El genocidio se está aplicando en nuestro pueblo,-con extensión al País Valenciano y las Islas- desde hace casi 300 años, con constancia, y con mayor o menor intensidad según las diversas coyunturas. Los autores: los diferentes poderes políticos de España y de Francia. Dejando de lado, por conocidos, los cruciales momentos de la derrota de nuestro Estado en 1714, y la aniquilación por parte del franquismo de todas las instituciones catalanas, tanto las políticas como las culturales, y centrándonos sólo en un presente continuo, observamos como el genocidio es aplicado con los métodos más sutiles y con los más torpes, dependiendo de la ocasión. Esta segunda forma, la chapucera, es la utilizada por el gobierno del Partido Popular, que, sin miramientos, no se ahorra un momento para explicar ante toda Europa que el corredor mediterráneo pasa por Madrid.
¿Qué queremos decir, exactamente, cuando hablamos de genocidio? La Enciclopèdia Catalana nos lo define extensamente. El término compuesto de la raíz de la palabra griega genoz (raza o especie) y del sufijo derivado del latín caedere (matar), “fue acuñado por el jurista judeopolonès Raphael Lemkin en 1944 en su libro ‘Axis Rule in Occupied Europe’. La definición del crimen de genocidio fue legalmente tipificada y es recogida en la Convención sobre la Prevención y la Penalización del Crimen de Genocidio, aprobada por las Naciones Unidas el 9 de diciembre de 1948 y en vigor desde 1951.
Y precisando uno de los sentidos de la palabra dice así: “comprende tanto el asesinato en masa de miembros de un grupo como el sometimiento de éstos a condiciones que imposibiliten en todo o en parte la supervivencia (…)”.
El sentido del término, pues, abarca tanto el sometimiento de un pueblo a otro, al pie de la letra, como el método cruento de aniquilación. Por mala suerte, en este país hemos conocido históricamente todas las aplicaciones del sistema de exterminio. Centrándonos en la actualidad, el genocidio de nuestro pueblo se evidencia en una simple enumeración.
La cultura. Desde los diversos gobiernos (salvando distancias) se nos dice que si en Cataluña existe una cultura propia, ésta o es residual o se incluye dentro de la cultura universal, sin distinciones, pero actúan con tanto miedo que cierran las comunicaciones por televisión de los diversos países catalanes. Se nos retienen a modo de botín de guerra los papeles de Salamanca, que nos pertenecen. Se impulsa la cultura castellana invirtiendo abundantemente en Madrid en museos, centros culturales, grandes auditorios, para convertir la ciudad en paradigma único de lo que llaman España. Y etcétera.
La lengua. El último episodio contra la lengua catalana es decisivo: se ponen trabas a la ley de inmersión lingüística, lo que significa la muerte del catalán, como bien sabemos. Se utiliza la oposición a aceptar el catalán como lengua de la UE, tanto por los diputados españoles como por sus homólogos de Europa. Se intenta aniquilar el catalán en el País Valenciano poniendo trabas al nombre de la lengua. En las Islas, el PP practica la especie de genocidio lingüístico de puro estilo franquista, que llega incluso a reescribir los nombres de lugar a la manera castellana. Maó se ha convertido de nuevo en Mahón. Y no hay que mencionar la Cataluña del Norte. Los franceses son maestros, en imponer la única lengua que merece tal nombre: el francés.
La identidad. Ni siquiera se deja escribir la palabra nación catalana dentro de la Constitución. Han encontrado eufemismos bien ridículos, el más conocido de los cuales es “Nacionalidad”.
Se enseña en las aulas que Cataluña no tiene personalidad propia. Mil cuentos procedentes del imaginario español quieren avalar este dogma identitario, desde explicarnos nuestros siglos medievales incluso llamándonos “condados catalanes”, hasta contemplar el casamiento de Isabel la Católica con Fernando de Aragón como la unión de España.
La economía. El genocidio por expoliación económica es, sin embargo, lo que les ofrece mejores resultados inmediatos. Desde el PP, que ya hemos dicho que utiliza la zafiedad, se atreve a acusar a Cataluña de un exceso de déficit fiscal cuando no se ha cumplido el pacto fiscal hecho por Zapatero y el conseller Castells. Han encerrado en una caja fuerte de La Moncloa los euros comprometidos en ese pacto. Habría que concluir, tal vez, que contra tal genocidio las Naciones Unidas deberían intervenir, siguiendo el acuerdo de 1944. ¡Qué ingenuidad!, pensaremos de inmediato. Pero la ley existe, y nos esclarece los conceptos. Y con el concepto de genocidio en la mano o nos disponemos a desaparecer como pueblo o como sociedad madura empezamos a pensar qué debemos hacer.







