Nacionalistas, sin embargo

Eso decía un amigo mío, buen científico, buen católico (es decir, libre de conciencia) y gran observador. Cuando oía decir “no soy racista, sin embargo…” saltaba “pues yo soy racista, pero…”.

Por si a alguien le cuesta, el racismo y el nacionalismo son fenómenos naturales, auxiliares y derivados del sentido tribal sin el cual nuestra especie no habría sobrevivido. Salvo algunas almas bucólicas y cándidas todos llevamos el racismo dentro… sin embargo. Pero como es egoísta y perjudicial, como está mal visto, lo matizamos o lo enterramos en las mazmorras de la buena conciencia. Pero está ahí.

De similar manera, -los extraños son peligrosos y los propios ayudan- la casi totalidad de los mortales lleva dentro un fuerte sentimiento tribal. Lo puede reprimir, modular o inflamar, pero está ahí. Y además se contagia. Y encima toma las más diversas y acreditadas formas, como eso tan repugnante, en mi opinión, del patriotismo, que sólo ha servido para matar y morir gente. El racismo, por poco que haya, todavía es demasiado y hay que fumigarlo para construir sociedades multiculturales.

En cambio, el nacionalismo que se conoce, se vigila y lleva el apagafuegos enfocado al propio peligro de inflamación, es todavía útil, sobre todo si no hay nada más a mano (y no hay nada más) para una comunidad diferenciada se salve de la asimilación a cargo de otra más grande y potente. Ahora es cuando debería comenzar el artículo, porque quería hablar de Estado y nación, pero como el preámbulo ha sido glotón de espacio, deberé encargar la reflexión a las neuronas del lector.

Si la nación fuera un producto del Estado, no un desarrollo de la tribu ¿cómo es que todavía estamos ahí los de nación catalana? El Estado que queremos debe ser instrumento de la nación, pero debemos tener en cuenta que la nación cambiará por obra del Estado. Los estados son instrumentos imprescindibles pero pueden llegar a ser terribles y manipular la nación hasta extremos insostenibles. Una vez salvada por el simple hecho de poseer uno, la nación debería acotar y vigilar al Estado, para que no la posea. Es decir, la secuestre, la esquile y la analfabetice (aún más).

ElTemps