Himno y bandera fueron dos símbolos que las fuerzas políticas que comandaron la transición de la dictadura a la democracia en el Estado español mantuvieron invariables (sustituyendo únicamente el águila por la corona en la rojigualda). También decidieron mantener la línea sucesoria impuesta por Franco. De aquellos polvos, estos lodos. Yo entiendo a los que pitaron al himno y al rey en el Camp Nou, y también entiendo a los que no pitaron. Lo que me cuesta más entender es que alguien pueda sentir orgullo, y satisfacción, al escuchar un himno y contemplar una bandera bajo cuyos sones y colores se cometieron durante décadas las más repugnantes tropelías. Es verdad que ese himno y esa bandera representan hoy en día a un Estado regido por una democracia homologable al estándar internacional, aunque con algunas clamorosas carencias en lo que a los derechos de los pueblos que lo forman se refiere. Pero decenas de cientos de miles de ciudadanos no pueden evitar sentir un profundo rechazo hacia ese himno y esa bandera. Y lo mismo con la figura del rey, que no deja de ser hijo político de quien es. De ahí al silbido solo hay un paso. No se trata de menosprecio hacia España y los españoles (¿alguien habría pitado al himno de Riego y a la bandera republicana?) sino de rechazo a unos símbolos cargados de negra historia. Ahora quieren convertir ese rechazo en delito. Como si el respeto se ganara a base de Código Penal. Restan y siguen.
Deia








