dela esan dezakegu; baina ez bakarrik umezurtz, baita etsita ere idealari dagokionez, eta gero eta etsiago materialari dagokionez.
Aurreko gizarteen ezaugarri ziren erreferente etiko eta moralak galtzeak, batetik, eta gure desirak betetzeko hedonismoan oinarritutako pentsaera bakarraren ezarpenak, bestetik, gizonen eta emakumeen dimentsiobakartasunean oinarritutako giza paisaia bat ekarri du, Marcusek berak iragarri bezala.
Pertsona modernoa bere lotura sozioekonomikoaren bitartez etxekotu da, hiperkontsumoaren bitartez —nahiz eta hiperkontsumoa egun atzeraka doan krisi ekonomikoarengatik berarengatik—, eta, horrela, politikan modu aktiboan parte hartzeari uko egin dio, bere parte hartzea demokrazia parlamentarioaren esku utziz.
Horren ondorioz, alienazio prozesu bat bihurtu da hauteskunde liturgia, non bizitza politikoan eta gizarte egituraren eraikuntzan parte hartzeko eskubideak erabiltzea bestearen (alderdien) esku uzten den. Nahikoa da ikustea parte hartze politikoaren sisteman zer-nolako aurrerapen eskasak egin diren Espainiako trantsizioa esaten zaion horretatik, ohartzeko hibernazio demokratikoko egoera batean gaudela.
Boterearen diskurtso politikoa, gure pentsamoldeak aldatzeko sare ideologiko moduan erabilia, tematu da sinetsarazten gizarte bakarra dagoela, dualtasun manikeoan eraikia.
Alde batean gu gaude (barneko taldea), onak, eskubidearen estatuan, tolerantziaren estatuan eta biolentziaren kontrako estatuan kokatzen direnak, demokratak —oraindik harrigarria da politikari batzuek zer-nolako harrokeriaz izendatzen duten euren burua kontzeptu horrekin—, jarraitu beharreko identitate erreferentea. Kanpoan geratzen dira besteak (kanpoko taldea), gaiztoak, ezarritako pentsaera uniformearen ereduan parte hartzen ez dutenak, desberdinak, gizarte justuago bat posible dela proposatzen dutenak, outsider-ak, beste espaloikoak eta gero eta gehiago beste bazterrekoak… Gainera, erdian geratzen bazara, ezaxolaren korronteak eramaten zaitu.
Hutsalkeria horretan, diskurtso politikoak logika, zentzua eta mamia galdu ditu. Egoera horretan, alderdi nagusietan kontserbadoreak eta progresistak sostengatzen dituen ideologiak egoera hain aldrebes eta nahasietara eraman gaitu, ezen orain alderdi sozialistak botere ekonomikoaren interesen alde egiten baitu, eta, aldi berean, oposizio kontserbadoreak, boterea lortuz gero, lan panazea bat iragartzen baitu klase behartsuenentzat, bai eta galdutako gizarte laguntzak hobetzea ere. Hauteskunde liturgiako garai honek botoa nori eman pentsaraztera garamatza, baina, aldi berean, desio dugun gizarte ereduaren erreferenteak ere gogoan hartu beharko genituzke. Jainkoaren pizkunde bat, sozietateari dagokionez, ez dirudi egokiena denik, baina egokia litzateke halako ideologia bat berreraikitzea munduari justizia handiagoko ikuspegi batetik begiratzeko modu alternatibo bat ekarriko duena.







