Un anarquista y un nacionalista vasco estrechan sus manos como lo hacían en las cárceles fascistas, donde no existían colores ni banderas, sino unión entre todos los presos para compartir lo poco que llegaba y protestar contra un único enemigo en común: Franco.

LA memoria histórica es esa puerta intrigante que, una vez descubierta de tierra y desvergüenza, te ilustra. En ocasiones, desvela lo impensable. Duele oír declarar al erandioarra José Moreno -a punto de estrenar 92 otoños- que cuando estaban presos hacían sus necesidades “en el plato en el que comíamos”. El franquismo nunca deja de sorprender, para mal.
El nacionalista vasco Moreno, de ELA/STV, junto al anarquista bilbaino Félix Padín compartieron ayer retentiva: esa prodigiosa capacidad para retener los hechos en la memoria.
Sus testimonios lograron parar y abrir las pestañas a decenas de personas que se topaban en Arriaga plaza con una rueda de prensa de la plataforma de asociaciones por la recuperación de la memoria histórica Lau Haizetara Gogoan. La prisa bilbaina de los transeúntes se detenía ayer, como la democracia en 1936.
Con una casta chirene típica del botxo, los dos nonagenarios señalaban con el dedo índice hacia la Ribera. Sin hablar, asentían con sus cabezas, sabiendo que lo que iban a compartir hoy no ocurre. “En la guerra, en las cárceles, todos éramos uno, antifascistas, y por esas calles hacíamos manifestaciones juntos, sin banderas, contra el franquismo”. A día de hoy, sólo el Athletic lo consigue como si de un dogma político se tratase. “¡Ya estamos con el dichoso fútbol!”, protesta el de Zorrotzaurre y aplaude -como lo hace Padín- en que todas las ideologías contrarias al fascismo fueran una. Todas las banderas se cosieron en una, unidas por el enemigo que se llamaba Francisco Franco.
Por ello, Padín y Moreno no dudaron ayer ni un segundo en posar para la foto con las manos dadas, abrazadas. “En la cárcel si entraba algo para uno, lo compartíamos entre todos sin mirar de qué color era su bandera”, coinciden mientras miran a las estrellas del autobús de Izarren Argia, en las que están escritos los nombres de compañeros de todo Euskadi muertos en la Guerra Civil.
Desde Lau Haizetara Gogoan aprovecharon la ocasión para pedir que se cambie esa denominación por “rebelión militar” porque no hubo fuerzas civiles, sino un golpe de estado, el del 18 de julio de 1936, que unió a todos sus enemigos en uno.
Publicado por Noticias de Gipuzkoa-k argitaratua
Lau Haizetara Gogoan, en recuerdo de las víctimas de la rebelión militar de 1936
Nos fijamos o nos quieren hacer fijar la memoria hacia Alemania, Italia, Bosnia, Argentina, Chile…., para desviar la atención sobre lo ocurrido en el Estado Español, señalan.
Se han escrito, filmado, numerosas películas y libros sobre las dictaduras de estos países, incluso se han juzgado a los responsables de los mismos, aunque haya sido de forma parcial. Se han derogado las leyes de punto final dictadas por los gobiernos sudamericanos y aquí en el Estado español, sin embargo, nos dicen que ya está bien de «dar la murga».
Solamente en Euskal Herria, según estimaciones de diferentes historiadores, la represión se cuantifica en 6.000 personas asesinadas, 7.000 muertos en combate, mas las víctimas de bombardeos y los miles que partieron hacia el exilio.
«Izarren argia»
La asociación quiere resaltar el valor que, en cuanto a dar a conocer un capítulo negro de nuestra historia, aporta la película «Izarren argia» (estrellas por alcanzar) y la publicación «No lloréis, lo que tenéis que hacer es no olvidarnos» de María González Gorosarri; pues en aquellos años todo el Estado Español era una cárcel y una tumba, al igual que ahora. Por todo ello Lau Haizetara Gogoan exige verdad, justicia y reparación, incluídas las garantías de no repetición.







