Mientras en el Museo de Cracovia la dama sigue acariciando el armiño con el que Leonardo Da Vinci la inmortalizó, la convulsa historia contemporánea de Polonia parece que vive una cierta época de tranquilidad. Pero siempre está el Astérix de turno dispuesto a tocar las narices a los gobernantes.
En el ‘Financial Times’, el corresponsal de Europa central, Raphael Minder, nos ilustra sobre los esfuerzos de la treintena de hablantes de wymysorys para que su idioma no acabe desapareciendo. Con el título “¿Amenaza el wymysorys la identidad nacional de Polonia?”, el periodista subtitula: “Los esfuerzos por revivir esta lengua poco conocida se han visto arrastrados a debates sobre la diversidad cultural”. Es decir, que ya no hablamos de toda la cultura que comporta cada una de las más de 6.000 lenguas que se hablan en el mundo, sino de un debate identitario, “sobre si la diversidad cultural es compatible con una fuerte identidad nacional”, apunta.
El artículo parte de una función teatral en una pequeña ciudad del sur de Polonia, que se representó en wymysorys con subtítulos en polaco. Según Minder, “el wymysorys tiene sus orígenes en los colonos que llegaron a Polonia en el siglo XIII desde las zonas fronterizas de la actual Alemania y los Países Bajos y formaron una comunidad propia. Se habló hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando las autoridades comunistas la prohibieron como parte de un esfuerzo por imponer la uniformidad cultural”.
Con treinta hablantes o con diez millones o con cincuenta millones, el choque entre pluralidad y uniformidad cultural está servido, siempre que se hable de lenguas que no son la mayoritaria de un Estado. Es el caso del wymysorys en Polonia, del catalán en España o del castellano en Estados Unidos, respectivamente.
Mucho tendrían que cambiar las cosas para que una lengua con tan pocos hablantes llegue mucho más lejos en el tiempo, del mismo modo que de las seis mil lenguas que se hablan en el mundo, muchas desaparecerán a lo largo de este siglo. Según las estadísticas, hay 23 idiomas que abarcan más de la mitad de la población mundial. Después del chino mandarín, el español consta como la segunda lengua más hablada, mientras que el catalán se sitúa entre el centenar de lenguas con más hablantes, hacia el lugar 88.
Cuando recibió el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, el filósofo Pere Lluís Font, fallecido el pasado jueves, dijo: “No hay pueblos bilingües, somos monolingües, aunque nos conviene ser políglotas porque quien solo conoce su lengua no conoce ni la suya”.
LA VANGUARDIA








