La muerte de Joan Barril ha sido muy sentida en Cataluña. Lo ha sido por la personalidad afable y receptiva de Joan y por el conjunto de libros y programas de radio y televisión que hizo a lo largo de su vida. Una vida corta, ciertamente. Morir a los 62 años es morir antes de tiempo, es morir un cuarto de siglo antes de lo que la biología considera la singladura estándar de la vida humana en nuestro entorno. Esta es la razón por la que, siempre que alguna persona que nos es cercana muere anticipadamente, tenemos la sensación de que se trata de una muerte injusta y cruel. “¿Por qué ella?”, Nos preguntamos. La muerte de Joan Barril, además, ha coincidido con unas semanas de diferencia, con la de Josep Maria Bachs, otro grandísimo profesional de la comunicación y una bellísima persona. Bachs, muerto a los 70 años, también ha partido antes de tiempo.
Entristecido por estas desapariciones, quiero dar fe de las cualidades humanas de ambos, ya que compartí con ellos muchos días de radio y muchos ratos que el trabajo nos dejaba libres. Con el primero en Radio Joventut donde él hacía aquel delicioso ‘quisicosas’, a las nueve y media de la mañana, lleno de noticias singulares y estrambóticas, y con el segundo en Radio 4, conduciendo el programa ‘Tribunal popular’. De este último, recuerdo que consistía en abordar un tema de actualidad y someterlo al veredicto de los oyentes en función de los argumentos que hubieran utilizado el fiscal y el abogado defensor. Quién era más convincente o desarrollaba mejores dotes de persuasión oral conseguía que el acusado fuera declarado culpable o inocente. Si la memoria no me falla, me parece que Joan Barril hacía de abogado defensor y que los fiscales se alternaron entre Alfred Reixach, Joan Lluch y Ricard Fernández Dios. Como es natural, el papel que representaban no coincidía siempre con sus principios y, por consiguiente, a menudo se veían obligados a censurar o defender cosas en las que no creían. Sin embargo, ponían tanta pasión y tanta convicción que el resultado era brillantísimo.
Es muy triste, llegados aquí, tener que decir adiós para siempre a Josep Maria Bachs y Joan Barril. Bachs, con sus programas de entretenimiento, nos hizo a todos la vida mucho más agradable; y Barril, con sus libros y con su radio de autor, tranquila, pausada, reflexiva, nos hizo a todos más ilustrados, más analíticos y más críticos, y, por tanto, menos manipulables. Buen viaje, compañeros.
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