Quien conozca un poco la historia de Cataluña de los últimos cien años, se dará cuenta de una constante, de un leitmotiv repetido decenas de veces: el gran argumento que Madrid ha tenido para luchar contra el catalanismo ha sido la ideología de izquierda. Hagamos un repaso rápida: el lerrouxismo a principios de siglo, el anarquismo en los años 30 y la Guerra Civil y las ambigüedades del PSC-PSOE de la Transición a esta parte.
En todos los casos, lo que se intentaba desde Madrid era oponer catalanismo a izquierda y calificar el catalanismo de movimiento “burgués”. El conocido anarquista Joan García Oliver lo dijo una vez: “¿Desea saber qué es el catalanismo? Pesetas pesetas y pesetas”. Todo ello se ha convertido en un cliché y hecho mucho daño entre determinados sectores de la sociedad catalana que se han sentido catalanistas, pero han quedado abducidos por la línea de pensamiento de la izquierda españolista.
¿Los españoles quieren aniquilar el catalanismo? Muy sencillo: sólo tienen que poner la cuña de la izquierda. Automáticamente, el catalanismo se debilita y se pelea. Esta táctica la está sufriendo mucho en los últimos meses ERC, que está siendo sistemáticamente atacada por la izquierda española. ¿Cuántas veces no hemos leído en periódicos progresistas aquel argumento que dice: “ERC no es un verdadero partido de izquierdas, porque las izquierdas y el nacionalismo son incompatibles”? Yo me he hartado de leerlo. Pero a mí me resbala.
El problema es que parece que el argumento no le resbala a Oriol Junqueras ni a los dirigentes de ERC. Al contrario: da la impresión de que les afecta mucho, que incluso se lo creen. Esto es lo más triste. Esquerra había elaborado un ideario según el cual el eje nacional y el eje social van juntos, y que no se pueden hacer políticas sociales en Cataluña hasta que no recuperemos los 15.000 millones anuales de déficit fiscal con España. La teoría es evidente. El problema es que, demasiado a menudo, ERC actúa como si no se la creyera. Y entonces, claro, es cuando va a remolque de la demagogia progre-españolista del PSC, de Podemos o de Iniciativa.
Este acomplejamiento de Junqueras y de Esquerra es palpable por su reticencia, totalmente absurda, a pactar con Artur Mas en el día a día del Parlamento. Ayer, Mas lo advirtió: ERC está poniendo en peligro las plebiscitarias del 27-S. Tiene toda la razón. Hay que dejarse de músicas. Y Junqueras debería decidir un día qué quiere ser de mayor: presidente de la República Catalana, o un presidente autonómico bananero estilo de lo que es Susana Díaz en Andalucía. Es urgente.
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