Hay demasiados agoreros. Y sin duda, por razones inconfesables, tratan de inficionarnos la sangre con la ponzoña del miedo.
¿Qué ha cambiado tanto?, le decía a cierto conocido, muy ortodoxo o si se quiere izquierdoso:“ Dicen que hay un gran paro, pero no será para tanto cuando nadie se mueve… Los sindicatos… poco más o menos lo de siempre… y la gente habla que te habla… pero eso es todo… sigue viviendo igual… En cuanto a los políticos… que se llevan todos el canto un duro, que da lo mismo quien mande… Del rollo ese de los mercados paso, que por lo que voy viendo son todos unos granujas…”
Es decir, que mientras los reality shows arrojen pestífero azufre o lava volcánica y los respectivos equipos de futbol ganen como sea… aquí no se mueve nadie. ¿Para qué…?
Y dicen que la sociedad esta moralmente desarmada y ayuna de conciencia de clase y que es difícil encontrar un país con políticos más ignorantes, mentirosos y corruptos que la cosa esa de España… ¿Y bien?
Alguien comentaba que el estado es un dispositivo de dominio al servicio del 1%. Pero por lo visto, nuestra “madurez ciudadana” tolera, no sé si gustosa o estoicamente, las corruptelas y abusos de monarquías, prohombre y otros señoritos
Y qué le vamos hacer…
¿Crisis…? Son las alternativas endémicas de la historia… Sus altibajos… Es lo que hay… determinismo científico o si se quiere dar un paso más, incluso biológico…
Por todo esto me veo precisado a protestar severamente contra ciertas instituciones y organismos. Porque tales entidades, con un espíritu marcadamente rácano y poco solidario, además de insuflarnos el tal pavor, tratan de involucrar al pacífico ciudadano, en movidas de insurgencia, tan desestabilizadoras como arriesgadas.
Es el caso de la jerarquía católica.
No es de recibo las instigaciones que en una de sus cartas apostólicas -creo que en la “homini nescienti, Deus dormitans…”, sin duda a instancias del baranda romano-, nos endilgó la sacristía del Rouco.
Incitar a ocupar –eso sí, pacíficamente- los espacios públicos hasta el agotamiento, demandando al gobierno, reformas fiscales, justicia social, reparto equitativo de la riqueza, salvaguarda de los servicios públicos etc…
“Es hora de la acción directa –apostrofaba la alta clerecía– de hombres y mujeres. Luche el creyente con fe y dignidad para restaurar una nueva sociedad, aunque sea en el útero de la que se muere”…
Y muchas otras soflamas, habituados como están a panegíricos y catilinarias…
¡Métanse los clérigos en sus sacristías. No se me disfracen de insurgentes y revolucionarios y déjennos vivir en paz a los laicos, que cuatro mendrugos son suficientes para vivir contentos y resignados!
Otro tanto podríamos decir de la institución esa llamada monarquía, con sus salidas intempestivas, provocando a una juventud desocupada, con la excusa de no poder conciliar el sueño … ¿Acaso el Borbón, no sabe que manipular ciertos temas es como jugar con fuego?
Claro, como sus altezas están tan acostumbradas a jugar con tal elemento…
Y que no “ciriquee” su majestad tanto a las personas con graves responsabilidades políticas, pidiéndoles seriedad y honestidad en su trabajo, que como poco son tan íntegros como él.
Que se preocupe de dejar bien alto el pabellón carpetovetónico en sus representaciones y cacerías, que es lo que se le pide y que ahí es nada.
Otro tanto y otrosí, deberíamos advertir a esa maquinaria tan diabólica como omnipresente llamada “los medios”.
Nadie mejor que ellos por esa capacidad tan avasalladora y sibilina de penetrar en todos los resquicios de nuestra vida.
Ellos son los que más decididamente están manipulando las conciencias de los pueblos para comprometerlos y envolverlos en esas encrucijadas de la insurgencia. Ellos son lo que promueven esas constantes asonadas callejeras que están rompiendo la estabilidad de nuestros gobiernos y la dulce indolencia o si se quiere tranquilidad ciudadana…
Porque los medios hoy se nos presentan como pura efervescencia de esa libertad de pensamiento que es realmente el auténtico fermento de todas las crisis.
Y hoy desgraciadamente la prensa es endiabladamente crítica, imparcial, osada, independiente… No entiende que el ciudadano de a pie todavía no está preparado para soportar tanta objetividad, digamos, tanta luz…
“Mas vale que jueces y policías –comentaba a mi interlocutor- están en su sitio. Cierto que a veces puede parecer que los jueces son como muy discrecionales. Siempre lo han sido así. Nunca han podido evitar la influencia de la opinión pública. ¿A ver que haríamos los demás metidos en su piel. En cuanto a la policía, pues que te voy a decir, al menos tenemos una policía democrática – recalcaba con énfasis- Tú no conociste los tricornios ni los grises del franquismo, eso si que era un desmadre. Pero ahora, al menos están preparados. Que a veces se pasan, puede. Pero que si nacionalistas, obrero salidos, 15 M, antiabortistas… Y luego esa casta de provocadores desalmados. Tienen que llevar un despiste…
Mi interlocutor abría los ojos como un auténtico estúpido. Se ve que mis palabras le hacían alunizar…
Y por fin desperté. Dios, qué sueños más pérfidos. Me dejan el cuerpo como un guiñapo. Ya me está preocupando el que en esta asquerosa crisis, no sé qué diablos infectos, me revuelven las entrañas y todo el busilis.
Si hay que ir a las trincheras, se va. Pero que me dejen dormir, que a mis años uno ya no está para trotes.





