A. Jauretche
Diversos factores han contribuido a la revitalización de la nacionalidad vasconavarra. Esta revitalización se manifiesta en los aportes culturales que la sociedad materializa en diversas acciones que desmienten el supuesto éxito del genocidio cultural que los Estados español y francés llevan adelante hace siglos. Si bien los efectos de la colonización emprendida por España y Francia han incidido fuertemente en la configuración de una compleja y heterogénea realidad sociocultural, no han sido lo suficientemente eficaces en su macabro objetivo. El efecto del impacto de la expansión franco española sobre Nabarra varió de región en región a instancias de las circunstancias locales y el resultado fue la creación de sociedades híbridas culturalmente, una de las cuales tiende a comportarse e identificarse con los invasores y otra a mantenerse dentro de la estructura preexistente, este tipo de sociedad dual o cultura dual constituye la fenomenología social actual.
La impregnación cultural franco española sobre Nabarra, impuesta no sólo por las armas, sino también por instituciones, modas, costumbres, ritos de cortesía y giros idiomáticos, circuló con velocidad en detrimento de las particularidades nacionales autóctonas. A la conquista militar siguió la cultural como mecanismo de asimilación de los vencidos. La disposición de poderosos medios de persuasión y las necesidades modernas encontraron favorable acogida a la creciente invasión cultural. El trasplante de ideologías y el trasvasamiento de formas de cultura y convenciones culturales fueron recepcionadas por quienes las consideraron un sagrado horizonte de aspiraciones.
El resurgir de la conciencia navarra se advierte en las formas o manifestaciones capaces de destacar la fisonomía originaria, con fuerza suficiente para poner en debate el status quo colonial y concluir con una auténtica independencia nacional. Podemos identificar estas manifestaciones en la recuperación simbólica socializada no solo en la producción de conocimiento sino también en conductas colectivas de (re)construcción de imaginarios nacionales similares a los lugares de memoria como Noaín y Amaiur donde la intervención popular es insoslayable. Los significados específicos de estos despliegues simbólicos exceden interpretaciones de escenificación política, contienen algo más secreto, difícil de representar, parecido a esa desesperada y vital necesidad de volver a ser independientes.









