Reflexiones de un corellano en torno al euskera

“Si yo fuera el Presidente de Navarra…”. Ruego se me permita utilizar esta figura retórica, que tanto se utiliza en la vida cotidiana, y que en la Ribera solemos introducir con la expresión “si yo mandaría…”, para exponer algunas ideas sobre el euskera y la situación actual del euskera en Navarra. Creo que la legitimidad de esta figura retórica se sustenta en razones obvias, y, en cualquier caso, entiéndanse las limitaciones del discurso que esta forma de expresarnos nos exige.

1.- En tomo a la oficialidad. Sin dejar de compartir la mayor parte de las propuestas que los euskaltzales de Navarra expresan sobre este tema, si yo fuera presidente de Navarra lo primero que haría no sería proclamar la oficialidad del euskera, sino aplicar el “pase foral” a la oficialidad del castellano impuesta por la Constitución española. Yo no creo que ninguna Constitución deba imponer a los ciudadanos la obligatoriedad del conocimiento y el uso de una lengua.

Las lenguas son de la gente, de los pueblos y no de la República o del Estado. Las administraciones deben procurar entenderse con los ciudadanos en las lenguas que sean propias de sus ciudadanos, y deben procurar poner los medios para ello en todos los ámbitos. Hay que tener claro que es la administración la que está al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio de la administración. Aunque ya sabemos que esto es en cierta medida utópico.

En los cimientos, autoritarios, del Estado moderno encontramos la consigna “Un Imperio, una Religión, una Lengua”. Frente a ella, la respuesta no es otra que “Pluralidad, democracia y libertad de pensamiento”. En la Ribera la propaganda contra el euskera se hace diciendo que se quiere imponer el euskera, lo cuál es solo prueba del cinismo más abyecto. En cualquier caso yo me opondría tajantemente a un tipo de oficialidad del euskera “a la española”.

Nabarra, que históricamente se forma como nación, como institucionalización social del pueblo del euskera (Euskal Herria), es hoy una realidad plurilingüe, y cualquier forma de administración debe oficializar esa realidad, reconociéndola. Lo cual no niega la necesidad de apoyar e impulsar las medidas necesarias para la recuperación del euskera como lengua de los navarros, en compensación de los embates sufridos por nuestra lengua en los últimos siglos que han producido su retroceso y su minorización. (Un testigo tudelano en un proceso de 1540, contra el nombramiento de Pedro López de Zamora como Protoalbeitar de Navarra, argüía que “la mayor parte del Reyno es bascongada”. En el s. XVII, el licenciado Lubián, sangüesino, vicario de Lumbier, escribía: “No hay ningún lugar, ni ciudad ni villa en este Reyno, en que no aya bascongados”).

Hoy en día, las lenguas, para sobrevivir, necesitan un territorio propio. El territorio del euskera es el conjunto de Nabarra. El reconocimiento de esta territorialidad es lo que se exige bajo el lema de la oficialidad. El euskera es tan propio de un navarro de Corella como de un navarro de Lesaka o de Etxarri-Aranatz. El objetivo de una sociedad integrada lingüísticamente no es compatible con la exclusión de una parte de esa sociedad. El concepto de zona no-vascófona es una aberración. La Ribera nunca ha sido zona no-vascófona. Lo que caracteriza a la Ribera históricamente es la convivencia de lenguas y de culturas. Del euskera y de otras lenguas. De la cultura navarra y de otras culturas. (Es bastante lamentable que Euskaltzaindia todavía no haya llegado a comprender este concepto y se empeñe en oficializar los nombres en euskera de los pueblos de la Ribera con grafía no euskérica. Es lamentable que en los medios euskaldunes tengamos que leer Murchante al lado de Txina, Cortes al lado de Kroazia, etc…).

En todo caso, me parece necesaria hoy en día una cierta zonificación lingüística de Navarra, para poder atender a ese proceso de recuperación. En un contexto general de convivencia de lenguas y de fomento del bilingüismo, sería de todas formas conveniente la existencia de una zona lingüísticamente reforzada en torno al euskera (lo que hoy se denomina zona vascófona) en la que la vida social y administrativa pudiera desarrollarse integralmente en euskera, de tal manera que se posibilite que en el conjunto de Navarra puedan convivir personas monolingües vasco-parlantes, personas monolingües castellano-parlantes y personas bilingües vasco-castellano-parlantes, además de todas las combinaciones de plurilingüismo que la gente quiera y demande.

2.- Universidad. El reto mas importante que tiene hoy pIanteado Nabarra en el ámbito cultural y lingüístico, similar al que planteó la creación de las ikastolas en tiempos del franquismo, es el de la Universidad euskaldún. Para que el euskera pueda lIegar a desarrollarse como lengua de cultura con todas sus consecuencias es imprescindible que contemos con una Universidad propia en euskera. Si yo fuera presidente de Navarra, propondría la creación de la “Nabarrako Euskal Unibertsitatea” con ubicación en Iruñea/Pamplona, abierta a los euskaldunes del mundo entero, con profesorado propio (no funcionarios del Estado Español), con gestión compartida con todas las administraciones que quisieran implicarse y con participación de la iniciativa privada…

Simultáneamente pediría a la juventud la implicación, el estudio, la investigación, el trabajo en euskera. El euskera necesita informáticos, matemáticos, ingenieros, poetas, sociólogos… De Bera o de Tudela, da igual. Buenos informáticos que creen programas en euskera, buenos físicos que investiguen en euskera, etc…

3.-Proyección intemacional. Es de sobras conocido el interés y la admiración que el euskera ha despertado en investigadores europeos de máxima proyección, empezando por Humboldt hace ya 200 años, que es hoy continuado por el trabajo de varias universidades europeas.

Si yo fuera Presidente de Navarra promocionaría el euskera a nivel europeo, e incluso promovería una iniciativa socio-político-cultural para ofrecer la “candidatura” del euskera como lengua oficial europea. Hace poco un experto en el movimiento de construcción europea vaticinaba que en los próximos años la cuestión lingüística va a ser el eje central de la “pelea comunitaria”, más que el dinero, el derecho al veto o los votos, ya que tras la próxima ampliación “será imposible mantener con las 23 lenguas oficiales que habrá al final de la ampliación el mismo sistema de traducción que ahora se utiliza en las casi 70 reuniones que se celebran a diario en los distintos organismos europeos”.

La idoneidad de esta “candidatura” se sustenta en varios puntos: a) No es una lengua estatal, por lo que no suscitaría tensiones derivadas de la preeminencia de una lengua estatal sobre otras. b) Es la lengua más antigua de Europa, que ha llegado a nosotros desde la infancia de Europa. Como tal, es también la más mestiza de todas, la que aglutina más rasgos de todas las lenguas europeas. En ella encontramos sobre una base preindoeuropea, rasgos y préstamos célticos, latinos, romances… Es a la vez una lengua que estamos construyendo todavía, es una lengua viva, que se adapta a la sociedad actual. c) En ciertos aspectos es la lengua más moderna de Europa, por ejemplo en el tratamiento del género. En este sentido es la mas adaptada a la realidad social del siglo XXI en Europa. d) Etc…

Habrá quizás personas que consideren extravagante esta propuesta. Pero ¿acaso no es más extravagante el auto-odio, el desprecio de la cultura propia, la inquina con que se ataca a la lengua de los navarros y el desprestigio de Navarra en los foros europeos?

Reflexiones expuestas en la conferencia organizada por la Sociedad de Estudios e Iniciativas “Iturralde” el 14 de Junio de 2001 en el centro Cultural Nabarreria de Iruñea, dentro del ciclo “Nafarroa. Historia eta Kultura”. El título de la conferencia era “El euskera en la Ribera “.

 

http://www.euskalnet.net/jabiersainz/burutapen.htm