En pleno centro de Madrid, cerca del parque del Retiro, está la calle Marqués de la Ensenada. La capital de España está llena de vías públicas dedicadas a miembros del estamento nobiliario. En general, se presupone que al vizconde de tal o a la baronesa de no sé qué les dedicaron una plaza o una avenida por pura rutina adulatoria. A veces no es así, sin embargo. ¿Quién era, por ejemplo, el marqués de la Ensenada? De este individuo ya hablé hace tiempo (*). Se llamaba -poca broma- Zenón de Somodevilla y Bengoechea (1702-1781). ¿Y qué hizo este noble supuestamente ilustrado durante los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III? Entre otras cosas, orquestó el primer intento de genocidio del mundo moderno, la primera idea de “solución final” conocida, mucho antes de Hitler, Eichmann y compañía. El marqués de la Ensenada planificó en secreto, pero con el permiso de Fernando VI, lo que se conoció oficialmente como la ‘Prisión General de Gitanos’, y entre los afectados como la ‘Gran Redada’. El objetivo final era la extinción de esta etnia. Cuando digo extinguir me hago eco de la literalidad de la ordenanza: “Falta lo principal, que es darles destino con que se impidan tantos daños y extinga si es posible esta generación”. A finales del verano del año 1749 fueron detenidos entre 9.000 y 12.000 gitanos. Fueron separados los hombres de las mujeres y de los menores de 7 años. No había ninguna acusación concreta; su único delito era existir. Muchos murieron en condiciones indescriptibles, y a los demás se les esclavizó durante años. La calle del Marqués de la Ensenada -lo reitero- existe y está en pleno centro de Madrid, así como en muchas otras ciudades españolas.
Si les hablo de todo esto es -supongo que ya lo han adivinado- por el informe que el Ayuntamiento de Madrid encargó a la Cátedra de Memoria Histórica de la Universidad Complutense de Madrid, dirigida por Mirta Núñez (una curiosidad que no tiene nada que ver con el tema: esta profesora es hija de la primera mujer de Fidel Castro, Mirta Díaz-Balart). El objetivo era detectar los nombres vinculados con el franquismo que quedan en el seno del extenso nomenclátor madrileño. En medio de la lista aparecían, entre otros, los catalanes Pla, Dalí o D’Ors. Manuel Machado y Gerardo Diego también forman parte de la extraña enumeración. Mezclar estos nombres con lo que representó realmente el franquismo -no la época franquista, sino el régimen criminal e ilegítimo que lo acaparó. Incluso, si me lo permiten, enfada. Para no buscar ejemplos extraños: no creo que nadie ose acusar de franquista al exalcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. Yo tampoco. En todo caso, Tierno Galván accedió a su cátedra de derecho político en 1948, con 30 años. Repito la fecha: 1948. En aquel momento resultaba literalmente inconcebible, por no decir imposible, que una persona que no fuera adicta al régimen -carnet de Falange incluido- obtuviera esta distinción académica. Por otra parte, juró los Principios Fundamentales del Movimiento, como cualquier otro funcionario de la época del mismo rango. ¿Esto convierte al fundador del Partido Socialista Popular en un franquista? Yo diría que no. En cambio, si me preguntan si el marqués de la Ensenada fue un precursor de las peores barbaridades del siglo XX diré, sin pensarlo ni un segundo, que sí.
Como responsable del Grupo de Investigación en Comunicación, Opinión Pública y Memoria de la Universidad Ramon Llull (GRECOM) conozco las aportaciones de la Dra. Mirta Núñez y sus colaboradores. Muchas están relacionadas con el tema de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil. Académicamente, son impecables. ¿Cómo puede ser, pues, que ahora se haya publicado una lista tan manicomial como la que comentamos? La respuesta es muy sencilla: porque venimos de donde venimos, es decir, del gran ataque de amnesia fingida de la Transición. Recuperar la memoria colectiva en España es hoy una tarea condenada al fracaso, en la medida que el punto de partida es una mentira gigantesca. Los ponentes de la Constitución española sentían el aliento de los militares en la nuca, y el jefe del Estado, Juan Carlos I, fue sucesor de Franco “a título de rey”. Como de todo ello no se puede hablar, porque constituye todavía un gran tabú, hacemos estas listas absurdas. Si se trata de revisar nombres de calles, las hay más urgentes: el Marqués de la Ensenada, sin ir más lejos.
Este artículo está dedicado a la memoria de Muriel Casals. Descansa tranquila, porque lo conseguiremos .
(*) Calle del Genocida, 13
FERRAN SÁEZ MATEU
Durante la época en que Jaime Mayor Oreja fue ministro del Interior afloraron, misteriosamente, docenas y docenas de plataformas y plataformitas, algunas de las cuales se han transformado hoy en partidos políticos, como UPyD. Algunos historiadores de segunda fila, poetas de campanario y filólogos a quienes la fortuna académica había sido adversa vieron cómo, a cambio sólo de una cierta dosis de vehemencia dialéctica, les caía el maná del cielo. Su trabajo consistía en denunciar las terribles mentiras y tergiversaciones de lo que llamaban “la historiografía nacionalista”. Todo era un invento: en realidad, Jaume I bailaba la jotica y era socio del Real Madrid, Companys murió de tosferina, y el catalán fue una broma antiespañola de Fabra. Paradójicamente, gracias a los papelitos de Bárcenas es probable que vayan aflorando otros papelitos donde consta cuánto le costaron entonces al contribuyente los intelectuales constitucionalistas y sus iniciativas mediáticas y editoriales entre 1996 y 2001. Manténganse atentos a sus pantallas, porque el espectáculo puede ser, cuando menos, interesante (sorprendente, no mucho). Estos intelectuales llegaron a la conclusión de que había sólo una Historia buena y verdadera; el resto, la de los nacionalismos periféricos, era perversa e inventada. Por supuesto, esta división sólo era posible exagerando hasta el delirio algunas cosas y omitiendo otras. Hoy les hablaré justamente de una de esas omisiones.
En muchas ciudades españolas hay calles e instituciones públicas y privadas dedicadas al marqués de la Ensenada, que tenía un nombre muy curioso: Zenón de Somodevilla y Bengoechea (1702-1781). ¿Qué hizo, este noble supuestamente ilustrado durante los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III? Cosas realmente muy feas, entre ellas el primer intento de genocidio masivo del mundo moderno, la primera idea de solución final conocida. Sólo lo logró parcialmente, pero se le debe reconocer la dedicación y el esfuerzo diligente que empleó. El marqués de la Ensenada planificó (en secreto) y llevó a cabo lo que en aquel tiempo se denominó ‘Prisión General de Gitanos’, cuyo objetivo final era la extinción de esta raza (“Falta lo principal, que es darles destino con que se impidan tantos daños y extinga si es posible esta generación”). A finales del verano del año 1749 fueron detenidos entre 9.000 y 12.000 gitanos, y fueron separados los hombres de las mujeres y de los menores de 7 años. No había ninguna acusación concreta; su único delito era existir. Todos fueron esclavizados, en el sentido literal del término: los hombres, a los trabajos más peligrosos de los arsenales reales; las mujeres y los niños pequeños, a fábricas o directamente a la cárcel. La separación por sexos era el primer paso para la extinción, porque así no se podrían reproducir. El segundo escalón del proyecto, dada la magnitud de todo aquel personal, era más complicado. Esta tontería duró hasta 1763, en que fueron finalmente indultados.
No me imagino ningún otro lugar del mundo occidental donde el instigador de una iniciativa de este tipo tenga dedicadas calles y plazas, así como hoteles, institutos de bachillerato o colegios mayores, como ocurre en muchos lugares de España. Sería también muy extraño que, en cualquier lugar de Europa, el gobierno destinara 280.000 euros para mantener un lugar que fue construido hace sólo 70 años por otras personas esclavizadas, como El Valle de los Caídos (esta aportación económica se produjo hace sólo unas semanas, dicho sea de paso). Todo esto sólo es posible gracias al hecho de haber repintado la tormenta historia franquista con un barniz engañosamente moderno y, como ya hemos apuntado antes, carísimo. En todo caso, la responsabilidad no es sólo del PP. ¿Cuántos intelectuales próximos al PSOE se han manifestado críticos con -sin ir más lejos- el disparate del LAPAO, oficial desde el pasado lunes? ¿O cuántos izquierdosos españoles han denunciado la aberración de dedicar calles o institutos al marqués de la Ensenada? Y conste que estos son sólo un par de ejemplos en un océano de despropósitos.
Entre 1996 y 2001, aproximadamente, las obras de algunos intelectuales vascos y catalanes fueron desmenuzadas como si fueran el bacalao de una esqueixada (ensalada): se trataba de encontrar cosas horribles y pérfidas. Mientras tanto, de episodios tan vergonzosos como los que les acabo de explicar, no se decía ni pío. Sólo por curiosidad, me gustaría saber lo que costó, en pesetas de las de entonces, esta nueva versión de la historia de España.
ARA









