Qué ganas tienen de que haya violencia

Tienen muchas, muchísimas, ganas de que estalle la violencia en Cataluña. Se estremecen por una foto que pueda demostrar que lo que desean a escondidas es verdad. Si el pasado marzo Juan Carlos Girauta, de Ciudadanos, criminalizaba la Asamblea Nacional Catalana diciendo que está “organizando un golpe de Estado” y que su presidenta, Carme Forcadell “será responsable de todo lo que suceda en Cataluña en términos de violencia”, ahora ya se le han añadido un buen número de voces del tridente españolista que integran los partidos de Pere Navarro, Alicia Sánchez-Camacho y Albert Rivera. Los tres trabajan coordinadamente y publicitan la misma consigna: “En Cataluña hay crispación y fractura social”. Y como es mentira y todo el mundo lo sabe, intentan fabricar las pruebas con el mismo cinismo de Juan Fernando López Aguilar, aquel ministro español de Justicia del PSOE que en 2008 confesó haber fabricado pruebas para mantener en prisión a personas que ya habían cumplido su condena, o que el no menos cínico Mariano Fernández Bermejo, su sucesor, que también confesó que las pruebas fabricadas contra dos listas electorales en el País Vasco eran “para garantizar lo que queremos: que no puedan concurrir a las elecciones”.

 

Últimamente ha sido Pere Navarro en persona quien, con el mismo cinismo, nos ha hecho una demostración de cómo se fabrica una ‘prueba’ que dé verosimilitud a la consigna del tridente. Se trata de aprovechar la más mínima banalidad o simpleza y sobredimensionarla a fin de que los medios de comunicación piquen el anzuelo y se hagan eco con grandes titulares. Ahora, ciertamente, gracias a los testigos, ya sabemos que el puñetazo que habría dado una señora a Pere Navarro en la puerta de la catedral terrassenca, el 27 de abril, es mentira. Sabemos que ni siquiera fue bofetada, sólo un suave y ligero roce en la mejilla. Pero el trabajo ya está hecho. Hacía falta, eso sí, convertir mediáticamente el cachecito en puñetazo para que hiciera efecto. Luego la máquina ya funcionaría sola: noticia en los diarios, imágenes en los telediarios, tertulias en radio, entrevistas en otras partes… Por cierto, ¿alguien sabe quién es la señora en cuestión? ¿Cómo es que después de que ambos estuvieran tranquilamente sentados casi tocándose durante toda la ceremonia la identidad de la señora permanece oculta? ¿No será porque a alguien no le conviene que hable? ¿No será que una vez rentabilizado el hecho ahora toca olvidarlo? ¿No debería ser precisamente el señor Navarro -si tan terrible fue el incidente y tanta indignación le provocó-, el principal interesado en saber la identidad de la señora? Pues no, porque el objetivo ya se ha cubierto con creces. Sólo hay que ver con qué celeridad se han añadido otras voces del nacionalismo español:

 

– Carlos Herrera, periodista de Onda Cero: “La agresión es porque Navarro no está por la independencia”.

– Ramón Tamames, catedrático de Estructura Económica: “En cualquier momento estallará la violencia en Cataluña”.

– Miguel Ángel Rodríguez, ex portavoz del gobierno español: “Los independentistas son personas que agreden”.

– Maurici Lucena, portavoz socialista: “La tensión irá en aumento”.

– Loquillo, cantante: “Se quiere votar para acabar con la democracia; lo mismo que pedían los nazis”.

– Loquillo, cantante: “Hay demasiadas conversaciones entre familiares que han acabado con una bofetada”.

– Santi Rodríguez, portavoz adjunto del PP: “Entendemos muy bien a Pere Navarro. Si el Gobierno no pone freno, el conflicto irá a más”.

– Paco Marhuenda, director de La Razón: “En Cataluña la gente te insulta y te empuja”.

– Javier Nart, candidato europeo de Ciudadanos: “La mitomanía nacionalista nos ha llevado a la fractura social”.

– Jorge Fernández Díaz, ministro español de Interior: “En Cataluña el soberanismo crea división”.

– Joaquim Coll, portavoz de Sociedad Civil Catalana: “El argumentario soberanista favorece la crispación”.

– Jordi Cañas, ex diputado de Ciudadanos imputado por un caso de fraude fiscal: “El principal problema de Cataluña es un gobierno irresponsable y unos partidos que provocan la fractura”.

 

No se puede negar que están sedientos de crispación, de fractura social y de violencia. Creen que si la consigna hace fortuna la gente se lo puede llegar a creer. Es aquello de la mentira largamente repetida. Se dan cuenta de que ni las amenazas, ni la intimidación, ni el catastrofismo no han hecho efecto y ahora toca activar un elemento más drástico del plan previsto. Ahora toca fabricar un pretexto que, además de difundir una imagen violenta de Cataluña, justifique y posibilite una actuación represora político-judicial que desacredite y detenga el proceso hacia la independencia. Tienen prisa y quieren solucionarlo antes del 9 de noviembre, fecha de la consulta. Saben que las urnas sólo las criminalizan las dictaduras y ese día habrá demasiados periodistas y observadores internacionales en Cataluña.

 

Nuestra consigna, por lo tanto, debe ser justamente la contraria: no caer en provocaciones, no hacerles el juego. Estamos a punto de hacer los últimos metros de lo que ha sido una larga escalada y no debemos distraernos por más que lo intenten como hace Pere Navarro cuando dice que “Mas no puede dudar que esto es una democracia real”. No es verdad, no es una democracia. La nación catalana no vive en democracia porque está sometida a un sistema político que no es el suyo. Para vivir en democracia, Cataluña necesita dejar de estar sometida a las leyes españolas y promulgar sus propias leyes. Ningún pueblo es libre si no promulga sus leyes. Cataluña, por tanto, necesita una democracia propia, necesita vivir en una democracia catalana.

 

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