Profesor de recursos energéticos y geología del petróleo en la Universidad de Barcelona
“Reto” Un 80% de la energía para electricidad y transporte viene de carbón, petróleo y gas. Hablamos de sustituir un 80% de la energía que nos mueve
“Ascenso” El 2016 el barril de petróleo bordeará los 50 dólares, según los expertos”
-El barril de petróleo ha terminado el año aún más barato de lo que lo comenzó. ¿Por qué?
Porque en noviembre de 2014 se produjo un hecho que marcó todo 2015, que es una reunión de la OPEP. Hasta entonces la OPEP controlaba la producción de un 30% o 40% del petróleo del mundo para mantenerlo entre 90 y 100 dólares el barril. Pero a partir de esta reunión, Arabia Saudí y las petromonarquías (Kuwait, Emiratos Árabes) decidieron que esto no era una buena política de futuro, porque con precios altos favorecían los competidores, que ponían aún más petróleo en el mercado gracias a que la tecnología avanza y podían perforar en yacimientos más inaccesibles, como ocurre en Brasil o el Ártico. Si mantienes el precio a 100 dólares por barril un período de tiempo suficientemente largo, lo que haces es dar una especie de subvención a estos países, que producen con costes más elevados. En cambio, Arabia Saudí y sus aliados lo podían permitir porque producen un barril a entre 4 y 20 dólares y pueden aguantar durante un cierto tiempo el reajuste de precios. Muchos otros competidores no podrán y quedarán fuera del mercado. O sea que los grandes productores dejarán de ganar un dinero a corto plazo, pero ganarán cuota de mercado especialmente en Asia, que es donde hay más consumidores.
-¿Y a quien pretendían dejar fuera?
El gran objetivo era dejar fuera el petróleo del fracking. Piense que a lo largo de 2014 los Estados Unidos habían tenido un aumento de la producción que no se había producido en los 100 años de historia anteriores. Del 2008 a 2014 los Estados Unidos incrementaron su producción en más de 3 millones de barriles diarios. Rusia no bajaba la producción, tampoco. Irak volvía al mercado. Pronto volvería Irán. Todo el mundo estaba apretando el acelerador y casi había exceso de oferta. Por otra parte, el crecimiento económico de los países emergentes ha aflojado. Y aún más el de los industrializados. No es que no creciera la demanda de petróleo, sino que no lo hacía a los ritmos a los que estábamos acostumbrados. Por todo ello los precios fueron hacia abajo, para que se transmitiera la impresión al mercado de que sobra petróleo.
-¿Y en 2016 qué pasará?
La Agencia Internacional de la Energía, con sede en París y más de 300 profesionales trabajando en este tema, calcula que a lo largo de este año, si no hay un imprevisto geopolítico, nos situaremos hacia los 50 dólares el barril.
-¿Y en los próximos cinco años?
Es muy difícil de decir. Siempre que tienes precios bajos no inviertes de cara al futuro. Si no seguimos invirtiendo en extraer más petróleo, esta situación de exceso de oferta en relación con la demanda se nos puede invertir. Tenga en cuenta que para ajustarse a la crisis las 10 compañías occidentales privadas que representan el 60% de la producción mundial han echado más de un cuarto de millón de trabajadores.
-Introduzcamos otro elemento en el tablero de ajedrez: el cambio climático. En París se acaba de firmar un compromiso mundial que nos debería llevar a consumir menos petróleo. O sea que aun teniendo un yacimiento por explotar tal vez ya no lo tocaremos.
Muy interesante. Fíjese que hasta ahora el pensamiento dominante era que el petróleo se agotaba y cada vez sería más caro porque quedaría menos. Pero con el cambio climático la percepción cambia. De hecho, ya en 2011 la Agencia Internacional de la Energía calculó que si un litro de gasolina son 2 kg y medio de CO 2, sabemos cuánto CO 2 potencial tenemos almacenado en el subsuelo. Y el resultado es que si queremos preservar el planeta nos sobran dos terceras partes de los combustibles fósiles, que deberíamos dejar sin explotar, en el subsuelo. Sobre todo carbón, que es el que contamina más, y luego petróleo y finalmente gas. Si somos consecuentes con el cambio climático -y yo tengo ciertas dudas- y tiramos adelante lo que hemos acordado en París, habrá un impacto financiero brutal para empresas y estados. ¿Cómo explicamos a la península Arábiga o Noruega que debe dejar parte de ello en el subsuelo ¿y que son menos ricos de lo que pensaban que eran? Y en países menos desarrollados como Venezuela tiene, además, una derivada de inestabilidad social y política enorme.
-Porque usted dice que somos el hombre del hidrocarburo.
Un 80% de toda la energía que consumimos para electricidad y para movernos viene de carbón, petróleo y gas. Estamos hablando de sustituir un 80% de toda la energía que nos mueve. Y no únicamente energía. El petróleo nos da potencia, que es energía por unidad disponible de tiempo. Es la diferencia que hay entre cultivar con una mula o con tractor. Esto son los hidrocarburos. Si somos consecuentes con París, tenemos un gran reto. Hasta el punto de que el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, advirtió hace pocos meses de que los inversores británicos podrían enfrentarse a pérdidas “potencialmente grandes” debido al cambio climático, y que los financieros deberían tener más en cuenta la calentamiento global en sus negocios porque podría ocurrir que grandes reservas de petróleo, carbón y gas quedaran “literalmente inservibles”. Por eso la recomendación es no poner todo el dinero en firmas energéticas de combustibles fósiles, sino empezar a invertir en energías limpias. El cambio climático, que hasta ahora nos parecía muy ideológico, tiene una vertiente financiera muy grande.
-¿Cree que no seremos consecuentes con la Conferencia de París?
Tengo un problema como científico, y es que me parece una representación política. No se establecen medidas para establecer un mercado de CO 2, que diga que la tonelada de CO 2 que produzcas la pagas a tanto. Sería una manera de rebajar esta ventaja competitiva que tienen los hidrocarburos fósiles sobre otros tipos de energías. No hay unos compromisos claros sobre cuánto deben rebajar las emisiones de aquí a 2020 o el 2025. Y es que el cambio climático es algo que es muy abstracto. Desde 1880 hasta ahora la temperatura media ha subido un grado centígrado. Y la gente se te queda mirando y dice que por qué tanta historia. Y entonces les tienes que explicar el síndrome de la rana hervida: si quieres hervir una rana tienes que ir subiendo poco a poco la temperatura, porque si no saltaría y se escaparía. Bien, el planeta está hirviendo poco a poco, y no lo acabamos de notar. Lo bueno de París es que por primera vez se oficializa que tenemos un problema que se llama cambio climático, que ya está más allá de cualquier discusión, y que el hombre es el principal culpable con su actividad económica y demográfica. Pero tiene un problema, que es encontrar una alternativa. Por ejemplo, la electricidad en Cataluña es el 27% de toda la energía que consumimos. El 50% son derivados del petróleo, y es para el transporte. Y para el transporte aún no tenemos una alternativa, y depende en un 95% a nivel global de los derivados del petróleo. El coche de pasajeros nos da una autonomía que no nos da ninguna otra forma de energía y casi todo el mundo depende del mismo. Todavía no sabemos qué sustituirá al petróleo barato y cuando sucederá. Se trabaja en las baterías, la electrificación del transporte, pero para el trabajo a la escala que hace falta nos queda poco tiempo.
-Aquí le tengo que hacer la pregunta de la teoría de la conspiración. ¿Es verdad que todo esto ya está inventado pero no lo ponen en marcha porque la industria del petróleo es muy poderosa?
Mi respuesta es rotundamente no. ¿Por qué? Piense que hay grandes economías emergentes como China o India que no disponen de grandes recursos de petróleo. Si tuvieran una alternativa económica y técnicamente viable, ¿cree que continuarían dependiendo de estas otras potencias que tienen estos recursos? Los precios mandan, y si hubiéramos terminado una alternativa más barata no habría poder capaz de detener la fuerza de los consumidores. Cuando hay un cambio siempre hay alguien que se resistirá porque pierde. Pero si el cambio es económicamente rentable y compensa en el bienestar será imparable. Si estamos enganchados al petróleo no es porque seamos tontos. Es porque de los recursos naturales es el que tiene la densidad energética más grande. Qué palabrota. Por unidad de masa o volumen es la que da más energía. O sea que con el depósito de un avión hago el trabajo que hago y puedo dar la vuelta al mundo. Ahora se investigan nuevos materiales, superconductores, el hidrógeno, la fusión, mil y una formas de pasar de la era del hidrocarburo a la era de las energías limpias. Pero llevará tiempo.
-O sea que fue una buena decisión detener el fracking en Cataluña.
No había que preocuparse. No hay materia prima en Cataluña para hacer fracking. En la Garrotxa la geología no lo permite, porque en esta técnica hay que entrar en vertical y después ponerse en horizontal, y en la Garrotxa la calidad de la roca no es la adecuada. Fue una tormenta en un vaso de agua, una alarma que se generó en un momento determinado por la falta de un conocimiento a fondo de la viabilidad técnica y económica. En el País Vasco quizás sí, y en otras zonas del norte de Burgos. Pero en Cataluña si tuviera que asesorar una empresa de fracking le diría que invirtiera en otra cosa.
-Usted dijo que había tres ‘E’ que había que equilibrar: la de economía, la de energía y la de ecología.
No es un equilibrio estático. Podemos tener en algún momento una urgencia y dar prioridad a algún punto. Y ahora añado otra ‘E’, que es la de la equidad. Es decir, necesitamos energía limpia, barata y segura para todos porque tenemos el problema de la desigualdad y de la pobreza energética. Y hay otra ‘E’, que nunca debe entrar en estas cuatro, que es la de electoralismo. Necesitamos urgentemente un pacto nacional en materia energética. El 50% de la electricidad en Cataluña es de origen nuclear. Las centrales nucleares que tenemos en Cataluña acaban su vida útil a mediados de la década que viene. Y no hemos abierto el melón de este debate por razón del electoralismo.
ARA








