La señora Ada Colau dijo hace cuatro meses en Segovia (España), que no quería entrar en ningún partido político, porque entendía que no debía hacerlo, lo cual es perfectamente respetable y sobre lo que no hay nada que decir. Ahora, sin embargo, vemos a la señora Colau encabezando una plataforma llamada “Ganemos Barcelona” que está sondeando la respuesta social que tendría en caso de presentar candidatura en las elecciones municipales del próximo año. La idea, dice Colau, es “recuperar las instituciones y abrirlas a la ciudadanía”. Muy bien. Es obvio que hay muchas cosas que deben cambiar en Cataluña. Pero también es obvio que nada, absolutamente nada, podrá cambiar en una Cataluña sometida a España. De esto, sin embargo, la plataforma de la señora Colau no dice nada. Y es curioso, ya que parece elemental que ninguna regeneración democrática puede prosperar mientras los que se declaran sus abanderados se muestren indiferentes a la opresión que sufre su país por parte de otro país.
Pero hay más cosas de la señora Colau que llaman la atención, como que diga que ella no es candidata “de nada” mientras aparece constantemente en los medios de comunicación en calidad de cara visible de una plataforma con vocación electoral. También resulta sorprendente que haya reprobado los partidos políticos y que, al mismo tiempo, utilice su misma retórica. Incluso con el lenguaje de los monarcas. Es decir, hablando de sí misma en tercera persona: “A día de hoy, Ada Colau no es candidata”, “¿Por qué ayer Ada Colau no se posicionó?”, “Ganemos Barcelona no ha sido idea de Ada Colau ni tampoco es el ‘chiringuito’ de Ada Colau”. Se hace extraño oír hablar así a alguien de izquierdas, en el siglo XXI. Por otra parte, dice que “no cree en la política de las cúpulas”, pero, mira por dónde, el uso de una figura mediática como ella -exactamente igual que ‘Podemos’ con el televisivo Pablo Iglesias- ¿no es también una política de estrellas connivente con el sistema? ¿En qué quedamos? ¿Censuramos el sistema o le sacamos provecho cuando nos interesa? Sí, ya sabemos que sin una figura mediática como Ada Colau su plataforma no alcanzaría los miles de firmas que necesita para sacar adelante el proyecto, ¿pero no es una contradicción en sí misma? La señora Colau, naturalmente, puede decirse a sí misma que esta contradicción es sólo una concesión para conseguir los objetivos. El fin justificaría los medios, para entendernos. De acuerdo. ¿Pero entonces qué queda de la pretendida pureza que nos vende el marketing de la plataforma?
Hay un punto, mira por donde, en el que la pureza rebrota y se mantiene firme misteriosamente. Sólo en el discurso, claro, pero se ve que ya basta. Es la pureza universalista, la pureza que parece que les legitima para desentenderse de la independencia de Cataluña. ¡Uf, qué fastidio! Tan guay como es eso de ser ciudadano del mundo con pasaporte español. En ‘Ganemos Barcelona’, según la señora Colau, hay “diferentes realidades internas”, lo que les obligaría a no posicionarse sobre la independencia. Debe pensar que han encontrado la piedra filosofal de la ambigüedad eterna. Desgraciadamente, no es más que el antiquísimo y raído discurso de quienes hacen de la indefinición una praxis política: “Si no digo que soy del Madrid, me querrán los del Barça”, “Si no digo que como carne, me querrán los vegetarianos”. Son “los inmaculados”. Pero tiene gracia que justamente ahora, cuando la sociedad catalana ha obligado a los partidos a abandonar la ambigüedad tradicional y a definirse, aparezcan candidaturas electorales que se escapan y cambian de tema sobre el asunto más importante y trascendente de los últimos trescientos años en Cataluña con el viejo truco de “las diversas almas” o de “las muchas sensibilidades” internas. ¿A esto se llama regeneración?
Llegados aquí, hay que preguntarles ¿cómo puede ser que una plataforma catalana, que se pretende social y regeneradora, integre voces contrarias a la plena libertad nacional del país? ¿Cómo puede ser que personas con unos excedentes de sensibilidad tan grandes no defiendan la más importante de todas las políticas sociales del mundo, que es el derecho de todo pueblo a dirigir las riendas de su destino? No, señores y señoras de ‘Gaeamos Barcelona’, no vale decir que se está a favor del derecho a decidir. Esto es hacer trampa. ¡Sólo faltaría, por lo menos si es que estamos hablando de demócratas! Hace falta que ‘Ganemos Barcelona’ diga abiertamente si está a favor o en contra de la independencia de Cataluña. Repito: a favor o en contra. No hay más respuesta. Hace falta que diga, en definitiva, si hará campaña en favor del Sí-Sí como una necesidad vital para el país. El resto es pura y sibilina prestidigitación. También dice la señora Colau que el culpable de todos los males de Cataluña es el gobierno actual de la Generalitat -en esto sigue muy bien el manual de PP, PSOE, Iniciativa y Ciudadanos- y le acusa de no ser independentista (!). Lo dice ella, que confiesa que “no lo ha sido nunca”. Es decir, que siempre ha sido dependentista. Sorprende igualmente que ella y la plataforma que representa digan que “estamos perdiendo” la ciudadanía, que estamos “secuestrados” y que debe ser la ciudadanía quien tome las riendas reivindicativas de los derechos sociales. Su plataforma, curiosamente, no dice nada de la destrucción sistemática de Cataluña, de sus derechos nacionales, de su identidad y de su lengua. Tampoco dice ni pío de la expoliación brutal, feroz y sangrienta que hace España de los recursos catalanes. Ya se sabe, cuando se es nacionalmente español, lo lógico no es criticar al ladrón, sino al gestor de las migajas que deja el primero.
Finalmente, sólo hace falta que Ada Colau nos explique qué defienden ella y ‘Ganemos Barcelona’, en el ámbito social, que no lo defienda la CUP desde hace muchos años, una formación, por cierto, que no dice sólo que no cree en las cúpulas y en las estrellas mediáticas, sino que lo demuestra. Hace muchos años que la CUP existe y que trabaja por los mismos ideales sociales; hace muchos años que la CUP está junto a los sectores sociales más desfavorecidos y en contra de los banqueros corruptos y sin escrúpulos; hace muchos años que la CUP optó por realizar una tarea poco mediática pero muy sólida en los municipios cuyos frutos la ha llevado al Parlamento. De hecho, si hubo una fuerza que dio apoyo permanente a la anterior plataforma de la señora Colau, en defensa de los ‘Afectados por la Hipoteca’, fue la CUP. La diferencia, claro, es que la CUP considera inseparables el proyecto social y el proyecto nacional por la sencilla razón de que no son dos proyectos, sino uno solo. Y es que toda defensa de derechos sociales que no incluya la plena libertad nacional de la sociedad afectada constituye un fraude de lesa humanidad. Si la señora Colau y ‘Ganemos Barcelona’ tienen tantas ganas de sumar, parece obvio que lo primero que deberían hacer es sumarse al movimiento social que lidera el proceso de Independencia de Cataluña, ya que es la sociedad catalana, en su mayoría, la que ha dicho basta a la opresión española y que ha obligado a los partidos políticos a decir si están a favor de los derechos nacionales de Cataluña o de los corruptos y totalitarios intereses imperiales españoles. No es Barcelona, sino Cataluña, quien está “secuestrada”, señora Colau. Es Cataluña lo que hay que liberar, y no sólo su capital. El proceso, por tanto, no se llama ‘Ganemos Barcelona’. El proceso se llama ‘Ganemos Cataluña’.
EL SINGULAR DIGITAL









