Y es que, una vez venida a menos la acción coercitiva y la sacra tutela de la iglesia, las aguas volvieron a su cauce.
Allá, en los siglos del obscurantismo, bacanales y otras manifestaciones orgiásticas del “populacho”, se sacralizaron o se disfrazaron de carnavales o de fiestas patronales. El espíritu de Dionisos o de Baco se vistió de ceniza, de rosario, de palios y cirios ¡Cuanta parafernalia!
Claro que con el actual ritmo laicista, en pocos lustros, San Roques, San Migueles, Vírgenes y mártires, corren el riesgo de venirse a la gresca, para pillar un hueco en los museos.
Ya está visto, que las honras y honores a estos celestiales patrones, duran hoy día lo que el repique de la misa mayor.
La auténtica ceremonia, está ahí, en la bacanal. Las honras y honores se celebran en el altar del viejo Dionisos, Baco, para los romanos, inspirador de la locura ritual y libertador de los bajos instintos.
Ménades, bacantes, faunos y sátiros atosigan las rúas de nuestras villas con incontenible exaltación etílica.
Son días de “orgía y desenfreno”, deshinibición, de abandono de los modales convencionales y de otros compromisos sociales etc…
Los Exmos. ediles, aconsejan dejar la política a un lado. Incluso los espacios culturales, por si se ponen pelmas, pueden implementarse con el atractivo y la didáctica taurina, o aunque sea vacuna….
Es la impresión, que año tras año, le queda a uno de las visitas familiares de rigor, a esas “fiestas patronales” de nuestros pueblos y aldeas.
No parece, que esta explosión de cogorza cívica, fundamentalmente jovenzana, preocupe a padres y fuerzas vivas… Y es que es eso realmente, lo que políticos y coheteros aventan en sus pregones, cuando nos arengan invitándonos al sano jolgorio: comercio, bebercio y fornicio, (en esto, la táctica del avestruz)
Los carrozas, no vamos a fardar de abstemios, que también le dábamos fino al jarro, que era lo único que te permitía Franco… Pero la ebriedad, era “per accidens”, porque además era pecado y estaba muy mal vista…
Hoy, por el contrario, sin cortapisas ni prevenciones éticas, el coloque o el “agarrarse un ciego”, tan sólo asusta a raros especímenes sectarios o puritanos, bueno…y a cierta élite de jóvenes más comprometidos con la sensatez…
Las manifestaciones culturales, sobre todo en la Euskalherría meridional, son testimoniales, cuando no anodinas o bodrios… -“Que la gente no quiere ni dramas, ni comedias, ni esas danzas amariconadas”- me comentaba un edil muy “salao” y acomodado.
Este año, por cierto, ya habían traído para los jubilados jotas y mejicanas. El anterior, si mal no recuerdo, fueron corridos, por supuesto mejicanos, y jotas.
La juventud -según el munícipe- prefería comidas populares y rokeros, o lo que sea eso… Y la juventud manda; es la que llena calles y bares…
La política encona la fiesta. Burdo sofisma. Son los políticos, concretamente los franquistas y sus aledaños izquierdosos quienes llevan décadas soliviantándonos. Y lo de aledaños izquierdosos no es ninguna bagatela, teniendo en cuenta que la derechona -importa un rábano que esté tan asquerosamente corrupta, como siempre lo estuvo- alarma, para que el PSOE no tarde segundos en sacar a los mamporreros.
Nunca se vio a un PSOE -líbreme Dios de semejante fachonda de izquierda- tan frenético y maderero contra la contestación popular.
Durante décadas, nos obligaron a soportar el himno español hasta en la consagración de la misa mayor. Nos preñaban las calles de banderitas roja y gualda. Nos “procesionaban” con patrióticas -españolísimas- soflamas y marchas militares… Para estos demócratas de toda la vida, eso no era política. Nunca se preguntaron que pensábamos o deseábamos los vascos.
Una fiesta democrática debe ser ante todo un espacio donde el pueblo de escape, eso sí, pacífica y cívicamente, a todos los aspectos de la libre expresión. Ninguna ley, ni “autoridad”, esta legitimada, a la luz de los derechos humanos, para limitar esa necesidad sana y decente.
La crítica y contestación a la labor o chanchullos de los políticos, simples administradores de la voluntad de los ciudadanos, es un saludable ejercicio que deberá soportar todo político. Y bien considerado, sería un valor añadido a la fiesta, no un hecho a reprimir.
Algo mucho más enriquecedor y divertido que el abotargamiento etílico de la movida festiva. Algo que a una sociedad mejor estructurada, más humana y cívica, debiera preocupar en serio. La apoteosis del alcohol, es una pasada bien preocupante.
Y sepan ustedes, ¡vergüenza de turiferarios de la gobernanza!, que sus mejunjes políticos son la causa de este mundo tan perverso y maloliente. Y sepan ustedes, que solo cuando el pueblo colme calles y plazas y les saque a gritos y latigazos de sus parlamentos, esto tendrá algún viso de arreglo.
Mientras tanto, ustedes sigan fomentando la incultura, la gran bacanal que abotargue y amodorre al contribuyente, el silencio y la represión del contestatario…
Nada de cultura, ni raíces, ni política… Alcohol con la omnipotente presencia de la imperial coca-cola. Hierbas y sexo de alienación y alucine para el consumo.
– Que las fiestas con problemas no son fiestas… Si los tienes, los aparcas…
– ¿Cargándote como un botijo? -le argumentaba- ¿No hay otros recursos, más humanos, más razonables?
– No te me pongas filósofo que estamos en fiestas… -filosofía de concejal-.
Eso es, no reflexionar, no politizar, no culturizar… Panen et circenses. Al fin y al cabo no hemos avanzado tanto.
Y es que decididamente a nuestros gobernantes no les interesa que el pueblo se divierta con la estética de la cultura, del diálogo, de una manifestación sea crítica o satírica, de las recreaciones autóctonas…
Puedo entender lo del comamos y bebamos… o el espíritu del Carmina Burana, incluso el “carpe diem”, pero no compartir. Al menos, mientras nuestro escandaloso desmadre, sea tan irrespetuoso e insolidario, con la miseria y las carencias de nuestro mundo tan sufriente y desquiciado. No es ni misticismo ni gazmoñería. Tan solo pura justicia.









