Tiene muchísima razón el pleno del Ayuntamiento de Sant Cugat pidiendo, salvo el PP, la dimisión de María de los Llanos de Luna como delegada del Gobierno en Cataluña, y también la tiene la CUP cuando argumenta que mantener a esta señora en el cargo es un insulto al conjunto de la población catalana y a las víctimas del nazismo y de la violencia franquista’. Ciertamente es un insulto, y también es vergonzoso y repugnante.
No es extraño que Alemania, país donde un acto en el que se galardonara a nazis constituiría un delito y habría creado un escándalo de dimensiones colosales, haya reprobado el hecho. Lo que Alemania no sabe es que el PP es alérgico a la democracia. Por ello no sólo Llanos de Luna no ha sido destituida ni se han pedido disculpas, sino que el gobierno español -‘impasible el ademán’-, ha hecho elogios calificándolo de ‘reconciliación’. Como si los crímenes contra la humanidad prescribieran. ¡Esto se llama atrevimiento! Incluso, sin ningún tipo de vergüenza, también lo ha justificado el presidente del PP en Sant Cugat, Jorge Carreras, afirmando que el galardón se entregaba por razones históricas, no políticas.
Pues bien, hablemos de historia. La historia dice que el régimen nazi causó millones de crímenes contra la humanidad, y los que los cometieron, fueran de nacionalidad alemana, italiana o española, deben ser llevados ante un tribunal penal internacional, no galardonados como hace España -que, además, los galardona uniformados- y cómo justifican el PP, en general, y el señor Carreras en particular. La respuesta a todo ello, aparte de los pasos que están dando los eurodiputados en Bruselas, nos la da Cilly Kugelmann, directora del Museo Judío de Berlín: La generación que formó parte del franquismo, que ahora se considera criminal, nunca hará autocrítica. ‘Se criticarían ellos mismos’.







