‘Llencapasu’, nombre del español en Cataluña

Hay una cuestión, relativa al secular intento español de aniquilación de la lengua catalana, sobre la que he insistido en varias ocasiones y que resumo con estas palabras: no atacan la lengua, atacan la nación. Quiero decir que dedicar tiempo y esfuerzos a lamentarnos por ello y a tratar de tapar vías de agua supone un gasto inútil de energía que no nos podemos permitir. Sobre todo porque las herramientas que tenemos son las que son, y si ponemos el foco en un punto concreto del escenario, dejamos el resto a oscuras, con lo cual no vemos un toro a tres pasos. Durante mucho tiempo, fruto de la desconfianza en nuestras propias fuerzas, nos hemos centrado únicamente en la lengua. Y lo hemos hecho para no tener que afrontar la verdadera naturaleza del conflicto, que es política, y vernos obligados a actuar en consecuencia y tener un Estado. Ahora, sin embargo, gracias a la evolución de nuestra sociedad, esta praxis ya es obsoleta y no tiene ningún sentido mantenerla. Además, sería un suicidio.

 

Las legislaciones contra el catalán adoptadas por los gobiernos del País Valenciano, de las Islas y de la Franja -gobiernos ultranacionalistas españoles, evidentemente- no son de naturaleza lingüística. En absoluto. Lo parecen, claro, pero no lo son. La lengua catalana no les preocupa nada porque saben que es una lengua cautiva, una lengua sin Estado -sólo hay que ver la indolencia del gobierno de Andorra en este tema-, y una lengua que los mismos hablantes invisibilizamos. La lengua catalana, en definitiva, les hace cosquillas, y lo demuestran con sus leyes. En resumen: ellos con tanques y nosotros vamos con pistolita de agua.

 

Se podrá decir que las medidas contra la unidad de la lengua catalana, llamándola de diversas maneras para descuartizarla, son el hazmerreír de la comunidad científica. Y es cierto. Pero las medidas están y se erigen en la legalidad vigente, una legalidad española catalanofóbica destinada a residualizar nuestra lengua y a restarle peso específico por medio de la reducción de hablantes. Así, si el catalán cambia de nombre oficial según los lugares donde se habla, es obvio que el número de catalanohablantes se convierte en testimonial. Al español y al inglés les pasaría lo mismo si las excolonias españolas y británicas decidieran rebautizar la lengua que hablan. Sólo con que Argentina lo probara, pongamos por caso, España subiría a las nubes y los gritos histéricos de su despecho se escucharían por todas partes.

 

La suerte de España, en esta materia, es que es difícil encontrar gobiernos internacionales tan esperpénticos como el suyo dispuestos a ponerse en ridículo de una manera tan espectacular y a evidenciar un odio tan primario contra una colectividad. España es la “cerrazón” por naturaleza, y la “cerrazón” es alérgica al razonamiento. Por eso sólo hay un lenguaje que entiende: el suyo. Lo hemos visto en las declaraciones del presidente de la fantasmagórica Federación de Asociaciones Culturales del Aragón Oriental, Luis Gascón, afirmando públicamente y sin sonrojarse que “en Zaragoza y en Buenos Aires hablan lo mismo, pero en Arnes (Terra Alta) ya la Codonhyera (la Franja) no. En Arnes hablan catalán y en la Codonyera lapao”. Y después de decir una barbaridad como ésta, el señor Gascón, en lugar de esconderse de vergüenza y con la tranquilidad que da la ignorancia, sigue haciendo vida normal. Y España le ha aplaudido. Lo ha hecho la vicepresidenta del gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría, y la presidenta de la delegación del PP en Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho.

 

El diálogo, por tanto, no tiene sentido. No hay diálogo con la “cerrazón”. La única manera que habría de hacerles retroceder es haciéndoles probar su propia medicina. Es decir, hacer un disparate monumental y considerar la lengua española que se habla en Cataluña como una jerga de la lengua catalana. Esto significaría que, aplicando el mismo criterio que el gobierno de Aragón, el español hablado en nuestra casa pasaría a denominarse LLENCAPASUPACA (Llengua Catalana Parlada al Sud dels Països Catalans / Lengua Catalana Hablada al Sur de los Países Catalanes). Conscientes, sin embargo, que se trata de un acrónimo algo largo y teniendo en cuenta que, desde un prisma catalanocèntrico, cuando hablamos del sur ya damos por supuesto que nos referimos al sur de los Países Catalanes, el nombre podría ser reducido a LLENCAPASU. Así, de la misma manera que hay catalán oriental, occidental, rosellonés, alguerés…, ahora habría también el LLENCAPASU, que es, por cierto, un nombre muy bonito.

 

En España, sin embargo, pueden estar tranquilos. Mi propuesta no prosperará. Yo mismo tampoco la aprobaría. De lo que se trata, como decía al principio, es de ser conscientes de que no atacan la lengua, atacan la nación. Y si habláramos urdu perseguirían el urdu. Su objetivo es destruir la nación catalana, borrar su existencia. Odian nuestra lengua no porque sea catalana, sino porque es la nuestra. Por ello, para poder hacer realidad su sueño imposible de ser una nación, España, que no es más que un eufemismo de Castilla, necesita la desaparición nacional de Cataluña. Éste, por tanto, es el drama de España, que es un Estado, pero que nunca ha sido ni será una nación.

 

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