Pues hay muchos en España que trabajan con malicia por que sea la Navarra como las demás provincias.
Esta simplicidad del bardo de Monteagudo, encierra la dramática historia del pueblo Navarro, desde que fue invadido por Castilla. La invasión, genocidio, saqueo del patrimonio arquitectónico, económico y cultural navarro por parte de Castilla, fuel el inicio de la demolición de un estado. En 1812, la constitución de Cádiz, que apestaba a centralismo, abolió nuestros venerados fueros. El regreso en 1814 de Fernando VII, los restaura transitoriamente hasta que en 1841, tras la traición de Bergara, Navarra pasa a ser una mera provincia foral. Ya desde la baja Edad Media, el estado navarro fue asechado cuando no agredido por nuestros vecinos, sobre todo por la belicosa, codiciosa y expoliadora Castilla.
Recordemos el “utrimque roditur” de Carlos de Viana. Castilla, luego el imperio español, jamás cejó en sus maquinaciones contra Navarra. España nunca dio cuartel contra nuestra cultura e instituciones. Es la misma actitud que mantuvo con todos los pueblos, que tanto en la península como en ultramar colonizó. Su método era radical, imponer el castellano –Nebrija, dixit-, arrasar sus culturas, robar el patrimonio y esclavizar al nativo. ¿Por qué se extrañan los españoles pues, de las suspicacias, cuando no del rechazo que suscita España en algunos pueblos? Desde que España comenzó con insidias contra Navarra, encontró colaboradores en los aborígenes. Serán beamonteses, liberales, franquistas igual a falangistas o si se quiere a unionistas españoles (UPSN) etc… Fueron y son, los que a cambio de prebendas, “han trabajado con esmero, para que sea la Navarra, como las demás provincias”. Trabajaron en 1512 con las tropas del falsario.
Apoyaron con el sobrenombre de peseteros las tropas de otro falsario, Espartero. Otro sinvergüenza y trafulca, que a espaldas de los defensores forales, nos fabricó una paz ignominiosa. Poco tuvo que esforzarse para embaucar a los jefes carlistas, conmilitones mas ávidos de sus entorchados y prebendas, que de la defensa de nuestra soberanía foral. El franquismo situó a los unionistas, prácticamente hasta nuestro días, en el eje de la gobernanza de Navarra. Capaces de vender a Madrid, nuestra lengua, las Bardenas y si se pone por delante, la cámara de Comptos… Su arrogancia y connivencia con el poder central nos condenó a muchos patriotas navarros, a cárceles, tortura y otra ignominias por el mero hecho de defender nuestra identidad. Llevar una pegatina reivindicativa de un simple valor ecológico, podía significar –como a un familiar – una paliza de padre y muy señor mío, multa y hasta cárcel en muchos casos. Nuestra simple adhesión a la identidad vasca, era definida como actividad terrorista y cooperación con ETA, etc… Por esta noche tan desapacible, hemos debido deambular no hace tantos lustros muchos vascos de navarra y de toda Euskalherria. Un servidor no pediría mas desagravio que ver sentados en el banquillo de los reos a estos desalmados. Todos estos unionistas que con engaños y falsos navarrismos, entraron a saco en nuestros erarios, en nuestro patrimonio cultural y en nuestras vidas. Aún a sabiendas de que la indulgencia de la justicia de los Felipitos X –el de la equis- o del petulante de las Azores y no digamos de D. Tancredo el “plasmao”, los exculparía. Hoy hemos de decir que Navarra ha llegado donde está, sometida a una endémica coacción armada. Siempre vigilada por visorreyes, gobernadores civiles, delgados del gobierno etc… Y evidentemente con estos colaboracionistas… Y también hemos de decir, que jamás de los jamases, Navarra cedió una coma de sus fueros e instituciones libre y consentidamente. Hasta 1841, pudimos conservar nuestra hacienda propia, nuestro tribunal supremo representado por el consejo Real, nuestras fronteras en el Ebro. etc… A los que hoy día, españoles y unionistas, tan alegremente, tachan nuestro fueros de privilegios, hay que decirles que su mente y espíritu, en nada difiere de los de cualquier colonizador imperialista.
El derecho de conquista, hasta la declaración universal de los derechos humanos pudo tener, desde luego con un espíritu perverso, cierta sustancia de legalidad, que no de legitimidad. “No es lícita la guerra –decía ya Francisco de Vitoria- para aumentar el territorio”. Idea ésta, que posteriormente supuso una base para el derecho internacional, y que evidentemente, da al traste con la actuación colonizadora que España ha tenido sobre Euskalherría o Cataluña. Por poner un ejemplo. Hoy afortunadamente, sabemos que son los ciudadanos, nunca la imposición por las armas, quienes deciden como y por quienes quieren ser gobernados dentro de sus fronteras naturales.
Estas reflexiones debieran estar presentes en todo ciudadano Navarro, se sienta o no euskaldun. Si así fuera, poco que hacer le quedaría al unionismo. En cierta ocasión, coincidí con el ilustre Txilardegi en Bruselas. Recuerdo una frase que se me quedó grabada:”Ikusi nondik zatoz nora zoaz jakiteko”. Y es que en verdad, malamente sabremos por donde caminar si ignoramos de donde venimos. Es una asignatura pendiente para cualquier gobierno que piense en una navarra soberana, la imperiosa necesidad de introducir en nuestro currículo académico un relato verídico de nuestra historia. Es decir, una historia bien verificada y contrastada de Navarra.
Afortunadamente, Navarra dispone hoy de un elenco de eruditos excepcional. Sólo hace falta que de una vez por todas, nuestros gobernantes reparen un agravio histórico y los financien. Agravio, teniendo en cuenta las desvergonzadas e ingentes subvenciones que los unionistas han puesto en manos de “los cronistas oficiales” -tan tendenciosos como manipuladores-. La idea era evidente. Construir un relato tan antivasco como tendencioso, a cargo de los impuestos de todos los navarros, los de aquí y los de allí.
Quiero creer que ha llegado el tiempo en que los navarros podamos optar desde la libertad de cada ciudadano, a una navarra libre y soberana. Que ya nuestros infanzones nos señalaron el camino “pro libertate patria, gens libera state” Una soberanía para pactar sin presiones cuarteleras, sin “malicias unionistas”, un statu quo que nos permita organizar nuestro territorio, nuestras finanzas y nuestras peculiaridades identitarias. En realidad, tan solo pido el libre ejercicio de los derechos humanos. Navarra, siempre actuó bajo la coacción armada, representada por virreyes o por la propia corte. Los navarros deben se lo que ellos quieran ser, libremente, como ciudadanos libres. Es un derecho humano…
Pues hay muchos en España que trabajan con malicia por que sea la Navarra como las demás provincias. La Navarra en aquel año mucho fue lo que perdió pues perdió la independencia prenda de inmenso valor
El general Espartero se compromete a “proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros”. Sabemos que así lo hizo y logró que los fueros se respetasen “siempre que no atentaran contra la unidad constitucional española”. Fórmula que si bien suponía la permanencia de los mismos posibilitaba su acomodación a la Constitución o su supresión Por último se ofrecen las mismas medidas a las divisiones castellana, vizcaína y guipuzcoana (Artículo 7º) ya que en el momento de la firma aún no habían aceptado la tregua.
Lo harán inmediatamente. El 26 de agosto Espartero trata de salvar la situación presentando a los marotistas el artículo siguiente: Se confirman los Fueros en cuanto sean conciliables con las instituciones y leyes de la nación… Maroto se muestra dispuesto a aceptar, pero Urbistondo e Iturbe, jefes de las divisiones castellana y guipuzcoana, se niegan a hacerlo. Sólo acepta La Torre. “No sé bajo qué estandarte seguirán luchando los carlistas -dice el coronel británico Wylde, corresponsal del vizconde Palmerston- como no sea bajo el de Paz y Fueros”.
Las conversaciones se congelan y al día siguiente ambos generales ordenan la movilización de sus tropas. La insubordinación de La Torre, en ese momento, hace cobrar al drama un carácter irreversible: Espartero entra en Oñati (28 agosto). Maroto transige nuevamente y manda un despacho aceptando la reapertura de negociaciones.
Es en Oñati donde tiene lugar la redacción definitiva del convención Se niegan a aceptar el convenio: 13 batallones navarros, 6 alaveses, 5 guipuzcoanos, 1 castellano y 2 cántabros. Muchos de estos hombres atraviesan la frontera el 14 de septiembre junto con el pretendiente. Otros emigraron a América o Filipinas En 1812, la constitución centralista de Cádiz abolió los fueros, pasando Navarra a ser una provincia Más. Tras la restauración de 1814, en 1841, tras la traición de Bergara, Navarra de Nuevo pasa a ser una provincia foral…







