Independencia sí, pero contigo no

Este fin de semana, los ‘jonquindepes’ seguimos al minuto la consulta interna de Unió, aunque sólo fuera para quejarnos de la atención desproporcionada a un partido de unos pocos miles de afiliados. Pero es que todo Unió es una desproporción, tanto por el número de cargos por metro cuadrado como por el poder que acumulan. La misma imagen de Duran sufriendo de lo lindo en la suite del Palace, ¿la recuerdan? -los manteles blancos, la chimenea, los tapizados, La Vanguardia-, ya era desproporción pura: un partido que no es consciente del exceso, que lo exhibe sin pudor, que lo vende como algo ‘digno de admirar’, que dirían en la APM (*), es la metáfora: la de los’ unos pocos ‘que viven como reyes junto a los unos muchos’ que las pasan flacas. La historia del mundo, no la descubrimos ahora.

Por este motivo algunos ‘jonquis’ del proceso hemos encontrado tan interesante lo que pasaba en Unió. Porque, a pesar de que son pocos, son unos pocos que caramba. Tantas encuestas nos hemos tragado con universos de ochocientas, de mil personas mezcladas, ¿por qué deberíamos hacer ascos a un sondeo específico dentro de un sector concreto? Mientras esperamos el mismo grado de definición en los ecosocialistas, mira si no es apasionante saber hacia donde cargan los más conservadores de todo el espectro putarramonetista. Justamente los resultados de Unió tenían interés por este detalle: ¿por qué deberían querer meterse en líos de independencias, María Antonia, unos buen cristianos que se figura que tienen la vida resuelta? El mensaje para el catalanito cagado, el que piensa que la independencia muy bien como teoría, pero mientras que haya en la tienda, es importantísimo: señoras, sabéis que nadie lo ha intentado con más ganas que nosotros, pero los resultados no acompañan: España es un mal negocio, está confirmado. Fuera miedos, destrocemos el contrato, toca dar el paso.

Esto, en cuanto a la derecha. Tomemos ahora el cohete supersónico y hagamos unos cuantos miles de kilómetros hasta la izquierda y más allá. Encontramos, por un lado, la declaración de Forcades que ‘La independencia debe hacerse sin CiU’ y, por otra, la advertencia de Arrufat que ‘Hay partidos que quieren hacer bandera del “Muerte a Mas”‘. Con esto quiero ilustrar que los ‘indepes’, ante todo, nos dividimos en dos grandes grupos: los que nos importa un bledo qué vota el otro ‘indepe’ y los que no. La señora Forcades parece que es de los segundos, y el señor Arrufat, de los primeros. Es decir, que Forcades sería de los que no quieren la independencia con votos convergentes, y Arrufat es de quienes la quieren alcanzar con todos los votos, porque, y aquí me aventuro, habrá hecho números y pensado que de aquí a que nos hayamos librado de los ‘indepes’ de derechas -elitistas capitalistas neoliberales privatizadores de m.-, se nos puede hacer el 2714.

Ante esto, tenemos tres opciones: 1) esperar a que todos los ‘indepes’ se hagan de izquierdas, 2) esperar a que todos los de izquierdas se hagan ‘indepes’, o 3) recoger todos los votos ‘indepes’ y correr a hacer la independencia de una puñetera vez por favor, por favor. Los ‘anticonvergens’ y/o ‘Mas-haters’ tienen un problema y no es el tres por ciento. Es que su odio hacia una parte es mayor que el deseo de libertad para el todo. Y digo odio porque no sé adivinar qué otro sentimiento es lo suficientemente fuerte para tumbar hasta el propio deseo de ser libre.

Pensar que la independencia es posible sin la gente de derechas es como pensar que la independencia es posible sin la gente rubia o la que no se ha vacunado. Como idea, la democracia selectiva, o la discriminación por ideología, no es muy práctica para empezar un Estado. Al otro lado de la raya, cuando seamos independientes, estaremos los mismos que estamos ahora. Entonces, siendo un todo, quien quiera hacer campaña contra una parte tendrá toda la eternidad.

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