El siguiente post lo escribió alguien llamado “Carmen” el 14 de septiembre de 2014, a las 15:30, en un diario digital español llamado Alerta Digital. Hago un simple copy/paste: “Se puede demostrar que independentista es igual a xarnego o descendiente de judío converso que se venga contra España y lo estamos viendo con la fiestita del 11 de septiembre en la que se burlan de los muertos en la batalla. ¡Lo pagarán muy caro y no se van a forrar los de Funeralia como se piensan, pues no dejarán con vida ni al enterrador!”.
Me gustaría pensar que se trata de una excepción, pero cualquier persona que frecuente este inframundo del anonimato impune sabe que se trata, en muchos casos, de la norma. Muchos de estos comentarios se ajustan como un guante a lo previsto en el artículo 510 del Código Penal, pero nadie hace nada. Otra cosa es que la tontería vaya contra el PP. Entonces es diferente, claro, y la fiscalía puede llegar a actuar de oficio. Si he elegido este fragmento es porque resume a la perfección el racismo subterráneo que serpentea por debajo de supuestas impugnaciones políticas o jurídicas. Ilustra también ciertas formas de delirio que algunos no dudan en emplastar en la misma portada de los diarios. Últimamente, por ejemplo, hemos visto cómo el soberanismo catalán lograba un hito imposible: ¡poner de acuerdo al Estado de Israel y a los países musulmanes! En algunos diarios se insinuaba, o se decía explícitamente, que el Gobierno de la Generalitat quiere seducir a los integristas musulmanes y al mismo tiempo disponer de la complicidad de Israel. ¡Magnífica cuadratura del círculo!
Estas tonterías esconden una historia sórdida y a menudo inconfesable: España nace con la expulsión de los judíos en 1492, se consolida en el siglo XVI con el exterminio de pueblos enteros de América, comienza a tomar forma cuando expulsa los moriscos el año 1610, se redondea con los decretos de Nueva Planta a comienzos del XVIII, y así hasta llegar al franquismo. Insultar a la vez catalanes y judíos (independentista es igual a xarnego o descendiente de judío converso que se venga contra España) tiene, pues, su lógica desde este nuevo racismo al que nadie -incluida la fiscalía- da ninguna importancia, a pesar de su inusual virulencia verbal (y no verbal).
La catalanofobia racista ya existía, evidentemente, y el malogrado Francisco Ferrer Gironès la documentó bien. En todo caso, se trataba de un hecho espurio. Hoy, por culpa de la posibilidad de insultar sin consecuencias -y gratis- los comentarios de los digitales o en Twitter ha adquirido unas dimensiones inauditas. No se trata de un hecho anecdótico, sino de un fenómeno preocupante en todos los sentidos.
ElTemps






