Haber sido no garantiza poder ser

Como comenté en una columna anterior, un compromiso profesional me impidió asistir a la Noche Literaria de las Letras Catalanas que Òmnium Cultural de Sant Cugat organiza cada año a primeros de mayo, pero, sin embargo, he estado al tanto de las cosas que se dijeron que la edición de este 2014, con el Tricentenario y el momento político que vive Cataluña, era muy especial. En este sentido, es muy cierta la reflexión de Muriel Casals, presidenta de Òmnium, al decir que España “no ha tenido nunca la capacidad intelectual de hacernos desaparecer, siempre ha utilizado la fuerza”.

 

Ciertamente, si España hubiera tenido más capacidad intelectual, ahora mismo, sobre nosotros, ya no cantaría ni gallo ni gallina. Pero ha fracasado espectacularmente, porque con la fuerza nunca es suficiente. Hacen falta otras capacidades para la dominación de una colectividad nacional sea exitosa y perdure. De lo contrario, el opresor se ve obligado a ‘bombardearla al menos una vez cada cincuenta años’, como decía el general español Espartero, o reconquistarla por diversas vías cada cuarto de siglo, como demuestra la historia. Y es que estar a la defensiva, como hace Cataluña, no hay duda de que cansa bastante, pero atacar día tras día sin llegar a cuajar, como hace España, debe ser desesperante.

 

Me parece también muy precisa la reflexión del historiador Josep M. Figueres sobre el tema. Figueres nos advierte: “Cataluña es una nación desde antes del siglo XII, pero ser milenaria no es garantía de continuidad, de supervivencia. Hay nación cuando los ciudadanos articulan y toman conciencia de ser grupo y tienen proyectos de futuro”. Completamente de acuerdo. Es bueno tener pasado, es bueno tener historia, pero ninguna libertad pasada garantiza la libertad futura. Haber sido no garantiza poder ser. Somos los catalanes del presente, conscientes de quienes somos y del lugar que queremos ocupar en el mundo, los que tenemos que devolver a Cataluña las libertades que le fueron arrebatadas y situarla con su nombre como nación plenamente libre. Una nación, no me cansaré nunca de repetirlo, no se rige por ningún estatuto. Una nación se rige por una Constitución. Su propia Constitución.

 

Sant Cugat del Vallés