No. Dice que no hay que perder tiempo y dinero en cuestiones identitarias. Y menos en tiempos de crisis. Ahora lo dice el PP. Y antes, el PSOE. E incluso se lo habíamos oído decir al presidente Montilla. Naturalmente, hablamos de cuestiones identitarias catalanas. Porque, con respecto a las cuestiones identitarias españolas, ¡que no pare la fiesta!
Abres el periódico y resulta que en las Cortes españolas, su presidente Jesús Posada ofrece una gran recepción -“sin precedentes”, según El Punt – Avui-, a los promotores de la iniciativa legislativa popular que quiere hacer de los toros una fiesta de interés “nacional” (español) para poderlos reinstaurar en Cataluña. Un combate estrictamente identitario, sobre todo de quienes tienen la identidad puesta en la punta de los cuernos de los toros. Identidades punzantes, diríamos. Esto, claro, aunque con la guerra de banderas que ha reiniciado la delegada del gobierno español en Cataluña, la señora De Llanos, que también veía peligrar la unidad de España y el respeto a la Constitución debido a que la rojigualda no estaba en el balcón de Sant Pol de Mar. ¡Eh! Por no mencionar la obsesión del presidente Bauzá para hacer desaparecer el catalán -¡ya tan poco visible!- de la vida administrativa o de la escuela -y por tanto, de todo el país- en las Baleares.
Todo esto ¿son excepciones provocadas por las manías y obsesiones respectivas de los personajes mencionados? Difícil de ver así, si añadimos la intención del presidente del Senado, Pío García Escudero, de suprimir la traducción del catalán en el Senado con excusas económicas pero, sobre todo, y según dijo, porque “los españoles quieren oír hablar en la lengua que todos conocen”. Cuánta razón tiene, el presidente del Senado: ¿por qué razón deberíamos disgustar al deseo homogeneizador de los españoles monolingües ante el enfermizo capricho de catalanes-baleares, principatinos, valencianos o fragatinos-, vascos, navarros y gallegos, que total son cuatro gatos y que, a pesar de la perniciosa inmersión a la que unos cuantos son obligados, resulta que sí que también hablan español? Sí: ganas de tocar el potito, es lo que tienen estos que tienen lenguas regionales agonizantes. Ganas de alargar su propia enfermedad, ¡estos identitarios!
Sin embargo, lo que ya acaba de coronar tanta coherencia antiidentitària del PP -por si faltaban más argumentos- es el interés demostrado para tener la vicepresidencia de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, es decir, la responsable de gestionar dos instrumentos tan y tan identitarios -según ellos- como TV3 y Catalunya Ràdio. Este exitazo político del PP en Cataluña sugiere que quieren ir a hacer de perro pastor, para evitar que el rebaño -de catalanes- se les descarríe con documentales tan perniciosos como los que hace Montse Armengou o Dolors Genovés. Y quizá, quién sabe, para poder programar, en español, todas las pelis de Almodóvar.
En resumen: sólo con que los catalanes destinásemos el 10 por ciento de la energía que gasta el PP en asuntos identitarios -de su identidad nacional- y tuviéramos un 10 por ciento de los recursos económicos que invierten, habría barretinas gratis para todos los catalanes, banderas obligatorias para todos los balcones, y todas las niñas y los niños podrían aprender a tocar la tenora gratis en todas las escuelas públicas.







