YESA, un grave problema que se ha posicionado en punto de mira de la actualidad repite el patrón del analfabetismo español en cuanto a lo que la gestión de crisis por amenazas naturales o provocadas se refiere. Han sido desalojadas forzosamente sesenta familias, dos urbanizaciones pueden quedar irrecuperables, las imprevisiones y la falta de un conocimiento adecuado del medio han triplicado el presupuesto. Pero lo peor de todo es la amenaza que se cierne sobre una ciudad histórica: Sangüesa, la ciudad de Sancho Garcés I, Rey de Pamplona.
Sangüesa se sitúa diez kilómetros aguas abajo de una presa que se apoya sobre terrenos inestables. En los últimos meses la ladera derecha que sustenta dos urbanizaciones se ha movido unos veinte centímetros, el movimiento se produce, como siempre ha sucedido, por la delicada mano del hombre, y tradición histórica sobre ello no falta. Desde 1930 las inestabilidades siempre las ha desencadenado el ser humano. Esta vez no ha sido distinto. En la base de esas urbanizaciones para acoger las nuevas obras de recrecimiento se han excavado más de trescientos metros, como siempre después de ese descalce toda la ladera ha decidido moverse.
Pero esta vez es más grave, no solo porque afecta a sesenta familias, el empuje actúa también sobre la misma presa y después de este invierno el pantano rebosa y aún no ha comenzado el deshielo. Históricamente los movimientos se abortan quitando peso, y así se ha hecho, aliviar las partes altas supone desacelerar el deslizamiento. Esta vez como ya se viene haciendo desde los años sesenta, esta solución pasajera ha funcionado.
Pero tenemos un problema. Aunque las imprevisiones son normales en la obra civil, y para eso estamos los humanos, para corregirlas, esta vez el haber quitado tanto peso, primero para descalce y después para alivio, puede haber supuesto un rebote elástico de la zona. Es decir, la montaña al verse aliviada de tanto peso se levanta y levanta con ella todo lo que sustenta, entre otras cosas parte de la propia presa. Se ha detectado un levantamiento de casi un centímetro y medio en una sola zona, lo cual es seguramente lo peor; mejor es nada por supuesto, pero también podría ser que todo se moviese por igual. Todos estos datos son de carácter público y están recogidos en los últimos informes de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE).
Sin embargo, ha saltado la alarma en Sangüesa no por el conocimiento de esos inquietantes datos, sino por la comparecencia de un geólogo en las Cortes de Aragón que ha tachado los mismos de “dramáticos” y ha salido en los medios. Lo que es verdaderamente dramático es que en España después de lo de Lorca, la Loma de Úbeda, Tous, El Carmel…, no hayamos aprendido a gestionar socialmente las crisis y amenazas como la que hoy puede sobrevolar la ciudad navarra. El abandono institucional vuelve a sonrojar, los ciudadanos deben saber que los seres humanos somos capaces de cambiar el entorno y debemos aprender a convivir con ello. Pero a los sangüesinos nadie se lo ha dicho. La cultura ya no tiene cabida en las obras de infraestructura, se ha olvidado.
La labor es pedagógica, es cultural. El sistema es mucho más que una sola pieza inestable, la presa de Yesa es tan solo eso: una pieza. La inestabilidad y el riesgo son reales, pero no solo geológicos, son también sociales, institucionales, personales. Los pisos han bajado su precio, los ansiolíticos desaparecen de las farmacias… Nadie ha dado una charla de cómo ha cambiado el medio en donde la ciudad de Sancho Garcés se asienta. La amnesia, pasividad, desidia de nuestras instituciones ponen otra vez en evidencia la manera nuestra de gestionar amenazas y catástrofes.
La desinformación campa a sus anchas ante la mirada pasiva de los científicos y técnicos involucrados. Ha cambiado el paisaje natural, pero no se ha cambiado la mentalidad. Incapaces de seducir, comunicar, echar una mano, los técnicos que han podido desencadenar semejante amenaza no comunican sus inquietudes, ni siquiera el riesgo real. Puede ser el síndrome de l’Aquila, pero actuando así se es cruel, una crueldad por pasividad que no justifica ningún éxito profesional. Ahora se le echa la culpa al mensajero, a quien con toda la buena voluntad ha traducido esos documentos a Román Paladino, el geólogo que sólo leyó en voz alta los informes oficiales. Nunca cambiaremos.
http://www.noticiasdenavarra.com/2013/05/27/opinion/cartas-al-director/yesa-en-el-punto-de-mira






