La respuesta tanto de los partidos, como del imperio y adláteres de la comunicación española, no podía ser otra. Ya la preveíamos al intuir que tarde o temprano ETA, emitiría este comunicado. España no da más de sí.
Ya a finales del XVIII, Nicolás de Morvilliers, en la Encyclopedie Methodique escribía “España es el país más ignorante de Europa, ¿Qué se puede esperar de un pueblo que necesita la licencia de un fraile para leer y pensar?”
La licencia de un fraile y hoy más que nunca, añadiría, la del banquero o la del chusquero de turno.
Que a España no le interesa que desaparezca ETA, hace lustros que lo tenemos asumido muchos vascos.
Ha habido y existen en juego motivos económicos y es un recurso -el del “terrorismo”- con rendimientos muy gratificantes, en momentos de crisis políticas, económicas etc… ¡Todo un chollo! Las molestias colaterales, suponen un coste bajísimo, perfectamente tolerable.
Y lo más profundo e importante, sin ETA, la naturaleza del conflicto quedaría peligrosamente al desnudo en cualquier contexto democrático: un pueblo, Euskalherría que exige un innegable derecho de autodeterminación y un estado, el español, sin más argumentos para evitarlo que el uso de la tortura y la violencia armada.
Evidentemente, esto dejaría en evidencia al estado español –si no es que ya no lo está- ante las instancias internacionales.
Ignoro cuanto pueda incordiar este hecho a la secular arrogancia hispánica, pero sin duda, en los tiempos presentes, hay que pensar que su capacidad de agresión debería ser bastante restringida.
En este sentido, y en esa dirección parece que se camina, todo el aberchalismo debiera desvincularse totalmente, de cualquier opción violenta en nuestra lucha por la soberanía. No podemos quedarnos por más tiempo al pairo, esperando que ETA o cualquier otro posible grupo armado nos sometan a sus veleidades.
El pueblo vasco tiene capacidad y entidad suficiente para apoyándose en los derechos humanos y en la lucha democrática, reclamar y alcanzar su soberanía. Contra un bloque soberanista sin fisuras, no creo que las brunetes armadas o mediáticas, tengan mucho que hacer.
Con estos previos, es perfectamente comprensible, el pánico que corroe a tantos políticos, periodistas, tertulianos -cuya zafiedad intelectual da grima-, empresas de seguridad etc…etc…
Eso pensaba cuando oía al tétrico consejero de interior vasco –lo de vasco pura contingencia, -pasaba por allí-. Su pobrísimo discurso –por dignidad, a un político había que exigirle una mínima destreza lingüística-, pobre, vacío y reiterativo, indica las exiguas dotes intelectuales que España exige para nombrar a un consejero de interior en Euskadi.
La excusa, tregua trampa o farsa, exhibida por quienes llevan ocho siglos tramando trampas y farsas, -Conquista de Navarra, Pacto de Vergara, transición, por destacar algunos hechos- engañando, burlando, ninguneando…arrasando a un pueblo, no puede ser más obscena.
Todavía humea Gernika, todavía se oyen los gritos de la barbarie franquista, víctimas y familiares ignorados, ¿Por qué hemos de fiarnos más de ellos que de ETA?
El hecho es que estamos gobernados por una cuadrilla de sinvergüenzas, para quienes los vascos somos sus enemigos, y ya se sabe, al enemigo ni agua.
Es pues el tiempo de caminar prescindiendo de las andanzas de ETA o del Estado Español. Que hay tregua, tanto mejor, que no la hay, que se las entiendan ellos. Que todo el mundo entienda que el discurso de ETA ya no implica ninguna atadura sobre ninguna formación.
En cuanto al PNV, que se aclare de una vez. Que quiere quedarse con ellos, que se quede, pero que hable de una vez claro y conciso, es decir, en román paladino y sin disculpas, “que no joda”.
No tiene sentido que el deseo de tantos vascos se vea postergado por partidismos, personalismos y tanta cortedad de miras…
Estos días, seguro, nos van a aburrir hasta abotargarnos, con grandes palabras, dogmas españolistas y parecidas chuminadas. Por higiene pongámonos unos buenos tapones y mientas vociferan dediquémonos a crear nuestro espacio y nuestros proyectos.
Es urgente la necesidad de recuperar nuestras raíces, nuestros recursos y nuestras leyes. Y en mi caso además, está el ardiente deseo de tomar las de Villadiego y decir adiós a unos vecinos que además de invasores, me resultan tan impertinentes y casposos.







