Se trata de un asalto sobre el patrimonio mundial comparable a la demolición de los Budas de Bamiyán por los talibanes en 2001
La destrucción de dos importantes colecciones de manuscritos por los rebeldes islamistas en su de huida Tombuctú es una ofensa a todo el continente africano y a su importante patrimonio cultural. Al igual que fuera la destrucción sistemática de 300 santuarios sufíes cuando tenían la ciudad de Tombuctú a su merced, es un asalto al patrimonio mundial comparable con la demolición de los Budas de Bamiyán por los talibanes en 2001.
El patrimonio literario de Tombuctú se remonta a los siglos XV y XVI, cuando los reinos de Malí y Songhai, ricos en oro, negociaban a través del Sahara con el mundo Mediterráneo. Las caravanas de mercaderes tardaban dos meses en cruzar el desierto, y mientras que el oro y los esclavos eran conducidos al norte, los libros viajaban hacia el sur.
En su descripción de África, publicada en 1550, el viajero León el Africano se maravillaba de que en los bulliciosos mercados de Tombuctú, bajo las torres de sus majestuosas mezquitas, los comerciantes más ricos eran libreros.
Vendían manuscritos de eruditos árabes en materias tan diversas conmo la astronomía y la aritmética o la ley islámica, así como los textos místicos del sufismo sobre el más allá o la santa fe que Ansar Dine (afiliada de Al- Quaeda) encuentra tan ofensivos.
Este legado de aprendizaje árabe, que se remonta a los grandes científicos y matemáticos que preservaron la herencia griega clásica en la Edad Media, está representado en los manuscritos de Tombuctú – aunque no son necesariamente los ejemplares originales. Y es que los escribas copiaban libros en esta ciudad que amaba el conocimiento, creando así un legado de obras transcritas en los siglos 18 y 19, así como anteriores.
También escribieron su propia historia y sus leyes, narraron las crónicas de las familias de Tombuctú y preservaron la poesía y las historias del norte de África – o al menos, eso es lo que parece haberse hallado en los numerosos manuscritos del legado perdido de Tombuctú, que estaban empezando a ser correctamente conservados cuando este terrible vandalismo religioso plagó la ciudad.
Cuando los imperios europeos saquearon África en el siglo XIX, consideraron que este continente era analfabeto y carente de historia, memoria o literatura. Su arte fue calificado como “primitivo”, en parte porque carecía de una historia del arte escrita.
Tombuctú es un palimpsesto en la arena que demuestra justamente lo contrario. Bibliotecas como el Instituto Ahmed Baba estaban rescatando la historia de África del olvido. Tombuctú es la ciudad de los libros y el aprendizaje de África que echa por tierra los mitos racistas sobre el continente. Esa herencia luminosa es lo que los islamistas han destruido.








