Actualmente, diversas regiones de Estados Unidos y Canadá están sufriendo una fuerte ola de frío que está causando temperaturas bajas muy extremas y que pueden llegar a batir nuevos récords de frío. Todo es debido al Vórtice Polar que con sus violentas ráfagas de aire frío del Ártico golpea América del Norte.

Un Vórtice Polar es un ciclón que, a diferencia de los ciclones que se producen en las regiones cálidas de los trópicos, es permanente y, generalmente, se sitúa a miles de metros de altura, en las zonas altas de la atmósfera, mientras que gira en sentido contrario al de las agujas del reloj.
Hasta el momento, aunque se espera que lo peor está por venir, en algunas zonas de América del Norte, donde la temperatura es inferior a los -30º C, la sensación de frío, provocada por el gélido viento polar, alcanzó los -50º C, debido a la sensación térmica.
Todos estos sucesos, a muchos les ha hecho pensar sobre si de verdad se está produciendo un calentamiento del Planeta o, por el contrario, nos estamos acercando a una nueva glaciación. También, y como era de esperar, el frío extremo ha favorecido a los escépticos del Cambio Climático para subrayar que la tormenta polar demuestra la falsedad de las teorías acerca del Cambio Climático.
Sin embargo, siendo rigurosos, esta extrema ola de frío que tanto Canadá como gran parte de Estados Unidos están experimentando ahora, no cambia la trayectoria global del calentamiento del planeta. Sin embargo, existe una duda razonable. ¿Qué tiene que ver esta ola de frío con el Cambio Climático? Procuraré responder de modo sencillo. Es un hecho cierto e irrefutable que los diez años más cálidos de la historia se han producido a partir del año 2000 y que el hielo marino del Ártico está desapareciendo debido al Calentamiento Global, lo que permite que el Océano Ártico absorba más el calor debido a la radiación solar que el calor que desprende debido a la radiación que reflejan sus aguas desprovistas de hielo.
De este modo, el Ártico se calienta más rápido que el resto del planeta, hasta llegar a ser casi el doble del promedio mundial. La Corriente de Chorro o “Jet Stream” —una fuerte y estrecha corriente de aire concentrada a lo largo de un eje, casi horizontal, situado en las zonas altas de la atmósfera— sirve también como límite entre el aire frío del norte y el aire más cálido del sur y es impulsada por la diferencia de temperaturas entre las latitudes septentrionales y las tropicales.
Algunos científicos teorizan sobre el hecho de que, al reducirse la diferencia de temperaturas entre los trópicos y las zonas polares, ello puede debilitar a la Corriente de Chorro, permitiendo que el aire frío del Ártico se escape del Vórtice Polar y fluya violentamente hacia el sur. En este momento, eso parece que está ocurriendo ya que una inusual gran torcedura de la Corriente de Chorro ha posibilitado que el aire del Ártico fluya mucho más hacia el sur de lo que normalmente suele hacer.
Sin embargo, esta investigación es bastante preliminar, en parte porque el deshielo extremo del Océano Ártico es un fenómeno bastante reciente, por lo que los científicos no tienen las series de datos largas que necesitan para llegar a conclusiones más sólidas acerca de la interacción entre el calentamiento y deshielo estival del Ártico y las olas de frío.
Y mientras que la Ciencia del Clima se aclara y nos responde a nuestras dudas, mi opinión es que estos hechos son, en realidad, una prueba más de que el Cambio Climático es un fenómeno real y, desgraciadamente irreversible, debido a que las emisiones de GEIS que hemos echado a la atmósfera y seguimos echando estúpidamente, permanecerán en la atmósfera durante bastante más de un siglo.
Recordaré aquí que el Cambio Climático es a veces considerado más como un proceso de alteración global del Clima de la Tierra —lo que conlleva todo tipo de trastornos complejos que van ocurriendo a lo largo del tiempo— que como un mero calentamiento del Planeta. La ola de frío de esta semana que América del Norte está experimentando nos muestra que el Cambio Climático está modificando seriamente los patrones del clima, de manera que las alteraciones que se producen van más allá de lo que representan unos meros aumentos o descensos de las temperaturas.
Por ello, considero que, al entrar en juego las variaciones de las corrientes marinas y de las corrientes de chorro, el clima del Planeta se está volviendo del todo inestable y, sus vaivenes, expresados en olas de frío y de calor, no son más que la consecuencia del equilibrio inestable de la peonza climática de la Tierra. Una peonza que gira y gira del frío al calor, de una manera cada vez más extrema, hasta alcanzar un equilibrio estable con el advenimiento de una nueva glaciación.
http://juanjogabina.com/2014/01/07/olas-de-frio-vortice-polar-cambio-climatico-y-nueva-glaciacion/
Los avisos de la llegada de una nueva glaciación
Hace años, la Comunidad Científica mundial fue la que nos alertó primero con relación a este grave peligro que se cernía para la raza humana y, en general, para la vida en el Planeta, tal como ahora la conocemos actualmente. Lo dijeron muy claro. No sé si se debería decir más alto. Plantearon sus modelos de simulación y establecieron sus predicciones.
En nuestro caso, están acertando de pleno. Inviernos cada vez más fríos y veranos cada vez más calientes. También nos dijeron que el otoño y la primavera se acortarían cada vez más como así está ocurriendo, que pasamos del verano al invierno en menos de un mes. En otras latitudes lejanas a las nuestras, se hablaba de un notable incremento de las catástrofes naturales debido a inundaciones, terremotos, huracanes, sequías, etc.

Durante los últimos años, y en diferentes regiones, se han estado sufriendo intensas olas de frío y los picos de temperatura más altos son los que se han conocido durante esta época y baten records que no se había conocido en más de un siglo. Ya sé que los escépticos podrían achacarlo tranquilamente al azar o a la casualidad y seguir negando el Cambio Climático pero todo tiene un límite.
Las imágenes de los -50º C que estos días ha soportado Chicago no se me borran de la retina. Nos describen un espectáculo desangelado, gélido y dantesco que aunque tarde tiempo en desaparecer, se borrará del todo con la primavera tardía pero mucho me temo que es tan sólo un aviso que muchos científicos callan porque temen ser tildados de catastrofistas. El Vórtice Polar ha causado estragos en América del Norte y en muchos lugares, las temperaturas apenas no superaban los -30º C. Curiosamente, en esos mismos instantes, el Curiosity nos informaba que estaba a -29° C sobre la superficie marciana.
No es éste mi caso, ni el de tantos que sufren año a año fuertes olas de frio. Ya no hay lugar, ni para la esquiva, ni para el disimulo porque es evidente que nos estamos cargando los patrones del frío y hemos entrado en una fase de no retorno pero que será más o menos abrupta, en la medida que frenemos significativamente nuestras emisiones de GEIS a la atmósfera.
Los episodios climáticos recientes confirman la validez de los modelos de simulación sobre el clima que han sido elaborados y mejorados en los últimos años. A mi juicio, pecan de un exceso de candidez, debido a una autocensura que evita proporcionarnos escenarios cada vez más catastróficos como es el que se refiere al llamado Cambio Climático Abrupto.
A más de uno le podría parecer que al plantear la posibilidad de un escenario como el que representa el Cambio Climático Rápido o Abrupto se trata tan sólo de recoger una visión catastrofista acerca del futuro. No seré yo quien niegue tal percepción porque coincido en que se trata de un escenario catastrofista. Lo que, a su vez, no niega que cada vez sean mayores las probabilidades de que este escenario ocurra. Tendríamos que tener mucha cara si, encima de que cada año aumentamos nuestra emisiones de GEIS en un 5%, pensáramos que tamaña irresponsabilidad nos iba a resultar gratis y sin consecuencia alguna. Milagros de esta índole no creo que nos merezcamos.

De cualquier modo, el escenario del Cambio Climático Abrupto no es algo nuevo para nosotros los vascos. Hace unos 8.200 años, nuestros antepasados conocieron un episodio parecido que tuvo algo más de un siglo de duración. En aquel tiempo, todo se produjo inmediatamente y después de un largo período de calentamiento como es la fase en la que aparentemente estamos hoy. De pronto, tras varias décadas de calentamiento que posibilitaron el deshielo de los glaciares y la desaparición en verano de los casquetes polares, se colapsaron las corrientes termohalinas y llegó una fase de enfriamiento repentino como consecuencia del colapso de la circulación oceánica.
Por aquel entonces, las temperaturas anuales medias, en Groenlandia y en la Región del Atlántico Norte, comenzaron a descender unos 3ºC al año, haciendo que los inviernos europeos fueran cada vez más severos. Los glaciares empezaron a avanzar, los ríos se congelaron y las regiones agrícolas fueron cada vez menos productivas y muchos asentamientos humanos tuvieron que despoblarse, provocándose emigraciones hacia el sur de Europa, Mesopotamia y norte de África. Los análisis científicos sugieren que este Episodio estuvo asociado, y muy posiblemente causado por el colapso de la circulación de las corrientes marinas del Atlántico Norte, después de un período de calentamiento gradual.
Las mediciones de los hielos más profundos de Groenlandia y los registros oceánicos nos indican que, durante los últimos 730.000 años, ha habido ocho episodios que se caracterizan por ser rápidos enfriamientos debidos a un colapso de la circulación oceánica de las corrientes frías y calientes. Por consiguiente, se trata de un fenómeno que ya se ha repetido otras veces y que puede estar ya en la antesala de nuestra próxima historia.
En efecto, hace aproximadamente unos 12.700 años, y también asociado a un colapso evidente de la circulación termohalina, se produjo un enfriamiento de, por lo menos, unos 15ºC en Groenlandia, al igual que un cambio climático substancial, en la región de Atlántico Norte. Subrayaré que la duración de esta glaciación, conocida como la de Younger Dryas, no fue de un siglo sino de unos 1.300 años. Cada década, el frío era mayor y la temperatura descendía casi 3ºC.
En consecuencia, esta glaciación fue capaz no sólo de convulsionar el clima del Océano Atlántico sino también el de las tierras que conformaban Europa y América del Norte, pues hizo posible que gran parte del territorio europeo y norteamericano, cuando no eran nieves perpetuas, quedara bajo la nieve la mayor parte del año y que los icebergs se encontraran al sur de las costas de Portugal. ¿Cuál sería el impacto de un episodio parecido, hoy en día? Indudablemente, la suerte de América de Norte y de Europa está echada. El “homo stultus” está contribuyendo para que ello sea posible.
http://juanjogabina.com/2014/01/09/los-avisos-de-la-llegada-de-una-nueva-glaciacion/
Juanjo Gabiña








