Según el filósofo británico John Gray, especialista en teoría política y en historia del pensamiento europeo, y hombre de ideas muy lúcidas, esta organización o movimiento que se llamaba Estado Islámico de Irak y Siria, y ahora, simplemente, Estado Islámico se parece más a los estados totalitarios del siglo XX que a ningún tipo de gobierno o dominio tradicional.
El Estado Islámico (EI), afirma el profesor Gray, proclama que quiere restaurar un tipo originario de Islam, y esto hace que lo veamos como un intento de conseguir un retorno a los valores medievales. Esto pensamos, sin duda, cuando contemplamos a su líder, Abu Bakr Al-Baghdadi, anunciar la creación de un califato, es decir, un Estado dirigido por un jefe supremo religioso; aún más, cuando vemos el salvajismo horrible con que la represión yihadista trata a todo el mundo que no concuerda con su doctrina, sean musulmanes chiíes, cristianos o cualquier otro grupo que consideran hereje, infiel, réprobo, apóstata o, simplemente, demasiado tibio. Y sin embargo, esta práctica obsesiva, que destruye no sólo iglesias, sino también mezquitas antiguas y santuarios musulmanes no sunnitas, en realidad arrasa toda una herencia de tradición islámica de una convivencia que ha durado más de mil años.
El islam de los califatos medievales gloriosos no era, ciertamente, lo que ahora pretende imponer este EI entre Damasco y Bagdad. Este islam, este EI, es una novedad moderna. Criminalmente moderna. Desde las finanzas abundantes y bien organizadas hasta la publicidad y propaganda. La EI, antes ISIS, hace un uso extremadamente eficaz de Internet, tanto para el reclutamiento y la predicación de la doctrina como para la difusión intencionada de la brutalidad con que trata a los que considera enemigos. Difundir escenas de asesinatos masivos, de degollaciones y de cabezas cortadas no es una simple exhibición impulsiva de salvajismo y crueldad: es una forma muy meditada de proyectar el terror, de mostrar qué espera los que se atreven a resistir a la aplicación de esta interpretación extrema del islam. Y no hay nada de medieval en esta mezcla de salvajismo bien divulgado y de crimen organizado: la EI, con la pretensión de construir una sociedad nueva desde los cimientos, tiene mucho más de común con los movimientos revolucionarios modernos. “Aunque al-Baghdadi invoque constantemente la historia primitiva del Islam”, recuerda John Gray; “La sociedad que proyecta no tiene ningún precedente en la historia. Se parece mucho más al Estado imposible de armonía utópica que los revolucionarios occidentales han proyectado hacia el futuro”.
La idea de que la sociedad puede ser limpiada y rehecha de arriba abajo por una vanguardia revolucionaria empleando la violencia sistemática no es un principio del Islam histórico, sino de los jacobinos franceses, los bolcheviques de Lenin, los nazis, los jemeres rojos o de los maoístas de la Revolución Cultural. Hay quien sigue pensando que el petróleo fue la única o la última causa debido a la guerra de Irak, y ciertamente, los cálculos geopolíticos tuvieron un papel, pero la ideología tuvo en ello un peso determinante: la creencia de que la modernidad implica una forma única y universal de gobierno, la de las democracias occidentales. Y que, derribada la tiranía de Saddam, que era, ciertamente, un tirano y un asesino de masas, Irak y luego Siria y todo el Oriente Medio, y todo el mundo árabe, seguirían este camino inevitable. Era una fantasía, era un error histórico, y ha tenido unas consecuencias fatales. El mundo presente, el mundo moderno o contemporáneo, no por va un único camino: China es una muestra de ello, y la expansión del islamismo político es otra. “Con sus ambiciones ilusorias”, concluye John Gray, “ISIS ilustra un aspecto más oscuro del mundo moderno: la práctica de usar el terror y la violencia en un intento de conseguir objetivos imposibles”. Y así, con sus políticas de cambios de régimen, los gobiernos occidentales han seguido una visión ideológica que deja fuera la parte oscura del mundo contemporáneo. Y al hacer esto, han desatado, sin querer, una versión muy fea del salvajismo moderno.
Cualquiera que sea el futuro inmediato o próximo de este autoproclamado califato del EI, las fuerzas que encarna no se desvanecerán pronto. ISIS, o la EI, afirma el filósofo británico, “es una parte de la agitación revolucionaria de los tiempos modernos, y hasta que no entendamos este hecho tan incómodo, no seremos capaces de tratar con los peligros que afrontamos”. Y si es así -yo creo que sí–, significa que casi todo el mundo, especialmente en Europa, es corto de vista, un ignorante o anda errado.
Joan Francesc Mira
EL TEMPS








