La empresa del magnate ultra Peter Thiel está detrás de la IA empleada por EE.UU. en su campaña militar
En su fase inicial, la operación Furia Épica hizo honor a su nombre.
Solo en los cuatro primeros días de ofensiva, Estados Unidos aseguró haber alcanzado más de 2.000 objetivos en territorio iraní. Lo nunca visto. En la guerra de Siria, se necesitaron seis meses para alcanzar esa cifra.
Este ritmo vertiginoso se explica por el uso de la inteligencia artificial. Gracias a ella, el Pentágono puede cribar ingentes cantidades de datos recabados por sus sistemas de vigilancia y definir con rapidez sus posibles dianas. No es la primera vez que la IA se emplea con estos fines –ahí están los precedentes de Ucrania y Gaza–, pero la guerra de Irán ha supuesto todo un salto cuantitativo.
En el centro de esta revolución tecnológica está Palantir, la compañía de software cofundada en el 2004 por Peter Thiel, el magnate ultra de Silicon Valley obsesionado con el Anticristo que considera que la democracia es incompatible con la innovación y la libertad individual.
En sus inicios, Palantir –nombre inspirado en la saga literaria de ‘El señor de los anillos’– se especializó en herramientas de análisis de datos destinadas a la lucha antiterrorista. El trauma del 11-S estaba reciente y el yihadismo preocupaba mucho en Washington. Sus primeros encargos llegaron de la CIA, que incluso se convirtió en socio inversor, pero enseguida otras agencias federales empezaron a solicitar sus servicios.
En pocos años, y al mismo tiempo que expandía sus tentáculos en el sector privado, con jugosos negocios en industrias como la farmacéutica y la automovilística, Palantir fue infiltrándose en todos los rincones de la Administración estadounidense. Una penetración que se ha intensificado desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca: en el último año, la empresa ha firmado más de un centenar de contratos con una quincena organismos estatales, entre ellos el ICE, el controvertido servicio dedicado al control de la inmigración.
El principal cliente de Palantir es el Pentágono. Para él –y en el marco de un proyecto gubernamental de IA aplicada a la defensa iniciado en el 2017–, la empresa ha desarrollado el sistema operativo Maven Smart System. Esta plataforma es el cerebro de la campaña bélica en Irán. Interviene en cada uno de los pasos de lo que los militares denominan kill chain (cadena de matar): el proceso que va desde la identificación y localización de los objetivos hasta la ejecución del ataque y evaluación de daños. No hay nada que escape a los algoritmos de este software, cuya primera versión se estrenó en el 2021, en la retirada estadounidense de Afganistán, y el cual también ha sido adoptado por la OTAN.
La tecnología diseñada por Palantir está rodeada de secretismo, pero algunas demostraciones públicas han permitido obtener detalles de su funcionamiento. Así, se sabe que Maven reúne las imágenes y datos procedentes de satélites, drones, radares y demás fuentes de inteligencia en una sola interfaz para que los analistas puedan ver en tiempo real qué sucede en el campo de batalla y de qué opciones de ataque disponen. Por ejemplo, un operador puede pedirle al software que le muestre los equipos de artillería enemigos desplegados en una zona concreta y el sistema los sitúa en el mapa enseguida, tras filtrar toda la información disponible al respecto.
Para estas interacciones con el usuario, Maven recurre al modelo de lenguaje Claude, desarrollado por Anthropic, empresa que actualmente se encuentra en el punto de mira del Pentágono: a principios de mes, la compañía fue declarada un “riesgo para la seguridad nacional” después de que se negara a eliminar las restricciones que impedían emplear su IA en sistemas de armamento plenamente autónomos. Pese a este veto, el Departamento de Defensa ha autorizado a que Claude siga usándose en Maven durante seis meses más, a la espera de que otro contratista releve a Anthropic.
El Pentágono parece entusiasmado con las prestaciones de Maven. Como ha explicado en la red social X el almirante Brad Cooper, comandante del Mando Central de EE.UU., la IA ejecuta en segundos “procesos que antes tardaban horas, e incluso días”. Y no solo eso: según estudios recientes, el software de Palantir permite que 20 personas asuman el trabajo que antes hacían 2.000.
Frente a esa eficiencia, las voces de alarma: ¿y si el sistema falla en su selección de objetivos? ¿Están los algoritmos libres de sesgos? ¿Hasta qué punto los oficiales de carne y hueso controlan el proceso? ¿Tanta velocidad no puede nublar el juicio? El bombardeo de la escuela iraní de Minab, donde murieron más de 165 personas, la mayoría de ellas niñas, ha avivado estas discusiones, si bien todavía no se ha demostrado que la IA estuviera implicada en la masacre.
Los responsables de Palantir se muestran ajenos a cualquier debate moral. “Lo que hace especial a EE.UU. ahora mismo son nuestras capacidades letales”, dijo hace unos días el director ejecutivo de la compañía, Alex Karp. Él cree que su producto puede garantizar esa letalidad, y el Pentágono así lo reconoce: el pasado viernes, trascendió que Maven será designado “sistema central” de las fuerzas armadas, lo que asegurará su uso y financiación a largo plazo.
Todo ello ha ayudado a que Palantir se dispare en la bolsa: desde que estalló la guerra, sus acciones han subido cerca de un 24%. Mientras, el Nasdaq, el índice de referencia del sector tecnológico, ha caído alrededor de un 4%.
Nadie sabe aún qué pasará con Irán, pero Palantir ya figura entre los ganadores de esta contienda.
LA VANGUARDIA










