Es como si la maldición de Sísifo se hubiera encarnado en nuestro particular éxodo hacia la soberanía vasca. Tantos intentos, tantas debacles. Tantas experiencias fallidas, tantas historias mentidas, tantos exiguos aprendizajes.
Es evidente que hoy día los palacios de los gobiernos “democráticos” se han constituido como predios independientes, dando la espalda a los derechos de la ciudadanía y cómo no, a los derechos humanos. Dicen conformar estados de derecho, aunque lo correcto sería clasificarlos como estados derechosos, por sus prácticas -encubiertas o descaradas- fascistas.
Ya casi resulta extraño, hoy día, encontrar países donde sus gobernantes sean simple y exclusivamente la voz y la voluntad de sus ciudadanos.
La mayoría de los estados, no digamos el español, son empresas diseñadas al servicio de la oligarquía y de los intereses políticos de los partidos de turno. El estado tiene vida propia. El estado no se acuerda de la ciudadanía, más que en las farsas de los comicios. Es el momento, en que su colosal máquina mediática, cautiva o enajena la mente y la palabra de esa caterva de votantes, alienados, timoratos, ignorantes… que a la postre justifican los estados injustificables.
¿Alguien duda de esto, que para muchos, no pasa de la pura perogrullada?
España, sobre todo desde 1512, no ha tenido más que una respuesta para la aspiración de soberanía de toda Vasconia: armas y represión.
Hoy, más en concreto, cualquier análisis imparcial, certificaría que el gobierno Español, basa exclusivamente su quehacer político, en la acción o tergiversación mediática.
La labor de este y anteriores gobiernos, consiste en la reiterativa y cansina oferta de promesas, planes cortoplacistas y autobombo. Siempre incapaz de aportar soluciones eficaces y novedosas, lo que le sitúa social y económicamente a la cola de los países europeos y en deficiencias democráticas, probablemente a la cabeza.
Al pueblo español, – durante siglos adoctrinado, manipulado o ignorado- en general, siempre se le ha atragantado la cuestión vasca.
Enzarzado en sus tomatinas, merengadas, toros, monarquías, y en los avatares de la testosterona de famosillos y otras basuras, bien sea por su incultura o baja calidad democrática, jamás ha entendido nuestras raíces y espíritu de soberanía.
Las odian, hasta el punto de confundir derechos (históricos o no), con privilegios.
El ciudadano español, tiene -sólo faltaba-, todas las garantías para considerarse como tal, sin que nadie se lo pueda objetar. Al vasco o al catalán, en virtud de no se qué ley o imposición, se le niega tal derecho.
La cuestión vasca, tradicionalmente, es el tema estrella del gobierno. Tan irrenunciable como capital. Y sobre todo, escrupulosamente manipulado y diseñado.
El estado ha optado, -sin renunciar a su prepotencia armada y con toda su parafernalia mediática- por acorralarnos en un callejón sin salida. Nos conduce a unos parámetros, tan cínicos como falaces, donde la problemática vasca se reduce a la existencia de ETA.
Ahí coinciden todas las fuerzas fácticas, por muy enfrentadas que se nos presenten: partidos españoles, Iglesia católica, bancos y todas las grandes fábricas de opinión españolas…
Los jerifaltes del “imperio”, saben perfectamente que ETA, no es la palabra de la mayoría vasca, y el hastío que nos produce a la mayoría de los vascos, su interferencia, sus comunicados y sus descabellados atentados.
Humanistas, politólogos e intelectuales íntegros, cada día son más conscientes de que, al estado español le interesa mantener a ETA, o en su caso reinventarla.
Lo que de verdad odia y teme el estado español, es la posibilidad de plantear democráticamente y en igualdad de condiciones, el conflicto vasco.
Sabemos que pondrá todos los medios para evitar tal coyuntura. Sabemos que revolverá el infierno, para impedir que la acción internacional, proponga tal coyuntura. Desgraciadamente, ¡mira que mala suerte!, hoy por hoy, la nidada de buitres, se presenta demasiado prolífica en los foros europeos…
Y en estos parámetros que el estado español ha diseñado, para que todo se enrede sin que nada cambie, es justamente donde se mueven los partidos vascos, unos, los españoles en su salsa, los otros, los abertzales en su tinta, bien espesa y densa.
Es ahí, donde la política y dialéctica estatal, desarrolla sus programas y objetivos desde órganos donde todo queda atado y bien atado.
Legislaciones ad hoc, ilegalizaciones, cierres de periódicos, fraudes electorales…
Por cierto, eh ahí el esperpento de un gobierno, quemando el erario público en las correrías de la ertzantza. Y precisamente contra las efigies de aquellos a quienes debe -por mor de las ilegalizaciones- el afane del gobierno. Claro, que tampoco es de sorprender el pobre discurso del consejero de turno. Ya nos tenía acostumbrados a esa dialéctica tan ramplona, tan sin chispa… ¿Qué otra cosa se podía esperar?
Es la vieja escuela franquista de los mamporreros del ministerio de interior.
A los partidos abertzales, aunque aparenten hacerlo a regañadientes, juegan en estos parámetros, no les queda otra alternativa que rabiar y resignarse. De nada les va a servir repudiar al gobierno del pucherazo, por inepto, franquista y cutre que sea. Ellos, con su actitud acomodaticia y su falta de compromiso, son quienes le han abierto las puertas de Ajuriaenea.
Es como si los partidos “abertzales” se encontraran transidos por el síndrome de estocolmo. Alienados, cuando no cautivados, por la arbitrariedad y el despotismo español.
Y en este largo tránsito, la palabra, la única arma que necesita y exige este pueblo, permanece ignorada, despreciada y encadenada.
Y no es que el pueblo vasco se corte a la hora de reivindicar sus derechos.
Hemos sido testigos de convocatorias tan multitudinarias e impactantes como la marcha de la libertad, la del cierre de egunkaria y otras muchas contra la agresión permanente que el estado ejerce contra nuestro pueblo.
Vasconia entera, necesita ser convocada con mensajes unitarios y unívocos.
Los patriotas vascos, tienen que apostar una vez por todas, por abandonar sus intereses particulares y su lucha por arramplar parcelas de poder. Y sobre todo, han de huir de ese campo de juego, donde el estado español impone su particular reglamento y arbitraje.
Deben recuperar su poder de convocatoria y credibilidad para conducir a todos los vascos que soñamos con un estado soberano, a un espacio donde nuestra palabra surja libre, sin la interferencia de ETA, ni la violencia o el chantaje del estado.
No creo que exista otro camino para acceder a la restauración del estado vasco independiente de Navarra.








