Estamos a menos de 100 días de unas elecciones que deben tener un carácter netamente plebiscitario y la situación política del país no invita al optimismo. Alguien lo tenía que decir.
Estamos más o menos a medio camino entre el día que se firmó la hoja de ruta soberanista y la celebración de unas elecciones que deberían representar el inicio de la aplicación de los acuerdos que allí se explicitan. Y las previsiones de nuevas incorporaciones y de mejora del redactado no se han cumplido. Lo más caliente está el fregadero.
Como era de prever, las elecciones municipales no han servido para aclarar el panorama político. Más bien al contrario. Todo hace prever que las elecciones del 27-S serán plebiscitarias para unos, unas primarias de las españolas para otros y la gran oportunidad para echar a la derecha del gobierno para otros. Lo tenemos crudo.
La ANC, mientras tanto, parece dormida o entretenida con asuntos digamos que complementarios, dejando el protagonismo a los partidos independentistas y dando por supuesto que lo están haciendo bien. ¡Pues no vamos bien!
Estamos en la segunda quincena del mes de junio y hemos entrado de lleno en el escenario que se dibuja en el punto 4 del plan de etapas de la hoja de ruta de la Asamblea aprobado el 12 de abril en Lleida. He sido un firme defensor de ir actualizando, cada año, la hoja de ruta y no hay nada peor que constatar, año tras año, que sólo se cumplen los peores de los escenarios previstos. Estamos justo donde no queríamos llegar, pero ya estamos. Y nos lo jugamos todo con la precipitación de siempre, improvisando y muy satisfechos de hacerlo, por eso de ser el mejor exponente del carácter mediterráneo. No aprenderemos nunca.
Podemos hacernos las trampas que queramos y pintar las cosas de color rosa, pero los que lo vivimos en primera persona seríamos unos irresponsables si ocultásemos la triste realidad de la situación política que estamos viviendo. La Asamblea ha llegado donde está gracias a decir lo que pensaba o decía la mayoría de la gente, al menos la mayoría de los independentistas alejados de las estructuras de los partidos. Desde finales de noviembre pasado, medio descolocados por los acontecimientos y medio condicionados por las relaciones de varios tipos con las cúpulas de los partidos, hemos ido entrando en la dinámica de ‘ir tirando’. O decimos basta y rectificamos o dejaremos de ser la herramienta útil que hemos sido. Y no nos lo podemos permitir. Tenemos que trabajar con lo que tenemos y nos necesitamos todos.
He aprovechado los dos meses que ya hace que estoy lejos de la primera fila interna de la Asamblea para releer desde la declaración fundacional hasta la último hoja de ruta, pasando por aquel librito azul de las 175 razones de peso para el Estado propio que repartimos entre los asistentes a la Conferencia Nacional para el Estado Propio (30 de abril de 2011), que sirvió para poner en marcha la creación de la ANC. Por poco interés que tengan en saber dónde estamos y, sobre todo, hacia dónde tenemos que ir, les recomiendo estas lecturas.
Espero que lleguen a la misma conclusión que yo y que, por suerte, coincide bastante con lo que se recoge en la ponencia política y en la hoja de ruta aprobados en Lleida. Los partidos siguen siendo el eslabón débil del proceso y la sociedad civil debe seguir marcando el camino. No creo que haya que hacer, ahora, un repaso rápido de dónde están nuestros partidos, porque sólo hay que leer los periódicos o escuchar la radio y la televisión para llegar a la conclusión de que no están del todo por el trabajo. Más allá de declaraciones enternecedoras o contundentes, según lo que toca en cada momento, la mayoría de ellos están ahí para solucionar sus problemas internos -generados gracias al proceso-, para sustituir a los que gobiernan o para ir haciendo su camino sin terminar de ensuciarse las manos.
Y estar por el trabajo, aquí y ahora, es trabajar para sacar este país del pozo a donde nos han condenado, en los ámbitos social, cultural, económico, político,… Y esto implica, necesariamente, llegar a grandes pactos de Estado, precisamente para crearlo y disponer de la mejor herramienta para salir de este pozo por nosotros mismos. Y no lo haremos con apelaciones épicas o estéticas, sino con inteligencia y unidad.
A estas alturas, a nadie se le escapa que la hoja de ruta acordada en marzo entre algunos partidos -CDC y ERC- y las principales entidades soberanistas no recoge más que un guión torpe de estos grandes pactos que necesitamos. Lo puedo decir con conocimiento de causa, porque estuve presente en las 17 o 18 sesiones que sirvieron para llegar a donde llegamos.
Para llegar a acuerdos hay que sentarse y hablar y es constatable que esto no está pasando. Y hay que hablar de todo y de prisa, sin rodeos. Y hay que hacerlo y explicarlo. Es aquí donde la ANC tiene que tomar la iniciativa y proponer un guión de trabajo y un calendario. Y, mientras tanto, la ANC debe hacer aquello a lo que se comprometió en Lleida: preparar la convocatoria de una consulta que permita saber qué opinamos los ciudadanos sobre cómo debemos concurrir a las elecciones del 27-S para ganarlas de modo clamoroso. Nuestra precampaña sólo puede ser ésta. Como diría Pla, ¡el resto son gilipolleces!
TRIBUNA CATALANA







