Triste Aberri

Domingo de gloria -o de Pascua- los vascos -los que tienen sensibilidad nacional propia, para ser más precisos- celebran el Aberri Eguna, más o menos el día de la patria. Este año lo han vuelto a hacer. Y un año más la celebración ha sido definida por dos tristezas que se han hecho crónicas. En primer lugar, la indiferencia general. Sólo había que constatar el escaso número de banderas colgadas en los balcones o la escasa participación en los actos reivindicativos. En segundo lugar, la división. Las múltiples siglas en las que se fragmenta la izquierda abertzale convocaron una manifestación en Pamplona. El PNV eligió Bilbao. Entre unos y otros no juntaron 20.000 personas. El empeño en el error sorprende a las almas más cándidas. Preguntado un viejo y comprometido observador de la realidad vasca sobre el porqué de tanta calamidad, responde: “Hemos llegado al peor punto. El PNV no quiere saber nada de la izquierda abertzale y a la izquierda abertzale tanto le da. Sólo nos queda mirar a Escocia o a Cataluña”. Y eso es todo. Y esto es muy poco.

 

 

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