Estrategia

Qué hace a un sujeto ser uno y el mismo, qué le da identidad al pueblo, qué diferencia un discurso político de uno económico. Michel Foucault pasó su vida perfilando preguntas sin interioridad, tallando respuestas sin exterioridad. Este filósofo francés que nos dejó hace ahora tres décadas analizó sin escrúpulos cómo se crea el sentido del discurso y las condiciones de posibilidad  del poder. Lo que da identidad al discurso (al sujeto, al pueblo) se teje mediante un conjunto de estrategias, dijo. No es una esencia la que da identidad al sujeto, ni el origen lo que da identidad al pueblo o al discurso. Todo es cuestión de estrategia. Las estrategias, decía Foucault en la Arqueología del Saber, deben ser descritas como maneras sistemáticamente diferentes de tratar objetos de discurso (delimitarlos, encadenarlos, hacerlos derivar unos de otros), de disponer formas de enunciación  (de elegirlas, constituir series, componerlas en grandes unidades retóricas), y de manipular conceptos (de darles reglas de utilización, de hacerlos entrar en coherencias regionales y de constituir así arquitecturas conceptuales).

La estrategia no es por tanto un elemento de segundo orden que vendría a adherirse a una esencia discursiva, como si la estrategia pudiera existir fuera del discurso.  Para Foucault no hay un discurso ideal, último e intemporal, al que elecciones de origen extrínseco habrían pervertido, atropellado, reprimido “no se debe suponer, por ejemplo, que haya por naturaleza o sobre la economía de los discursos superpuestos y entrerrenglonados un discurso verdadero […] ; el otro, siempre arruinado, siempre recomenzado, en perpetua ruptura consigo mismo” (ibid). Es decir, no hay una economía del intercambio y de la utilidad que haya sido verdadera sin las preferencias y las ilusiones de una burguesía comerciante, dice como ejemplo.

De aquí se infieren dos consecuencias y una pregunta. La primera es que si son las estrategias las que crean la racionalidad discursiva, entonces son las estrategias las que crean a Dios, a la Naturaleza y a la Razón.

Segundo, si la verdad y la racionalidad objetiva no existen al margen de las estrategias, entonces el sentido correcto de las cosas es el sentido común y el sentido común es el sentido de las estrategias ganadoras.

Por último, la pregunta, si no hay una racionalidad discursiva independiente de nuestras estrategias ¿Se puede saber qué hace la izquierda rebozándose de racionalidad derechista?

Familia y matrimonio, lo que siempre ha sido un aparato de represión y contención para la mujer convertido ahora en libre deseo. De la mano del amor romántico, nos acompaña una defensa izquierdosa de maternidad privatizada, es decir, quiero muchísimo a  mis hijos e hijas.

No porque sean hijos o hijas. Sino porque son los míos.

Una perfecta estrategia anti-capitalista y anti-patriarcal, damas y caballeros, igual que llamar “crisis económica” a la práctica política neoliberal o invitar al pueblo a que se defienda cantando delante de las instituciones que lo arruinan, invitarle a tener fructíferos soliloquios, a desnudarse o a perder la cabeza en alegre harmonía, siempre y cuando, en nombre de los derechos universales, no usen la violencia para defender su dignidad, principio este aplicado universalmente, es decir, a todos los y las pobres del mundo.

Nos quieren bailando la injusticia, alabando el respeto, la convivencia, el orden y la paz, todo a ritmo de ese gran coro multicultural, multinacional, multilingüe del Banco Central Europeo.

Aunque parezca mentira, nos raptan el presente, el futuro y la existencia a diario, porque nos han robado el discurso y la racionalidad. Nos han mangado la verdad.

Si la existencia es cruda sin recursos ni reconocimiento, imagináosla sin estrategia.

NAIZ