Civivox Pompelo, Iruñea, 23 de mayo (2026)
Como habíamos anunciado, organizado por Nabarralde, se celebró en Pamplona el taller en torno a la Globalización, desde un punto de vista económico, de cara a establecer las circunstancias y condiciones en que se desenvuelve nuestra colectividad, y así replantear las perspectivas de futuro en términos de cultura, identidad, cohesión social y demás cuestiones.
Y por lo que escuchamos, es pertinente esta reflexión en la medida en que tenemos el sistema (económico, pero en general, cultural, urbanístico, migraciones… global) cada vez más dentro de casa. En términos de producción, por supuesto; pero también de sociabilidad, convivencia… y sobre todo en el terreno personal: somos cada vez más individualistas, más consumistas y más adictos a las redes sociales (en detrimento de las formas de comunicación, quizás más tradicionales, que nos sitúan dentro de la vida real, comunitaria).
Desde un punto de vista económico (y pensemos que esto condiciona las bases de la vida cotidiana), estamos absolutamente inmersos en lo que se da en llamar cadenas globales de producción. Esta cadena productiva es alargada, compleja, a escala global. Ya no se puede afirmar que determinado producto se ha fabricado en tal o cual sitio (desde un auto, una chaqueta, un abalorio o el croissant de una cafetería). Y lo importante, para entender las implicaciones de este sistema, es el dato del valor añadido que esa cadena deja en nuestro lugar. Según el ejemplo de Longas, una chaqueta producida en China con tejido de Bangladesh y diseño americano deja en EEUU más del 80% de su valor añadido. Ni las materias primas ni la mano de obra que elabora el producto se llevan la quinta parte de su precio final. Diseño, logísticas, servicios… se reservan la parte del león.
Esta circunstancia tiene mucho que ver con las propias condiciones de la sociedad que interviene en esa cadena (es lo que, en otras notas anteriores, mencionábamos de la importancia del “lugar”: espacio + gente). La cuestión es que, en virtud de ese valor añadido que se realiza en uno u otro lugar, se define la posición que cada grupo humano ocupa en la escala global.
Esto nos lleva a considerar los recursos, riesgos, valores o posibilidades con que nuestra sociedad vasconavarra participa en este sistema mundial. Al respecto, como se comentó en el taller de Iruñea, nuestra población cuenta con una tradición muy interesante en términos de memoria, cohesión y arraigo del derecho pirenaico: una cultura del trabajo en comunidad, unos valores de cooperación, emprendizaje, etc.
Longas citó, al respecto, a modo de ejemplo, el éxito de las cooperativas (que está muy vinculado a otros proyectos comunitarios como el de las ikastolas y otras iniciativas del país) y en general todo el empleo de la economía social. Por supuesto, este panorama no se nos presenta como el reino de Jauja, sino como un terreno de precariedad, vulnerabilidad social y otras dificultades; pero también un campo de oportunidades. En este sentido, se ponderó la necesidad de articular políticas de mayor autogobierno para mejor posicionarse en este cuadro global, e incluso la necesidad de orientarse hacia fórmulas de independencia política. Da mucho que pensar.










