Un mentiroso y un cojo

“De Lula da Silva y Dilma Roussef a Rita Barberá y Mariano Rajoy, esta semana hemos vuelto a tener más muestras de la justificación de la mentira en política”

De Lula da Silva y Dilma Roussef a Rita Barberá y Mariano Rajoy, esta semana hemos vuelto a tener más muestras de la justificación de la mentira en política. “La mentira es el último recurso de un partido político derrotado y sumiso” decía ahora hace trescientos años Jonatahn Swift. Hace un tiempo el malogrado Umberto Eco me hizo descubrir un libro que profundizaba en las causas que llevan a un político a mentir sistemáticamente sin miedo a que sus falacias puedan terminar en contradicción y, por tanto, volviéndose en su contra. Jonathan Swift el célebre autor de ‘Los Viajes de Gulliver’ escribió, bajo el seudónimo de John Arbuthnot, un librito titulado ‘El arte de la mentira política’. Creo que para ser de 1712 es tan vigente que este Sant Jordi debería estar entre los más vendidos de no ficción. Resuenan con fuerza argumentos que podemos aplicar a nuestros políticos actuales, tanto de aquí como de todo el mundo.

Ahora les explico el por qué de esta vigencia. Suena actual porque, por desgracia, la mentira es una herramienta que hace tiempo que se utiliza y está instalada en casi todos los estamentos sociales. Por ello, desde tiempos remotos, hay dos corrientes de opinión sobre la utilidad de la mentira. Para algunos, entre ellos los políticos, creen que es admisible decir unas cuantas mentiras en nombre de la diplomacia o la cortesía). En cambio, hay otros que defienden que no se debe mentir nunca, ni siquiera para salvar la vida a alguien. Sería para debatir horas y horas pero volvamos al arte de la mentira política.

Partimos de la idea, admitida ‘sotto voce’ por los mismos políticos, de que mentir es indispensable en política. Y lo es por lo que se prometen cosas que se sabe positivamente que no se podrán cumplir pero que se tienen que decir porque si no, no les permitiría acceder al poder para aplicar sus políticas. Y continuar mintiendo. Ese círculo perverso en el que Swift ya dice que el político está dispuesto a entrar. Cuando las mentiras son muy graves y derivan en capítulos de corrupción mayúscula son un insulto para la sociedad que, si se extiende, degenera en un estilo patológico de hacer política. Y el resultado de esta corrupción moral no es otro que gangrenar la única forma que tenemos de gobernarnos: la democracia.

Así pues, ¿qué ocurre cuando un político dice mentiras a diestro y siniestro sin sufrir cuando acaban entrando en contradicción? Swift sostiene que al mentiroso político no presta atención para que cuando llegue el momento en que se le pueda ver el plumero cambiará de tema con otra mentira, burlándose del muerto y del que le vela. Pero de entrada no va más allá y huye de plantearse si una propuesta es verdadera o falsa; sólo lo hace si, “en ese momento le conviene afirmarla o negarla”. Afirma Swift que es muy sencillo airear las mentiras y más aún cuando vienen de parte de un mentiroso que tiene una solvencia contrastada en su ramo. Además, añade “a menudo, con una hora de que la gente se la crea, le basta para hacer mano. La falsedad vuela, y la verdad le va a la zaga renqueando, por eso, cuando los hombres descubren el engaño, ya es demasiado tarde”.

Trescientos años más tarde de estos razonamientos tan vigentes la realidad da la razón a Swift. También es cierto, sin embargo, que la sociedad actual está preparada y se ha dotado de otras herramientas para combatir la mentira y la corrupción en política para cortar las alas a quien esparce falsedades y se burla de las leyes pensando que se las puede saltar. Ya dicen que se atrapa antes a un mentiroso que a un cojo.