Gracias, muchas gracias, señor Carreras del PP

Debe ser traumático para la caverna ultranacionalista española, integrada en Cataluña por el PP, Ciudadanos y la entidad Sociedad Civil Catalana, el hecho de ver cómo todos sus intentos de asustarnos no sólo se estrellan contra nuestra firmeza y nos provocan una sonrisa, sino que no hacen más que fortalecer las convicciones de quienes las pudieran tener más débiles. El señor Jorge Carreras, portavoz del PP de Sant Cugat, es uno de los que más se esfuerza en el ámbito local para que el independentismo no pare de crecer. De hecho, es en virtud de ello que yo, desde aquí, quisiera pedir que en el primer pleno del Ayuntamiento, después de la independencia, se apruebe dedicarle un monumento en una plaza pública por su infatigable contribución a la libertad de Cataluña.

La última contribución del señor Carreras nos llegaba días atrás en forma de artículo en Cugat.cat, diciendo estas cinco cosas: una, que ni España ni el mundo admiten el derecho de autodeterminación y que la consulta es ilegal; dos, que no puede haber partidos soberanistas, porque la soberanía sólo la tiene el Estado español; tres, que la consulta, sea la que sea, en caso de celebrarse no tendría más valor que el de una vulgar encuesta; cuatro, que no puede haber elecciones plebiscitarias, porque el Parlamento de Cataluña no tiene atribuciones para declarar la independencia; y cinco, que en caso de que el Parlamento, aunque fuera por mayoría absoluta, declarara la independencia, tampoco tendría ningún valor porque no representaría a la mayoría de los catalanes. ¿No lo encuentra fantástico el lector? ¿Todavía resisten los reacios a hacer un monumento al señor Carreras? ¿Qué más tiene que decir? ¿Qué más tiene que hacer, para ganarse nuestro agradecimiento?

Es evidente que todo lo que dice este señor constituye una legitimación de la independencia de Cataluña como necesidad vital, porque ¿quién, con cinco dedos de frente, querría pertenecer a un Estado tan profundamente totalitario como el que él nos muestra? Los dos primeros puntos quedan completamente refutados por el hecho que Canadá y el Reino Unido ya han demostrado que ningún Estado verdaderamente democrático puede impedir el derecho a la autodeterminación de las naciones que lo integran y que por ello han aceptado que quebequenses y escoceses fueran soberanos de sus decisiones. Con relación al tercer punto, hay que preguntarle si no le parece una contradicción que se esfuerce tanto contra una consulta que, según dice, no tiene ningún valor. Y, finalmente, en cuanto a los comentarios de menosprecio que dedica el Parlamento de Cataluña, resultan tan escandalosos, desde un punto de visto democrático, que casi hacen reír.

Es bueno, muy bueno, que todo el planeta conozca esta singular concepción española de la democracia. Si un Parlamento no representa a un pueblo, ¿quién lo representa? Si una mayoría absoluta no significa absolutamente nada, ¿cómo es que el PP lo está haciendo valer para gobernar el Estado? ¿Cómo es que aquí no cuenta su famosa mayoría silenciosa? En fin… Gracias, señor Carreras, por su contribución a definir políticamente ante el mundo la marca España y para mostrar su concepción absolutista de la vida. Si la independencia de un pueblo siempre tiene sentido, la de Cataluña en este siglo XXI, todavía la tiene más. Gracias de verdad.

Cugat.cat