Las Normas Urbanísticas Comarcales constituyen uno de los instrumentos de Ordenación del Territorio definidos en la Ley Foral 10/1994 y su objeto es ordenar el territorio, en este caso, de la Comarca de Pamplona. En coherencia con la planificación de la estrategia territorial europea, persiguen la planificación con el objetivo de mejorar la calidad de vida de sus habitantes, en base entre otros a los principios del “desarrollo urbano sostenible”. Dentro de éste existen una serie de apartados como son: Red básica de recorridos ciclistas y peatonales y Sistema de espacios libres; Parques Urbanos Comarcales, Reservas para espacios naturales y Reservas paisajísticas.
En la Iruñerria están delimitadas diez Reservas Paisajísticas, en teoría con la finalidad de “preservarlas de acciones fundamentalmente constructivas”. El criterio es mantener estos espacios bien en su “estado actual como referente paisajístico” o podrán compatibilizarse con aquellos otros usos que “adecuadamente regulados, no comprometan la imagen del conjunto y su condición de espacio libre…” Pero como esta normativa no explicita que porcentaje de espacio se debería dedicar a zona verde y cual no, su aplicación depende de varios factores: las necesidades de suelo de la “cofradía del hormigón y el ladrillo”, la disposición (generalmente favorable) del Gobierno de Navarra y Ayuntamientos a aceptar sus propuestas y la fuerza que hagamos desde la ciudadanía para defendernos de la voracidad y el saqueo de esos espacios naturales.
Ejemplos de lo expuesto y que están de actualidad tenemos Santa Lucía-Soltxate para construir la nueva cárcel y las urbanizaciones en el Señorío de Eulza en Barañain y la Morea en Burlada.
Sobre la macro cárcel en Santa Lucía-Soltxate se ha dicho mucho y bien, en especial por parte de la AAVV Sanduzelai y ha habido pronunciamientos de sectores que generalmente suelen estar callados (cosa que es de agradecer) como son los más de 80 profesionales, técnicos y expertos. Estos han manifestado su “rechazo al emplazamiento elegido para el nuevo centro penitenciario por invadir y ocupar masivamente la reserva paisajística establecida en las normas urbanísticas comarcales, anulando con ello la posibilidad de que dicha reserva se convierta en un parque urbano”. En concreto es un 28’5% del total libre de los 1.000.000 m2 de la superficie. Una coherencia con esos planteamientos les exigiría también manifestar su rechazo también a las actuaciones en el Señorío de Eulza y en la Morea.
Sobre el Señorío de Eulza, el Gobierno de Navarra en complicidad con el Ayuntamiento de Barañain, ha dado su aprobación a que un 20% de esa área protegida se convierta en cemento. Alrededor de 1.000 nuevas viviendas nos deleitarán con su presencia, además de nuevos viales, rotondas, etc.
En la Morea de Burlada, más de lo mismo. Recientemente el Gobierno de Navarra nos anunció su voluntad de construir en esa zona protegida 1.116 nuevas viviendas bajo amenaza de expropiación. Todo esto sin consultar al Ayuntamiento ni al vecindario y sin tener en cuenta las afecciones sociales, económicas y ambientales que acarrearía a Burlada; municipio deficitario donde los haya y que tiene que hacer frente a la otra barbaridad en construcción, como son los mieles de viviendas en su término de Ripagaina. El proyecto de viviendas en la Morea ocuparía junto con los viales el 60% del espacio verde y en vez de Parque Comarcal nos quedaría una urbanización con zonas verdes. En la Mesa Redonda de presentación organizada por NaBai resultó patético escuchar las bondades de su propuesta a los redactores del Plan, Srs. Víctor Honorato y Sigifredo Martín, ante los ojos atónicos del vecindario y más que sospechoso el que los que también fueron redactores de las Normas Urbanísticas Comarcales, nos venga a explicar ahora lo maravilloso y necesario de ese engendro urbanístico. Como si el vecindario no tuviera claro que modelo de ciudad queremos… El Director general de Vivienda y Ordenación del Territorio Jesús Javier Ascunce, en el colmo del cinismo nos quiso convencer que “era necesario intervenir en la Morea por la falta de viviendas existente en Iruñerria”. Viviendas no faltan, de hecho existen más de 25.000 vacías. Lo que falla es su distribución y esto es un problema político. Por otra parte, además del derecho a la vivienda existe el derecho a la salud y al medio ambiente
Las reservas naturales y paisajística representa un recurso en la planificación urbanística de cara a dotar a las ciudades de un cinturón verde que haga de pulmón equilibrante. En Iruñerria, a diferencia de numerosas ciudades más sensibles y democráticas, apenas existen estas reservas debido a la voracidad de la especulación y el urbanismo salvaje y además las existentes se están reduciendo.
El territorio es un bien no renovable, esencial, frágil y limitado y se debería preservar sus valores para las generaciones presentes y venideras. Las actuaciones con gran incidencia territorial (urbanización, obras públicas, extracción de minerales, etc.) tienen habitualmente consecuencias irreversibles.
La propiedad del suelo y la vivienda debe ser ejercida con respeto de su función social, a la sostenibilidad del Planeta y con la asunción plena de la responsabilidad de potenciar su utilidad, su valor ambiental y su potencial paisajístico. Por otra parte, disponer de un entorno de calidad no sólo evita daños ambientales y de salud sino añade es un plus a la calidad de vida.
Aunque tarde, urge pues poner las bases de una nueva cultura del territorio para que impregne la práctica de los ayuntamientos y el conjunto de las administraciones navarras, evitando los excesos privados que padecemos y haciendo prevalecer los valores de la sostenibilidad ambiental, la eficiencia funcional y la justicia social. Esto es lo que exigimos los grupos ecologistas y vecinales de Iruñerria.








