La ‘crisis de convivencia’ de Meritxell Batet

No es que sea mentira -que lo es-, ni tampoco porque denote una vergonzosa aridez argumental -que también-, la razón por la que resulta patética la cantinela sobre la terrible crisis de convivencia en Cataluña a raíz del Proceso, sino porque muestra descarnadamente los principios autoritarios y absolutistas de quienes la propagan, que son PP, PSOE y Ciudadanos. Lo veremos analizando las palabras que Meritxell Batet, diputada y secretaria de estudios y programas del PSOE, y miembro del equipo negociador para la investidura de Pedro Sánchez, dijo días atrás el programa Vía Libre, de RAC1, al ser entrevistada por un excelente Xavi Bundó. En el transcurso de la entrevista, al aparecer el tema de la “crisis de convivencia” que Pedro Sánchez repite por doquier, Batet respondió esto:

• Batet: “En Cataluña hay más dificultades para pensar y para hablar. Sobre todo de determinados temas. Es decir, allí donde nunca había habido conflicto, por ejemplo dentro de las familias o en el entorno del trabajo, sí está. no sé si es una crisis de convivencia, en todo caso sí hay un tema que enrarece las relaciones, y yo creo que eso no es bueno para una sociedad”

• Presentador:” Cuando dice que cuesta hablar de determinados temas, ¿qué quiere decir? Deberíamos ser más explícitos en esto, porque una “crisis de convivencia” es un asunto muy grande. Cuando dice “dificultad de hablar”, ¿qué significa exactamente?”

• Batet: “Pues que hay temas que generan conflictividad en las relaciones personales. Es decir, que empiezas a hablar y en lugar de hablar en un tono sereno y exponer puntos de vista que pueden ser diferentes, y llegar a acuerdos, o no llegar, y cada uno seguir pensando lo mismo, pues hay determinados temas que lo que generan es un conflicto entre amigos o entre trabajadores de un mismo lugar o con familiares”

• Presentador: “y eso en el debate sobre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, o sobre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, no se produce, ¿verdad?”

• Batet [incómoda]: “Bueno…, estamos hablando de la sociedad…”

• Presentador: ” Estamos hablando de familias en las que el hecho de que el padre sea del PSOE y el hijo de Podemos, no genera el mismo debate, ¿verdad?”

• Batet [incómoda]: ” Bueno…, usted me ha preguntado por una cuestión concreta, y yo vivo en Cataluña parte de mi tiempo y eso sí que lo he detectado. Es decir, hay una mayor dificultad, como mínimo en los entornos en los que yo me muevo, que pueden ser muy diversos, desde la universidad hasta el familiar, pasando por los vecinos. Sí se produce esta cuestión, que es diferente a tiempos anteriores.

Hace sentir vergüenza ajena que alguien que se dice de izquierdas se exprese en estos términos. Es decir, que llegue al extremo de criminalizar el derecho a la libertad bajo el pretexto de que esta reivindicación hace que la gente no pueda pensar ni hablar. La señora Batet y el Partido Socialista, al igual que la derecha más derecha, añoran los tiempos en que esta reivindicación no existía gracias a que el movimiento independentista era testimonial o minoritario. Ahora, en cambio, el independentismo tiene mayoría absoluta en el Parlamento y los testimoniales o minoritarios son la señora Batet y su partido. Residuales, deberíamos decir, para ser precisos. Y es que las cosas han cambiado mucho, ¿verdad, señora Batet? Eran otros tiempos…

El gimoteo de la señora Batet y compañía recuerda mucho al del amo blanco que se lamentaba del fin de aquellos tiempos en que los lacayos negros eran sumisos y no pensaban en cosas tan engorrosas y conflictivas como la libertad. De pronto, sin embargo, habían aparecido todo de lacayos insumisos que calentaban la cabeza de sus compañeros, hablándoles de derechos y de dignidad, y las cosas dieron un vuelco. Los lacayos más miedosos o más favorecidos por el dueño blanco se resistían, y también lo hacían los lacayos convencidos de que un negro no puede decidir por sí mismo, porque sólo el dueño blanco sabe qué conviene al lacayo negro. Pero los insumisos crecían y crecían en número y ya no tenían miedo. Ni los gritos ni del látigo. ¡Qué crisis de convivencia más funesta! Aquello era el fin del mundo.

Pedro Sánchez, jefe de la señora Batet, está consternado y habla de la “crisis de convivencia que sufre Cataluña”. Es decir, que el hecho de que el 80% de los catalanes quiera celebrar un referéndum para decidir el futuro político de la nación catalana lo considera una enfermedad, un tumor maligno que hay que extirpar. Lo dice alguien que osa decirse demócrata y de izquierdas. ¡Cómo va el mundo!

Estimada señora Batet, la controversia es inherente a la naturaleza humana. Los escritores sabemos mucho de eso, porque sin controversia, sin conflicto, no habría literatura, no habría dramaturgia, sólo habría pensamiento único. La disidencia, la discrepancia, como el amor o la amistad, son la esencia de las relaciones humanas, y es un hecho demostrado por la vida que no hay relación, por apasionada e incandescente que sea, que no se pueda romper fácilmente. La historia de la humanidad es una historia de dominación sistemática de unos sobre otros y de lucha persistente de estos otros para liberarse. Dígame una sola obra literaria, teatral o cinematográfica que no plantee ningún conflicto de intereses entre sus personajes, dígame una sola coexistencia, por pacífica que sea, en la que no surja nunca la controversia o la disidencia. Y dígame en virtud de qué superioridad moral puede alguien creerse con derecho de negar a un tercero la finalización de una relación.

Nuestra vida no tiene sentido sin libertad, señora Batet. Ningún sentido. Se acabaron los tiempos en que el pensamiento único de la hispanidad era aceptado sumisamente por los catalanes, como un designio divino, y la disidencia era reprimida. Ahora ha habido una toma de conciencia del derecho a una vida propia y nominal, sin imposición de documentos nacionales de falsa identidad, y Cataluña ya no volverá al redil española. Tal vez usted, que también es catalana, nos dirá que no quiere la libertad. Muy bien. ¿Y qué? ¿Qué hacen los demócratas cuando discrepan sobre una cuestión? Quizás estoy equivocado, pero tengo entendido que votan. Ponen una papeleta en una urna y aceptan la opción mayoritaria. ¿Ponemos las urnas, señora Batet? ¿Hacemos un referéndum vinculante para que los catalanes digamos si queremos ser libres o cautivos? No le gusta la idea, ¿verdad? Cuando la derrota se ve cerca, las urnas dan mucho miedo, es comprensible. El absolutismo es más seguro. Es mejor cerrarse a cal y canto ante las verdades conflictivas. Pues las pondremos. Las pondremos de acuerdo con la legalidad catalana; las pondremos de acuerdo con nuestras propias leyes. Porque una nación que no tiene leyes propias, señora Batet, no es una nación libre; es una nación sometida a las leyes de otra nación.

EL MÓN