El 25 de Octubre, los uruguayos deciden si anulan la ley de caducidad o si se quiere ley de punto final, o ley de impunidad.
Dicen que los impulsores de esta consulta alegan que en 1989, la población votó coaccionada por el peso decisivo de los militares en la política nacional.
Dicen, que los ojos del continente, tienen la mirada puesta en este pequeño país.
En realidad y por lo visto, la revocación de estas leyes y los intentos de encausar a gobernantes, militares, y cuerpos represivos de las dictaduras no han pasado de una confusa comedia o de un entramado paripé.
Incluso las contemplaciones con los genocidas, caso de ser juzgados, ahí está Karadzic, nada tienen que ver con las utilizadas, por ejemplo con insurgentes, trátese o no de los convencionales terroristas…
Es lo mismo que se trate de Argentina, de Chile o de otros países en situaciones similares. Lo cierto es, que los nuevos gobiernos “democráticos”, más que encontrar serias dificultades para ejercer esta justicia reparadora, han tratado con guante blanco a esta canalla golpista.
Eso nos tememos que pase en Uruguay, caso de ser repudiada en el plebiscito, la ley de caducidad.
Y es que aún en el caso de ser condenados, es igual que tengan un historial criminal que asusta, caso Videla o Bordaberry, enseguida se les suavizan o condonan sus condenas.
Es lo que tiene el ser uniformado. Es como si gran parte de la opinión pública de esos pueblos, perdonara más fácilmente las atrocidades de estos profesionales de la muerte que las de otros criminales. Y tal posibilidad, si que nos estremece.
Son demasiadas las voces que en América latina y en el resto del mundo, han clamado contra esta impunidad. Lo cierto es que guardando unas mínimas formas democráticas, se han condenado las dictaduras y “iuxta modum” lo que es decir con graves reticencias, a algunos criminales.
No es poco y es mucho, que los Pinochet y otros muchos, se hayan visto desacreditados y denigrados en vida.
Esto pasa y ha pasado incluso en repúblicas que se les tildó de bananeras y de exigua calidad democrática.
Lo escandaloso es, que estados calificados de “segunda”, hayan cumplimentado esas “mínimas” formas democráticas, que otros estados de “primera”, han pasado por alto.
Sin ir más lejos un estado democrático y de derecho… como es el español. Porque aquí hubo una larga noche de crímenes, obscurantismo y represión, no tan lejana: la dictadura franquista.
Nos hemos acostumbrado a la saña con que el estado español persigue a toda la disidencia vasca sea o no “terrorista”. Por eso no podremos entender, la complicidad de un partido, que se decía de izquierdas, con los sanguinarios criminales de la dictadura franquista.
Pacto mafioso de silencio, manto de olvido, para compadrear con unos asesinos, cuyo reguero de terror, de muerte de degradación, por sus dimensiones terroríficas, superó infinitamente a la violencia terrorista. Esta mata, pero habitualmente ni tortura ni degrada a la persona.
Eso fue y es el PSOE. Cómplice, colaborador -o rufián- con el franquismo y con los franquistas, muchos de los cuales, todavía pululan por ahí. Nunca exigió un juicio contra el fascismo español, ¿por qué?. Muchos intuimos la respuesta, pero la cautela todavía está vigente.
Gran hipocresía es dársela de progres -algo muy propio de nuestro arrogante primer mundo- condenando ciertas dictaduras y dando el Nobel a genocidas de guante blanco como Kissinger, Menachen Begin, terrorista confeso, o a James Carter autor material de la guerra de Afganistan.
Aquí, la hipocresía y la ignominia fue perdonar al franquismo y a sus secuaces. Y lo que aún es peor, haber humillado la cerviz hasta dejar en sus manos todos los recursos de la política, de la economía y de la represión. Eso hizo el PSOE y otros partidos de la izquierda. Muchos estamos esperando que nos digan cómo y por qué lo hicieron.
¿Por qué los españoles no exigieron un juicio justo a la dictadura?
¿Será por tratarse de una sociedad apática, abotargada, fácilmente moldeable, tan solo preocupada por las disquisiciones metafísicas sobre adefesios como los Cachuli, las Belenes y Rociitos o los atributos del conde del Lucero?
De no ser así lo parece. Muy en tela de juicio quedan sus niveles democráticos, cuando con tremendo agravio comparativo, se perdona o en su caso se ensalza a quienes desgarraron un país y tan acervamente se condena a los que unas veces acertada, y otras equivocadamente pugnan por recomponer lo que ellos consideran su patria.
Eso es lo que la mayoría de los vascos no entenderemos ni aceptaremos de los españoles, su indiferencia, cuando no condescendencia con la cruel dictadura franquista y la demonización o criminalización de la insurgencia y disidencia vasca, evidentemente no me refiero a la armada, sino a la pacífica y democrática, quizás la mas odiada.
Lo se. Con las cosas del imperio no se juega. Es crucial mantener el imperio, aunque tal imperio, sea el resultado de siglos de sangre y fuego.






