Sin cambios

Mikel_Sorauren

Rajoy no ha tenido tiempo para euforias. Su victoria refleja el fracaso del partido de Zapatero, mejor  que el propio triunfo. No ha llegado la cascada de felicitaciones internacionales que suelen ser habituales en circunstancias normales ante un triunfo electoral. Solo las severas recomendaciones de quienes se consideran los dueños de Europa y el Mundo, porque en sus manos se encuentran las decisiones económicas, la Alemania de Ángela Merkel, el F.M.I. y en la propia España la C.E.O.E.. La percepción de la gravedad de la situación se ha apoderado finalmente del conjunto de los dirigentes españoles. Ha cesado la guerra entre los partidos y el Gobierno español en funciones  siente la necesidad de colaborar al máximo con quienes asumirán las responsabilidades administrativas en el espacio de un mes.

Las convulsiones de la economía española son defecto propio de sus inadecuadas estructuras en medio de la tormenta de la crisis mundial. En el momento presente no queda campo para una actuación autónoma y los españoles carecen de margen de maniobra, más allá de lo que indiquen en cada momento las instancias exteriores. Lo peor del caso es el propósito de tales instancias en seguir el camino de mayores riesgos y más largo para salir de la crisis. El Gobierno de Zapatero se ha limitado a cumplir las exigencias del poder económico dominante internacionalmente. Los recortes de gasto público para disminuir el déficit y el aumento de la precariedad laboral. Estas medidas han acentuado la crisis por la disminución de la capacidad de consumo y aumentado el paro. Es difícil aceptar que la facilidad para el despido reclamada por la patronal se traduzca en aumento del empleo. Por el momento el cierre de empresas favorece las ganancias empresariales, o que, cuando menos, no disminuya su capital. Los empresarios apremian a los trabajadores, persiguiendo que estos acepten condiciones de trabajo más duras, con la desregulación de horarios y de salarios más precarios.

La victoria de Rajoy ha sido tan fácil, como lo es frágil. Zapatero no es más responsable de la situación presente que lo es Aznar o anteriores jefes del Gobierno español. Lo que hace más grave la crisis en España son los defectos tradicionales acentuados en la atapa de prosperidad anterior. España se encuentra intervenida por carecer de autonomía con respecto al mercado internacional. En éste solamente tienen voz las economías más fuertes. El nuevo Gobierno se limitará a seguir las indicaciones de los dirigentes políticos europeos, convencidos de la obligación de atenerse a todo el conjunto de instancias a nivel mundial que controlan la economía  como el F.M.I. y los mercados ¿Perspectivas? Mayores recortes del gasto público y liberalización del mercado laboral. Un político navarro del P.P. anunciaba que con las previsibles medidas que debería tomar Rajoy ardería la calle. Es sobradamente claro el camino que se prepara. Lo cierto es que en el discurso de la denominada derecha española no se ha modificado nada de lo que se viene pidiendo siempre, particularmente por los representantes de la patronal.

La percepción generalizada es que la situación no va a modificarse. Lo único por aclarar es la decisión de Rajoy a la hora de proseguir las medidas de Zapatero. Con todo, la indiferencia con que la escena internacional ha recibido la victoria de Rajoy muestra desconfianza con relación a la eficacia  de tales medidas. Las fuerzas político-sociales afines al P.P. han pretendido responsabilizar a Zapatero del desastre. A decir verdad en los diversos sectores de la política española no existe diferencia profunda de planteamientos por lo que a la economía se refiere. Menos en este momento en el que se limitan a esperar las indicaciones de los poderes externos al Estado. Parece que estas instancias tienen la intención de seguir el camino emprendido. Las previsiones son por tanto el ahogamiento de la actividad económica y la recesión. Cabe preguntarse hasta dónde alcanzará la capacidad de aguante de la sociedad española ante la ampliación de la pobreza en sectores que han venido disfrutando de relativo bienestar. Los dirigentes políticos parecen dispuestos a arrostrar una situación límite, cuando afirman que arderá la calle ¿Podrá España aguantar una situación como la de Grecia? No parece muy sensato aceptar los riesgos. El problema español  no radica en el carácter del Gobierno vigente, ni de la persona que lo dirija.  Es, más bien, una cuestión de estructura de un Estado –español- que no ha conseguido nunca la consolidación y ha necesitado el autoritarismo más brutal para mantenerse. Una situación de crisis universal puede cuestionar su permanencia, más cuando importantes partes del citado Estado rechazan ser parte del mismo.

Para Navarra –Euskal Herria- la vinculación con España se revela perniciosa en extremo. El carácter espoliador español la arrastra al mismo abismo en que España corre el riesgo de caer. La denominada solidaridad que reclaman los españoles no significa sino el derecho de éstos a utilizar sus recursos. En una cultura  como la española que se basa en la utilización del poder para el beneficio propio, Navarra se ve afectada por los defectos estructurales españoles, resultando ineficaces los esfuerzos propios para hacer frente a todo factor endógeno o exógeno que ocasione un problema.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua