Se trata de Carlos III el Noble

En principio me detuve con cierta indecisión. He de confesar que en cortos instante, la inicial extrañeza se trocó en irritación. Procuré contenerme, para que mi introducción en aquella especie de jumelage -ante la estatua levantada al inicio de Carlos III- al que nadie me había invitado, pareciera tan comedida como amigable.

-Si no les importa me encantaría hacer alguna precisión.

El paisano, que tanto por su dicción, como por su aspecto me pareció como muy nuestro, muy navarro, me atravesó con una mirada y un rictus más que sorpresivos, intemperantes. Actitud absolutamente contrapuesta a los ademanes de beneplácito, que se reflejaban en aquella pareja de cuarentones argentinos.

Ella, efectivamente, no hizo ningún melindre para disimular su confusión.

-Es que, le discutía a este buen señor, que cuando estudiábamos en el Liceo, habíamos oído hablar de un tal Carlos III que había sido un gran rey para España y sobre todo para Madrid, que debió mejorar tanto la ciudad que le apodaron como el mejor alcalde de Madrid… Pero eso debió ser en siglo XVIII, pero en este letrero de la efigie pone claramente 1361-1425…

– Ahí pondrá lo que quiera poner –se encorajinaba el jubilata- pero uno no es tan analfabeto para no saber que este sujeto fue quien metió mano a los jesuitas y fundó la orden de la desabortización… -se expresó con cierta altivez nuestro paisano-

-Creo señor que usted confunde algunas cosas –tercié modestamente-. Y esa “desabortización”…

– ¿No será usted quien está confundido? –me lanzó con bastante intemperancia- Que yo soy navarro de toda la vida… Ya será usted de esos vascos, que andan por ahí inventándose no se que historias raras, sobre nuestra tierra… mandangas… puras mandangas…

Los argentinos mudaban el semblante por el momento. Daba la impresión de que se sentían culpables por haberse metido en tan inhóspito berenjenal.

– Por favor, atienda un momento. Se trata de dos épocas distintas, y sobre todo de dos reyes diferentes, uno, el navarro, pertenecía a los Evreux, el otro era un Borbón. Como Ud. Sabrá, son dos casas distintas… Cuando reinaba nuestro Carlos III, llamado el noble, no existía España…

– Hombre, se ve que se trata de dos casas reales distintas –medió la argentinita-.

– ¿Casas?, si algo les sobra a los reyes son casas, que en que suben, se hacen los putos amos…

– La verdad es que con las memeces de aquel engendro de gañán, la mente empezaba a caracolearme hasta el paroxismo…

– ¿Además –porfiaba en su empanada mental- si era navarro, como no va a ser de España? Ahí, ahí esta la madre del cordero -miraba triunfante a los chés-.

– Hombre –medió el argentino, porteño , según me explicó posteriormente-, hasta en Argentina aprendimos, que Navarra era un reino independiente hasta incorporarse a Castilla… Por tanto es lógico, que se tratara de dos países distintos.

– Independiente, independiente… foral y española eso sí. Mil veces nos dijo el maestro y sobre todo el cura de mi pueblo –se trataba de esa simpática Villa de tierra Estella con la vista dimidiada-. Lo que pasa que toda esta gente de la ETA –me apuntó con su índice  tratando de simular una mezcla de broma y campechanía- es una separatista, que no se por qué odia todo lo que suene a España…

– Mirá vos –matizó la mujer dando a entender más que confusión un cierto enojo- ¿no sós un poco precipitado?. Yo misma soy descendiente de vascos, y cuando a mi bisabuelo, su padre, que era de Ochagabía, le dijo que Navarra era un reino independiente, no existía la ETA, ¿cómo se explica usted?

Fue entonces cuando toda la visceralidad contenida de aquel navarro, sin duda producto de aquella generación – o generaciones- perdida de la guerra y posguerra, erupcionó con despechada acritud.

-¡Ah “rediós”, si no hubiéramos sido tan blandos con vosotros… Siempre estáis descontentos, siempre armando bronca… Si no os gusta Navarra, no se que “h…tias” hacéis aquí- Marchaos con la Euzkadi esa y dejadnos en paz a los navarros.

No hice ni siquiera mención de contestarle, pues algún curioso ya se detenía para hurgar en las entrañas de lo que parecía una pequeña trifulca. Lo cierto es que el de tierra estella, levantando el brazo con un gesto despectivo, se esfumó. Afortunadamente, porque esta gente cuando revienta, es capaz de enfundarse  el uniforme de txapelgorri, agarrar el chusco y liarse a trabucazos…

Esta anécdota, variando algunos matices, más por la forma que por el fondo es en más de un 80%, real.

Pudiera parecer que se tratara de un sujeto con el tarro algo descalabrado. Pero no. No es la primera vez que en  esos entornos de la plaza del Castillo,  he tenido la oportunidad de escuchar a algunos “retiraos”, mascullando de esta misma guisa que el de tierra Estella.

Allí, arropados en sus bancos mientras componen el mundo cabe el solecito del mediodía, en momentos puntuales –algún tipo de manifa de carácter sociopolítico-, acostumbran a farfullar –les he oído-  semejantes reflexiones navarristas,  franquistas, de españolada… Sin duda preñadas de ignorancia, auto-odio o todo a la vez. Cualquiera sabe.

-Esto me aclara muchas cosas, tantas… -me comentaba la porteña, algo más distendida- . Ya no podés cambiar a esta gente. Decile gordo –se dirigió cariñosamente a su pareja- que allá en la mera Argentina, tenemos gente tan pelotuda, que maldice de San Martín, porque nos separó de la madre patria…¿Vos entendés?

– El caso es –insistió el ché, un tanto abrumado-, que tan sólo pretendíamos saber que significaba esto que se indica aquí: Privilegio de la unión.  Tan sólo eso, no más, nada de todas esas boludeces que nos han enfermado…

Brevemente les expliqué como tal Privilegio venía a sellar la paz ciudadana entre los burgos de San Cernin, San Nicolás y la Navarrería, algo muy en  línea con un rey, que como gran estratega de la paz, consiguió tanto la navarrización como un el espectacular florecimiento del reino…

-Hombre, matizó ella- en algo podía tener razón el careta (persona atrevida) de tu paisano, pues el famoso Carlos III, por supuesto, sin quitar nada al vuestro, es reconocido también como un rey que debió emprender ciertas reformas y modernizar España. Así por lo menos nos lo enseñaron en el Liceo.

– Por lo menos –apunté- en la capital del estado. Habría que matizar lo que supuso para el resto del estado, pero evidentemente ni es el momento ni quizás sea un servidor la persona más adecuada…

– Lo triste es –prosiguió- que un navarro, como el cusifai (persona) ese, por cierto algo farabute (fanfarrón), ignore, que eso se podía disculpar, peor aún, desprecie la historia de los que de alguna forma han construido esta tierra…

– Así es. Claro que las cosas no son tan simples. Se quedarían ustedes asombrados si supieran toda la labor de zapa, desculturización, ataque a nuestras instituciones, destrucción de lengua, patrimonio y  señas de identidad a las que desde muy antaño ha sometido el estado español a Navarra y al país vasco en general… No es de extraño pues, que haya tanta gente absolutamente equivocada y desconcienzada…

Seguimos, vamos a decir, glosando el sucedido, destacando –algo que confirmaron- como las noticias que llegan a ultramar, suelen estar, algo que puede atestiguar cuando viajo por aquellas tierras, tan trufadas, como tergiversadas o adulteradas.  Lo realmente difícil que resulta para el pueblo vasco relatar nuestra realidad, nuestra historia y nuestras ilusiones.

Pero la “brunete mediática”, es la que es, y no podemos olvidarla a la hora de trabajar por nuestra soberanía. Pero ahí seguimos, ilusionados porque llegue un día en que las cosas sean como son y no como se cuentan.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua