Quim Arrufat: “Si el 27-S hay una mayoría independentista, debemos proclamarla enseguida”

Entrevista exclusiva Tribuna.cat a Quim Arrufat, licenciado en Ciencias Políticas y diputado por la CUP en el Parlament

A Quim Arrufat le gusta ir a las raíces. Cuando tenía dieciocho años, decidió conocer de cerca la realidad de la ribera sur del Mediterráneo y vivió un año en Túnez, estudiando el árabe. Después, vivió en Estambul, donde palpó de cerca las contradicciones internas de la sociedad turca.

Un buen bagaje para trabajar más tarde en el CIEMEN. Comenzó a hacer política institucional como concejal de las CUP en Vilanova i la Geltrú. Como diputado en el Parlamento, este licenciado en Ciencias Políticas ha destacado como voz rigurosa, exigente y respetuosa a la vez. Es la marca CUP.

 

– Asistimos cada día a una agresión al proceso desde el Estado. En pocos días, el Constitucional ha suspendido la consulta del 9-N; ahora, el CGPJ suspende el juez Vidal… ¿Esperabais en la CUP este tipo de reacción desde el Estado?

– No nos ha sorprendido. Si el Estado que estuviera administrando Cataluña en estos momentos fuera otro, con una oligarquía diferente, dentro y fuera del Gobierno, habría reaccionado más como hizo David Cameron con Escocia. El Estado español, el Gobierno pero también las estructuras del Estado, cavan su propia tumba. Con otro Estado español, yo no dejaría de ser independentista, porque nuestro proyecto es en positivo, pero los términos del debate serían otros.

 

– La CUP ha sorprendido a unos y otros, y a casi todo el mundo de manera positiva. ¿Tienen la sensación de haber demostrado que se puede ser “radical” y serio?

– Había un objetivo con la entrada de la CUP en el Parlament, un objetivo no de programa político, que era hacer que determinadas prácticas e ideas políticas fueran respetadas, en el sentido menos autoritario del término. Que ser de izquierdas e independentista no fuera un oxímoron. Como a veces intenta el españolismo. Como si la independencia fuera una idea conservadora y, por tanto, ser de izquierdas e independentista no puede ser. Como desde una derecha catalana intenta también decir que los catalanes no podemos ser muy de izquierdas, ni plantear cambios radicales, y que todos tenemos que ir juntos, desde el más pobre hasta La Caixa. Hacer respetar una manera de hacer política que combina la lucha a las instituciones con la lucha en la calle era un objetivo no escrito. Algunos pensaban que seríamos unos “Ciudadanos 2”: populismo, eslóganes, platós…

 

– Tengan cuidado. Los elogios inmoderados a veces son la forma que tiene el sistema de integrar los heterodoxos, ¿no cree?

– Claro. Es obvio que las burguesías de aquí y de allí son diferentes. Si la irrupción de fuerzas rupturistas en Madrid es saludada de forma virulenta desde la derecha, Cataluña lo que se ha intentado es incorporarnos. Son talantes diferentes.

 

– Las CUP son una fuerza con unas sólidas raíces municipales. ¿Hasta qué punto las municipales de mayo pueden ser incluso más trascendentes que las elecciones del 27-S?

– Hombre, si es por cantidad, son más trascendentes para nosotros las de mayo. Como irrupción de fuerza política, sí. Tenemos más de 150 candidaturas en ayuntamientos, acabaremos cerrando más. Creo que entraremos en prácticamente todos los municipios donde nos presentamos. Esto puede dar una cifra de 400-500 concejales. Y varias alcaldías. gobernada por una fuerza anticapitalista de base municipalista. Hemos evaluado cada situación, no hemos hecho candidaturas fantasma, hemos dicho que no a listas que se querían presentar. Si no conocemos suficientemente la ciudad o el pueblo, no nos presentamos. Venimos de una tradición muy larga, desde Pi y Margall. Mira… la gente puede pasar hambre, pero si tiene esperanza y confianza en sí misma, es imparable. Si tenemos un movimiento asociativo fuerte, un movimiento ateneístico fuerte, se sale. Lo peor es cuando los tuyos te fallan. Entonces, la gente se desmoraliza. Por eso debemos ser cuidadosos a la hora de construir un instrumento político.

 

– Ustedes están tejiendo lo que podríamos llamar una geometría variable en cuanto a alianzas políticas de cara a las municipales. Cuéntenos un poco eso.

– Sí, pero eso no se ha tejido desde un centro, eh. La CUP funciona primero desde los municipios. Hay algunas listas hechas con Izquierda Unida, otras con Proceso Constituyente, e incluso algunas con Podemos. En algún municipio quizás vamos juntos con diversas fuerzas, entre ellas Iniciativa. Con Iniciativa quizás se nos hace más difícil ir juntos en muchos lugares por su pasado de gobierno, que no corrige.

 

– ¿Los municipios son el terreno donde esperáis a Podemos?

– Es nuestro bastión. En los últimos quince años, en los Países Catalanes, la izquierda independentista y los movimientos sociales hemos construido 170 centros independentistas, esto es una realidad arraigada en el territorio, que abre todos los días, que apoya la PAH, el 9-N… Por mucho que se tenga clara una ideología independentista y de izquierdas, eso sólo no sirve para un programa municipal. Para un municipio sirve una ideología y unas prácticas arraigadas en el territorio.

 

– ¿El proceso soberanista está apoyado en una visión estratégica muy trabajada? ¿Tiene en algún momento la sensación de que, en el fondo, por las razones que sean, esto no va en serio?

– Es que el proceso no es un sujeto. No es nadie. Cada uno juega su estrategia, empezando por Unió y terminando por otros. Hay quien se proclama retóricamente a favor del derecho a decidir para luego fraccionar el voto. Hay quien, legítimamente pero de forma interesada, ha planteado el camino hacia la independencia como un camino en que se han de salvar los muebles de quien tiene muebles para salvar. Como un proceso que tiene que gustar a ciertos poderes, a la comunidad internacional, para que no lo vean con miedo. En un primer momento -ahora ya no- lo plantearon como un negocio seguro en el que todo el mundo acabaría teniendo más dinero. Se ha pasado del argumento economicista al argumento democrático. Ahora toca pasar a la fase de llenar de contenidos el camino hacia la independencia. Es la independencia con proceso constituyente.

 

– ¿Qué quiere decir eso?

– Pues que la gente debe tener la convicción de que la independencia implica entregar el poder político a la gente. Recogiendo los principios de la Revolución americana. Si no, no vamos a ganar. Si no, prevalecerá la percepción de que hay quien quiere la independencia para que nada cambie. A nosotros no nos gustó que al organismo que asesora al Gobierno catalán en el proceso se llamara ‘Consejo para la Transición Nacional’. Porque mucha gente guarda la memoria de lo que fue la transición, un cambio para que muchas cosas no cambiaran. Que no sea la transición que plantean el Gobierno catalán y CiU fruto del mismo esquema. Este país no tiene una mayoría españolista. Tendrá, en muchos aspectos, una mayoría castellanohablante, pero a la que no le da miedo la independencia. Salvador Seguí, en el Ateneo de Madrid, dijo que si un día se planteaba la independencia, los primeros que estarán en contra no serán los trabajadores, serán los dirigentes del Fomento del Trabajo. Este esquema se repite. La independencia aislada de los anhelos de cambio democrático y social de la gente no funcionará.

 

– ¿Cómo ve el escenario post 27-S?

– Si el movimiento soberanista popular sabe interiorizar que es imprescindible un proceso radicalmente democrático en nuestro país (paralelo a la declaración de independencia, por tanto), planteando las elecciones de septiembre como plebiscitarias al tiempo que constituyentes, en el Parlament puede haber una clara mayoría independentista por un lado, y por otro, una clara mayoría constituyente de izquierdas. Para construir lo que siempre hemos creído que podría ser este país. Hay fuerzas emergentes, como Podemos, que no jugarán a la independencia pero sí a un proceso constituyente. Puede haber una mayoría de toda aquella gente que quiere hacer un reset, es decir, hacer las instituciones más transparentes, preservar los derechos de la ciudadanía y lograr una distribución más justa de la riqueza. Si conseguimos poner en el mismo río que avanza en la sociedad catalana los dos anhelos de cambio, el independentista y el social y democrático, o constituyente, somos imparables. Pero esto no lo decimos sólo nosotros. Lo están diciendo, en formas diferentes, ERC, la ANC, Podemos… Incluso en parte Convergencia empieza a decir cosas en este sentido. Debemos sumar esa franja que no es independentista de partida, pero que se puede añadir si ve que va de la mano de cambios sociales.

 

– ¿La DUI es una gran solución?

– Depende de cómo se planteen las cosas. Ahora mismo, en este momento, después del 27-S se ha de hacer una proclamación de la independencia en caso de victoria del “sí” con más del 50% de los votos. Porque luego vienen las elecciones españolas. Y éstas deben tener lugar con el reto catalán sobre la mesa. Tener una mayoría independentista y no proclamarla sería un gran error. La independencia no es pulsar un botón. Pero hace falta una afirmación nítida antes de las elecciones españolas, que supondrán un nuevo escenario. Si no lo hacemos, nos tememos lo peor: un PP en minoría, que necesitará cerrar acuerdos, una CDC debilitada y una oferta del PP que implique una Hacienda propia, voz internacional y blindaje lingüístico. Si las elecciones son plebiscitarias, el resultado se proclamará enseguida. A ver, la DUI no existe en el derecho internacional. No hay procedimientos estandar en ello. Hay una proclamación en el sentido de decir: nosotros hemos decidido, queremos una respuesta del Parlamento español para negociar la independencia.

 

– Demos un giro temático, si le parece. La CUP preside la Comisión del Fraude. Han surgido críticas sobre el funcionamiento de la comisión. ¿Qué opina? ¿Está siendo una herramienta útil?

– En esta sociedad, criticar a los políticos en bloque es un recurso fácil. Cerca de la Comisión Pujol, se han generado muchas expectativas y voluntades también diferentes. Hay quien juega electoralmente. Para nosotros, es el fin de una etapa histórica, es enterrar el pujolismo como práctica política y como idea del autogobierno. Por eso es importante simbólicamente . Ahora, supone que vengan una serie de personas a hablar, en una especie de juicio que no es un juicio, donde pueden mentir, que tiene un componente de espectáculo mediático, donde un parlamentario tiene difícil acceder a pruebas y dispone de unos minutos para dirigirse a alguien que quizás hace décadas que comete delitos, y no pienso en nadie en concreto, eh. Pensamos que muchos de los que vienen lo hacen bien preparados. Por ejemplo, Jordi Pujol Ferrusola comunicó a David Fernández que no declararía. Una vez allí, se presentó con un pliego escrito. Todo lo que dijo en el juzgado lo repitió allí. Las mismas palabras, los mismos adjetivos. No lo juzgo, eh. Por otra parte, la tarea de una comisión de este tipo es averiguar qué ha fallado en el ámbito político e institucional, no dilucidar si alguien es culpable.

 

– Es obligatorio preguntarle por Syriza. La experiencia del Gobierno Tsipras está convirtiendo en una especie de laboratorio de las políticas de izquierda alternativa en Europa. ¿Cómo valora estos primeros movimientos de Atenas?

– De entrada, ya han cerrado un acuerdo sobre el memorando… Creo que en círculos del poder en Europa se puede llegar a la conclusión de que las políticas que se han hecho estos últimos años tienen unos límites, porque si no, pueden pasar cosas, como que la población se rebote, con posibles victorias de fuerzas como Syriza. Tengo la sensación de que, si Syriza se mantiene y en España también hay un cambio, se aprovechará este contexto para un nuevo pacto social para el sur de Europa: relajar plazos de pago, volver a inyectar líquidez e iniciar otro ciclo expansionista. Pero hacerlo con Syriza, y quizás Podemos, como artistas. Es decir, haciéndolos entrar en la lógica del sistema.

 

– Hacer unas concesiones que sirvan para legitimar el sistema.

– La UE debe hacer estas concesiones. Por rebote político, porque las economías no están funcionando, porque pierde peso internacional… Y de forma inteligente, las puede hacer dando protagonismo a fuerzas como Syriza. Haciendo una simulación, Podemos comenzó hablando de nacionalizaciones y pueden terminar volviendo muy contentos de Bruselas porque ha conseguido que se reinicie el ciclo expansivo, que es lo que ha pasado toda la vida.

 

– Quizás un factor positivo de un fenómeno como Syriza es que ha generado la idea de que la gente puede incidir en los acontecimientos.

– Sí. Diré una cosa: para las clases populares, es casi tan importante como tener pan el tener esperanza en un futuro mejor. Ken Loach hizo una película que se titulaba ‘Pan y rosas’, y hablaba de que más allá de los aspectos materiales, creer en un futuro mejor, con una buena relación entre las personas, es importante. En este sentido, que Syriza fracasara sería un golpe fuerte para nosotros.

 

– Por último, hablemos un momento de usted. Diputado Arrufat, se ha convertido en una de las sorpresas de la política catalana. Por su solidez dialéctica, por su perfil alto, que aprecian sus adversarios también. Conoce siete idiomas. Además del catalán, castellano, alemán, inglés, francés… ¿Dónde aprendió árabe y turco?

– Conozco siete idiomas pero evidentemente no los hablo todos al mismo nivel. Inglés, alemán y francés, bien. Conocí el árabe cuando a los dieciocho años fui a estudiar un año a Túnez. Eran unas semanas después del 11-S. Veía llegar muchos inmigrantes de la ribera sur y quería conocer ese mundo. Había hecho el primer curso de Ciencias Políticas, no me había convencido, decidí hacer un año sabático y pude estudiar Filología Árabe en la Universidad Al Manar. Y el turco lo conocí más tarde, cuando con un erasmus que hice en la Universidad de Galatasaray, en Estambul.

 

– Le interesan los idiomas.

– Sí, no es exacto que con el inglés nos entendamos todos. Para comprender una sociedad, debes conocer su lengua, que es lo que te dice más de su estructura mental.

 

– Diría que es una persona leída usted. ¿Qué influencias ideológicas ha recibido? ¿Qué lecturas?

– Desde Pi i Margall y Salvador Seguí a todos los teóricos del pensamiento de izquierdas catalán, como Serra i Moret y Gabriel Alomar. Como lecturas, me impactaron ‘Incierta gloria’, de Joan Sales, y ‘El eco de los pasos’ de García Oliver.

 

– Es una buena combinación eso de Joan Sales y García Oliver. Oiga, una última pregunta. Ha hablado de esperanza varias veces. ¿Es creyente Quim Arrufat?

– No, no. Soy ateo. En eso soy bastante marxista. Creo que los hombres y las mujeres son capaces de hacer lo que han hecho, de hacer por sí mismos lo mejor y lo peor.

TRIBUNA CATALANA